NOTICIAS :: Nunca estuve en la Luna | Enamoramiento feroz | Sin palabras! San Valentín

 
 

La página oficial en castellano de la dibujante argentina:
Maitena es un espejo de la realidad. Hombres y mujeres se miran en sus historias buscando conocerse mejor: y no hay nada como el humor de nuestra autora para disfrutar aprendiendo. Por fin, todo el mundo de Maitena en la Red.

SÓLO EN SU PÁGINA ENCONTRARÁS:

PREGUNTAS Y RESPUESTAS
Así piensa nuestra autora sobre lo divino y lo humano.
BIOGRAFÍA
Todas las fechas de su vida y el texto "Nunca estuve en la Luna".
FOTOS
Maitena sale más guapa que nunca en estas fotos de su álbum personal.
DIBUJOS
Un repaso a la evolución de Maitena como dibujante, desde sus primeros bocetos hasta los dibujos más recientes.
LIBROS
Portadas, prólogos e historietas de todos sus libros.
OTROS PAÍSES, OTROS IDIOMAS
Un vistazo a las páginas de nuestra autora en la prensa mundial
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QUINO
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El Foro de FNAC Callao reunió el pasado día 16 de octubre a dos de nuestras autoras. Rosa Montero y Maitena conversaron sobre el quinto volumen de "Mujeres alteradas" ante una audiencia que más que público fue "barra brava". La maternidad, la censura, la cercanía de las historias que nos cuenta Maitena: todo quedó reflejado durante una charla cuyas protagonistas están pasando por un "enamoramiento feroz".

Para Rosa Montero, "Las historias de Maitena son como los sueños de nuestra parte más inteligente, aquella que nos susurra a la oreja. Leer a Maitena es una auténtica experiencia. Sus viñetas son como un espejo de la vida cotidiana, pero hay algo más, lo que hace de ella una artista de genio: te hace pensar, y esa es la finalidad del arte. Todo arte es un intento de entender cómo somos, y Maitena es una artista en el sentido más profundo y absoluto de la palabra".

La charla entre Maitena y Rosa Montero:

Rosa Montero: ¿Es éste el más profundo y melancólico de tus libros? Se aprecia también más trabajo, tu dibujo es estupendo...
Maitena: Es diferente a los otros libros y mejor dibujado, es cierto. Es el que más esfuerzo me costó. En general hago una página semanal, dibujo bastante rápido. En otras épocas de mi vida incluso lo he hecho un poco intoxicada, no siempre he trabajado en los mejores estados. Este libro, que tiene que ver con una etapa de mi vida muy buena, tardé mucho tiempo en hacerlo, más de tres años, y lo dibujé muy bien. Todavía me falta mucho para aprender a dibujar, pero creo que es muy diferente a los otros libros: éste tiene otro trabajo y ha supuesto un crecimiento enorme. Pero no sé si el libro es más melancólico. Me cuesta entender qué es la melancolía: para mí la melancolía es un uruguo, algo difícil de explicar. Puede que haya un uruguayo en mí, porque viví mucho tiempo allí.

RM: La melancolía es la percepción de la fugacidad de las cosas. La percepción de la belleza sin perder de vista en ningún momento que se acaba, que todo termina. Esa sería la definición de la melancolía, creo yo...
M: Una linda definición. Puede ser, en ese sentido entonces soy melancólica. Como todos los humoristas, soy una persona muy dramática, pero creo que este libro tiene temas tocados más profundamente. Esto tiene que ver con que a veces, hay temas que toco todos los años, porque yo trabajo para una revista. Por ejemplo, el día de la madre. Lo hice el primer año, y fue algo divertido; después del quinto o sexto año, el tema te pone en otro lugar y le das otra vuelta. Y en este libro me animé a decir cosas a las que antes no me animaba, como hablar mal de las madres, que las hay buenas y malas. Y eso es algo que creo tiene todo el libro: una mirada tal vez menos superficial que en otros libros.

RM: Me ha hecho gracia lo de hablar mal de las madres. ¿Hasta qué punto usas cosas de tu vida cotidiana?
M: Todo el tiempo. A veces, cuando hago notas o hablo de cosas personales, tengo amigos y familiares que me preguntan qué necesidad tengo de hablar de ello... Siempre estoy hablando de mis cosas. Cualquier persona más o menos aguda se da cuenta de que estoy siempre contando mi vida. No me parece tan absurdo contar cosas que me ubican. Todo lo que me pasa tiene que ver con lo que hago, pero eso no quiere decir que sea auto-referencial: no cuento lo que me pasa a mí, pero cuando hay un tema que me toca y me da vueltas, pienso en ello y en qué le pasa con ese tema a la gente que conozco.

