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01 A self-baring strip (En inglés)
02 El reposo de la guerrera
03 Un audaz análisis de los sexos
04 La paz de Maitena
05 Maitena se rie de las mujeres
06 Retrato de Maitena Burundarena
07 Lo que pìensan las mujeres
08 A querer que se acaba el mundo
09 Al borde de un ataque de risa
10 Humor con lápiz de mina
11 Los humores de Maitena
12 Maitena se puso seria
13 Ping Pong
14 Preguntas frecuentes
15 Psicoanalista a domicilio
16 Irónico y crítico
17 Maitena bien pintada
18 Maitena muchacha punk
19 Me rio de lo que lloramos las mujeres
20 Me vuelvo cada día más loca
21 Mis dibujantes de comic preferidos
22 Periquita hace lo que quiere
23 Retratista de las mujeres de hoy
24 Soy una rea bastante mejorada
25 Superada
26 Una mujer alterada

Retrato. Maitena Burundarena cumplió un viejo sueño: tiene una vida con vista al mar y disfruta del tiempo que compró con el éxito de sus dibujos. Tan ácida como siempre, repasa su obra y jura que hoy está en paz consigo misma.

El mar sorprende detrás del cerco de madera, la contraseña para ubicar la casa en ese pueblito mínimo de la costa uruguaya. Las olas lucen apenas amenazantes hoy que el día se descubrió nublado y frío. Las piedras y la bruma, la playa desierta de septiembre se parecen a las de Cuentos de Almejas, la historieta de Intervalo sobre una ficticia población marina.
Caminó bien temprano los 10 kilómetros diarios hacia el sur, donde la costa se abre como una línea sin interrupciones y desaparece en el horizonte virgen. Desde la casa, escondida entre las cortaderas y las dunas, enormes ventanales dominan el paisaje que ayer había dado función de ballenas, hoy el de un lobito solitario jugando entre las olas y algunas noches, el espectáculo atemorizante de la tormenta y el viento.
Ella hace lo que siempre hace y nunca se cansa de hacer: enciende el fuego, pone música, agarra algún libro y disfruta de esa pantalla fenomenal, ese mirador de doble vidrio hacia el tramo feliz que le está tocando vivir a la mitad de los cuarenta. Y si protege el nombre del lugar como si fuera la identidad de un testigo en peligro es porque a sus pocos vecinos los apesadumbra la creciente invasión forastera que llega hasta las calles de tierra preguntando por la ciudadana ilustre.
Maitena Burundarena se ha retirado a vivir aquí. Largó todo en el momento de mayor fama y prestigio: traducida, publicada en revistas y diarios de treinta países, sus libros editados como best seller, está chocha con esta vida de retiro que hace ahora. Negra remera con inscripción, pantalón cargo negro y negras las zapatillas, luce delgadísima. Perdió unos kilos en el trance de evitar el alcohol. El pelo más corto, tan desordenado y platinado como desde que la conocemos. “Siempre tuve un look muchachito que ahora estoy forzando hasta sus límites: me visto como un chico gay de 22 años. Me compro ropa en las casa para ellos que ¡además son baratas! ¿Qué voy a ir a gastar en Prada? ¡Te arrancan la cabeza y parezco de 70 años!”

Comparte el refugio con Daniel Kon, su marido y manager, y Antonia, la hija de ambos, que acaba de salir para la escuela con dos colitas, un guardapolvo blanco y la moña azul al cuello. Maitena, que como desconfía de La Escuela, antes de quedar embarazada comprometió a su marido a ir a las reuniones de padres (“El otro día me quejé porque me llevó a un acto y él me contestó: ‘¡¡Pero te hice ir porque festejaban el Día de la Madre!!?), adora esa moña litúrgica. Detalle anticuado que hace angelical a su hija e irremediablemente ridículos a los que están por egresar. Ella, que está terminando los trámites de residencia, agradece al Uruguay la posibilidad de mandar a la nena a una escuela pública. Le gusta que Antonia viva la pluralidad de historias. Tiene algún amiguito rico, como ella, y se queda a dormir en la casa de nenas que no tienen siquiera cuarto. Por eso, la suya se ha convertido en el cuartel general para los chicos del barrio que okupan su habitación llena de juegos y dvds o la casita de muñecas del jardín, ubicada a metros de la huerta de hierbas aromáticas, que la madre cuida como a otra hija y alimenta su fama de cocinera.
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Por Ana Laura Pérez
Revista Viva. La revista de Clarín, Buenos Aires, 24/09/06

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