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Quince años de cómics Vertigo
Dos décadas del mejor comic estadounidense: Sandman, Swamp Thing, Hellblazer...
El sello Vertigo, una referencia del cómic mundial
Los estadounidenses, tan proclives a calendarizar todo en aras del marketing, clasifican la historia del cómic –invento suyo- en cuatro edades: Clásica, de Oro, de Plata y de Bronce. Cada una de ellas, claro, con sus particularidades; y, una de la última de ellas, fue la aparición del sello Vertigo.
Vertigo es un sello editorial de DC Comics, la "casa" de superhéroes como Superman, Batman o la Liga de la Justicia. A finales de los 80 del siglo pasado, y al rebufo de los grandes crossovers de las editoriales mainstream, DC miró hacia este lado del Atlántico y descubrió en el Reino Unido a toda una cantera de autores que llevaban años seduciendo a los lectores de las islas en revistas de papel de periódico con historias cuanto menos distintas a las que los lectores americanos estaban acostumbrados. Alan Moore, Grant Morrison o Dave Gibbons cambiaron las pesadillas apocalípticas teñidas de erotismo en las que se adivinaban críticas al tatcherismo, por aventuras de personajes lastrados por décadas de continuidad a los que la llegada de aire fresco lo peor que podía hacerles era cancelar unas series mensuales que, aún sin ellos, serían canceladas igual por sus pésimas ventas.
Por eso, cuando Moore desembarcó en los USA y se encargó de una –por entonces- languidecente creación de Len Wein y Bernie Wrightson, un deshecho vegetal llamado La cosa del pantano, los niveles de calidad y de ventas alcanzados sorprendieron a todos y, los primeros de ellos, a sus editores. Con esas historias pretendidamente feas de terror victoriano en los pantanos de Louisiana, DC se dio cuenta de que los lectores no sólo querían intrincados culebrones superheróicos, sino que también podrían comprar otras cosas más arriesgadas –arriesgadas en un panorama editorial que edita bajo autocensura. Lo que hizo DC fue, simplemente, demostrar y recordar que aquellos tebeos de terror de los cincuenta de EC que el senador McCarthy había quemado seguían vivos en el recuerdo –y los gustos- de los lectores.
Abriendo el mercado
Así, espoleados y maravillados, DC se puso manos a la obra. Al éxito de La cosa del pantano sucedió el de Hellblazer, Sandman o Moonshadow. En 1993, Karen Bergen y y DC fundaron oficialmente el nuevo sello, con la intención de atraer no sólo lectores en busca de algo más si no autores distintos, que quisieran publicar cómics de temática "adulta" (violencia presentada de forma más realista que en otros tebeos, uso de drogas, terror, sexo) sin preocuparse de la censura de la industria. Para ello, el mejor reclamo: la cesión de los derechos de autor, una iniciativa desconocida en el comic mainstream estadounidense, donde ni siquiera los creadores de los personajes obtenían royalties de las ventas. Así, han pasado por Vertigo todos los autores importantes del cómic USA de los últimos veinte años: Alan Moore, Neil Gaiman, Mark Millar, Brian K Vaughan, Brian Azzarello, Gilbert Hernández, Harvey Pekar, Paul Pope, Matt Wagner o Ed Brubaker son el mejor ejemplo del talento atesorado en las páginas del sello.
Creadores a los que no se les puso traba alguna a la hora de dar vida a sus historias. Aunque en un principio muchas de las series de Vertigo estaban enclavadas en el Universo DC (Hellblazer, La cosa del pantano, Doom Patrol, Animal Man, Los libros de la magia, Sandman), poco a poco fueron desconectados de la continuidad de la editorial, dejando a los superheroes a un lado y manteniendo a los personajes del sello fuera del "día a día" del resto de la editorial, al margen de mega-eventos como Hora Cero o La Guerra de los Dioses. La línea tenía entidad propia, tanta que, de no pertenecer a DC, hubiera sido la tercera editorial en ventas y títulos del país, tras Marvel y DC. Vertigo se convirtió también, en esos años, en una fuente de ideas y conceptos no sólo para el arte secuencial, sino también para la industria: principalmente, por el éxito de ventas de formatos desconocidos hasta entonces como los recopilatorios –trade paperbacks- y la edición más lujosa de historias –novelas gráficas. Hoy, por ejemplo, años después de su fin, Sandman se sigue vendiendo por decenas de miles de ejemplares, siendo reeditado constantemente, en un éxito que se ha reproducido en todo el mundo. De hecho, series como Transmetropolitan ,que no vendían lo suficiente mes a mes (la cadencia más común de las series de cómic) fueron mantenidas durante años por su éxito en esa otra línea de mercado que los recopilatorios abrieron: las librerías generalistas.
Hoy, quince años después de la creación del sello y veinte de la publicación de Lección de anatomía, el debut de Alan Moore en la serie de La cosa del pantano que abrió la caja de Pandora, los comics de Vertigo gozan de excelente salud en todos los países en que son publicados. En España, la edición corre a cargo de Planeta De Agostini, lo que ha asegurado la distribución de los tebeos no sólo en librerías sino también en el canal más importante para la captación de nuevos lectores: los quioscos. PdA no sólo está editando, desde sus comienzos, las series más señeras (Hellblazer, Sandman o Transmetropolitan) si no también las últimas joyas (Los leones de Bagdad, Loveless o 100 balas) de una editorial que ha marcado un antes y un después en el comic mundial.
Clemente Corona.
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