RM: ¿Y hay temas que no has podido tocar todavía, porque te hayas sentido demasiado desnuda, o te duelan, o que no entiendes ?
M: No, en general nunca tuve autocensura. A menudo me preguntan si por trabajar en Buenos Aires en una revista femenina bastante tradicionalista, dejo de hablar de algunos temas. Y la verdad es que no, me siento muy cómoda hablando de lo que hablo. Y hay asuntos sobre los que no hablo -el aborto, los desaparecidos- porque no me nacen, no porque me los censuren y no los publiquen. A veces, hay gente que me dice "nunca hablas de tal cosa": en una ocasión, un señor se me acercó y me dijo que nunca había hablado del estreñimiento femenino. Gran observación la de este señor. Y me di cuenta de que no había hablado porque no lo sufro, pero mis hermanas sí. Desconozco los pequeños detalles para poder contarlo. Pero el tipo me dijo "yo me casé tres veces, y las tres eran estreñidas, y las cosas que me pasaron. Ese es un tema muy de la mujer, y nunca hablaste de ello". Así que traté de hacer una historieta, y me quedó una cagada. No conozco el tema, si alguien sabe algo...

RM: ¿Te escriben los fans dándote ideas? ¿Cómo es tu relación con ellos?
M: Pasa algo raro con mi trabajo. Más que dándome temas, a veces me ponen en un lugar en el que yo no quisiera estar, que es el de sociólogo-psicólogo. A veces me hacen preguntas raras en las entrevistas: preguntas que no pudieron contestar ni Freud ni Lacan. Como por ejemplo, "¿qué quiere la mujer?" ¿La mujer de quién? O me escriben, y me cuentan sus problemas personales como un consultorio sentimental. En general me escriben y me cuentan sus cosas, y me parece bueno que haya algo de intimidad. Cuando se acercan, y me cuentan cosas privadas, me da mucha ternura...

RM: ¿Como es tu mecánica de trabajo?
M: Escribo el guión y después lo dibujo. Cada historieta es un tema, no tengo personajes. Tomo ese tema, pienso de qué lado lo tomo (eso se me da con el título) y después busco cuatro, seis u ocho cosas sobre el tema (necesito que sea par), saco la cosa que me parezca menos relevante y voy dejando seis, o dejo dos; en definitiva, hago un poco de síntesis. Pero sí me ha pasado ponerme a pensar algo para escribir y terminar escribiendo cosas que yo no sabía que sabía. Eso es algo muy gratificante.

RM: Tu acercamiento a la cotidianeidad me recuerda un poco a Woody Allen. De algún modo, tu obra es como un espejo existencial...
M: Bueno, la verdad es que me gusta mucho retratar mujeres de todas las edades. No me siento parte del fenómeno Bridget Jones, con quien a veces me comparan. Puede haber Bridgets en mi trabajo, pero hay mujeres de muchas edades. Me gustan mucho las adolescentes y me gustan mucho las viejas. No hay tantas viejas en "Mujeres alteradas", pero sí en el diario La Nación, donde publico todos los días. Me gusta muchísimo el personaje de la gente grande: te pueden decir cualquier barbaridad. Y me gustan esas mujeres opinando del mundo, de las mujeres o de la familia desde ese lugar. Y a veces me encuentro con señoras en la calle que me dicen "¿Pero cómo puede ser que vos sepás eso si no sos vieja?"

RM: ¿Piensas en el futuro, tienes proyectos de futuro?
M: Desde hace poco tiempo, sí, desde que estoy muy enamorada.

RM: ¿Y en qué piensas?
M: En que no tengo ganas de morirme, y me preocupa pensar que me voy a morir. No es que antes me planteara "voy a morir mañana", pero llevaba una vida mucho más al límite y no medía riesgos. No pensaba en eso. Y ahora sí, hasta si tomo un avión pienso "¡Ay!... Mejor me voy con la bebé y morimos todos juntos". Ése es el pensamiento más dramático. Pero también pienso que me quedan treinta o cuarenta años de vida, y no me los quiero pasar trabajando. Me gustaría hacer las cosas que me gustan: dibujar y escribir. Pero no publicar en revistas, entregando semanalmente mi trabajo.

RM: Te gusta dibujar y escribir, pero no tener una fecha fija...
M: Trabajar es lo que no me gusta, dibujar y escribir sí.

RM: ¿Te gustaría escribir narrativa, por ejemplo?
M: No sé qué me gustaría escribir, pero disfruto escribiendo.

RM: ¿Más que dibujando?
M: Son muy difíciles las dos cosas. Yo no hago bien ninguna de las dos, pero me defiendo más o menos con las dos, y juntas funcionan. Si me dedicara a una sola, sería a la que mejor me sale. Y no sé cual me sale mejor. Me cuesta mucho tiempo dibujar, es un trabajo muy solitario.

RM: ¿Y dibujas, además de tus tiras, otras cosas para ti?
M: No. Yo no me considero una artista, sino una gran trabajadora que ha aprendido su oficio muy bien. No soy una persona que si no dibujara se moriría, o que necesito dibujar... Podría dejar de dibujar y dedicarme a cocinar, y la pasaría fantástico.

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