| ¿Cómo
llegaste del título de trabajo de la novela, La mujer
zombie, al definitivo, El pasado?
La mujer zombie me sirvió mucho para concentrarme
en la idea de que el personaje de Sofía era un
poco una muerta viva, para darle un carácter espectral,
como de fantasma. Pero luego me pareció que la
palabra zombie aludía demasiado a una cierta cultura
pop-trash que a mi no me interesaba en ese momento, cuando
yo pensaba en la zombie tenía en la cabeza una
película de Jack Tourneur llamada I walked with
the zombie que transcurre en Haití y cuyo tema
es el budú, eso más que a George Romero
y La noche de los muertos vivientes. Así que me
pareció que no iba por ahí la novela. Pasé
a otro título, Ex, que al momento me gustó
mucho, me pareció como un logotipo, muy breve,
universal, y que no sólo aludía a la condición
de ex marido o ex mujer sino a "arrancado de",
"separado de", cosas que me parecían
muy importantes en la novela. Pero cuando revisaba la
novela me pareció que la lectura dominante iba
a ser la de ex mujer y ex marido, y yo sentía que
la novela no hablaba sólo de eso. Así que
empecé a creer que debía tener un título
hospitalario, que el título debía ser como
un lugar. Hasta que un día apareció El pasado
y me dije: "no hay otro título para esta novela".
El pasado es un lugar, es un título aparentemente
hospitalario, y también me gustaba mucho imaginarlo
en boca de una persona cuando va a comprar el libro o
cuando habla de él con otra persona, me gustaba
mucho esto de: "¿Tiene El pasado de Alan Pauls?"
o "Leíste El pasado de Alan Pauls?".
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He leído algunas críticas
hechas por ti hacia lo que llamas "literatura profesional"
o "perez-revertización" de los jóvenes
escritores, imagino que no querrás dar más
nombres pero ¿te gustaría explicar un poco
ese fenómeno?
Creo nunca haber utilizado eso de "perez-revertización",
pero bueno es mucho más importante esta cuestión
de la "literatura profesional". Mira, la calidad
me parece que es la peor noción que uno puede manejar
para evaluar el arte. La calidad es hoy un producto industrial,
casi todo lo que se ve en el mercado de bienes culturales
tiene una cierta calidad, es muy difícil hoy ver
una película que no cumpla ciertos requisitos o
un libro publicado que no tenga una forma, un cierto aspecto,
que no cumpla unos mínimos. Así que esta
no puede ser una meta a alcanzar por los artistas, hay
que buscar formas de romper esa calidad promedio, porque
el problema es que lo vuelve todo muy uniforme, muy parecido
entre sí, y entonces uno lee una novela y dice:
"sí, no está mal" y luego coge
una novela de otro autor de otro país y lo mismo:
"bueno, sí, no está mal". Es como
el triunfo de la medianía. Y eso a mí me
resulta desolador. Lo que me interesa son esas obras que
me hacen preguntarme: "Pero ¿esto es realmente
arte?, ¿esto es una novela o qué es?".
Prefiero el desconcierto, la perplejidad, la incomodidad.
En El pasado, hay dos cosas que me llamaron
mucho la atención. Primero el uso del nombre, más
bien el apellido del personaje y el hecho de que todo
el mundo lo llamara por el apellido ¿Cuál
era tu intención?
Rímini es la ciudad italiana donde nació
Fellini, aunque eso no tiene ninguna importancia para
la novela. La verdad que me resultaba muy difícil
nombrar al personaje con un nombre. Y me parecía
que Rímini tenía algo interesante, y es
que era un apellido que podía sonar como un nombre.
Para mí nombrar en las novelas es una experiencia
espantosa, nunca quedo satisfecho. Así que me pareció
que podía inventar este sistema en donde el protagonista
fuese nombrado por su apellido y todos los demás
sí poseyeran un nombre, lo que armaba como una
especie de sistema planetario, de centro y satélites.
Además me interesaba el tipo de distancia que se
establece entre dos personas muy cercanas al llamarse
por el apellido, una especie de "usted intimo"
que posee algo arcaizante.
Segundo, me sorprendió mucho la
impavidez con que Rímini se enfrenta a su vida,
la que ve como una seguidilla de pequeñas catástrofes
todas producida por Sofía pero el tipo está
todo el tiempo como diciéndose: "Aquí
no pasó nada", eso frente a Sofía que
tiene esta idea del amor y la vida grandilocuente y en
mayúsculas
Lo que pasa es que Rímini tiene la política
del olvido, ha decidido que lo único que lo puede
salvar es el olvido. Mientras que Sofía es una
militante de la memoria. La novela es un poco la historia
de esa batalla. Y Rímini para mí tiene todas
las marcas del héroe de la novela del siglo XX:
esa impavidez, la catástrofe que lo marca, la impotencia,
es constantemente arriado por otros, es una especie de
genio idiota o cabeza impotente. El tipo lo único
que puede hacer es patear la pelota y seguir corriendo
hacia delante, entendiendo la fuga hacia adelante como
el equivalente del olvido. Y Sofía la única
política que reivindica es la política de
la memoria, como en sus reuniones de grupo de las mujeres
que aman demasiado les dice que los hombres les hacen
hijos a las mujeres para anclarlas, entonces las mujeres
tienen que hacerles recuerdos a los hombres. Si logran
que recuerden los van a tener con ellas. Lo que me interesaba
a mi de Sofía y este grupo de mujeres es que ahí
detrás hay una forma de entender el amor, por delirante
que sea. Siempre que un delirio constituye una teoría,
por letal que sea, a mí me empieza a interesar.
A propósito de esta especie de
"revalorización de lo argentino" que
vive España de un tiempo a esta parte, Rodrigo
Fresán me decía que se explicaba por una
suerte de "nostalgia de las colonias" que lleva
a los españoles a escoger de tanto en tanto un
país del que enamorarse ¿qué opinas?
Puede ser enamorarse o quizá redescubrir, algo
así como el reflejo del descubrimiento de América,
una especie de "compulsión Colón"
que 500 años después aparece cíclicamente.
Creo que es evidente que a España le gusta descubrir.
Además también es cierto que la literatura,
por una cuestión de mercado, necesita todo el tiempo
objetos nuevos, producir cierta ilusión de novedad.
Y eso es totalmente rotativo, ahora le toca a la Argentina,
antes fue México, posiblemente venga después
Colombia y así.
Por último, ¿a qué
autores en activo te sientes cercano? ¿Qué
escritores te interesan?
Me interesa mucho Mario Bellatín. También
un escritor argentino joven que se llama Juan José
Becerra que va a publicar ahora en Buenos Aires su tercera
novela. Me gusta mucho lo que hace Rodrigo Fresán.
Me entusiasma bastante Vila-Matas, me parece que encontró
una vía muy interesante para pensar el problema
entre literatura y autobiografía. Creo que con
ese grupo me siento muy acompañado.
Diego Salazar
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