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Uno
de los libros más esperados de la temporada es "Los aires
difíciles" (Tusquets, 2002), la quinta novela de Almudena
Grandes. "Los aires difíciles", tiene el aliento
de las grandes novelas inolvidables, el vigor arrollador de las historias
que creíamos ya desaparecidas, la renovada confianza en que
la estructura y el ritmo narrativos arrastran e iluminan al lector
mientras se adentra en el laberinto de las pasiones humanas en conflicto.
Juan Olmedo y Sara Gómez son dos extraños que se instalan
a principios de agosto en una urbanización de la costa gaditana
dispuestos a reiniciar sus vidas. Pronto sabemos que ambos arrastran
un pasado bien diferente en Madrid. Sin buscarlo, "abocados a
convivir como los únicos supervivientes de un naufragio",
intercambiarán confidencias y camaraderías gracias a
la inesperada complicidad que propicia compartir una asistenta, Maribel,
y el cuidado de los niños. Sara, hija de padres menesterosos,
que vivió una "singular infancia de vida prestada"
con su madrina en el barrio de Salamanca, sufre el estigma de quien
lo tuvo todo y luego lo perdió. Juan Olmedo, por su parte,
huye de otras injusticias: la de una tragedia familiar y un amor secreto
y torturante, que han estado a punto de arruinar su vida. Como el
poniente y el levante, esos aires difíciles que soplan bonancibles
o borrascosos en la costa atlántica, sus existencias parecen
agitarse al dictado de un destino inhóspito, pero ellos afirman
su voluntad férrea de encauzarlos a su favor.
