| El
Foro de FNAC Callao reunió el pasado día
16 de octubre a dos de nuestras autoras. Rosa
Montero y Maitena conversaron sobre el quinto
volumen de "Mujeres alteradas" ante
una audiencia que más que público
fue "barra brava". La maternidad, la
censura, la cercanía de las historias que
nos cuenta Maitena: todo quedó reflejado
durante una charla cuyas protagonistas están
pasando por un "enamoramiento feroz".
Para
Rosa Montero, "Las historias de Maitena son
como los sueños de nuestra parte más
inteligente, aquella que nos susurra a la oreja.
Leer a Maitena es una auténtica experiencia.
Sus viñetas son como un espejo de la vida
cotidiana, pero hay algo más, lo que hace
de ella una artista de genio: te hace pensar,
y esa es la finalidad del arte. Todo arte es un
intento de entender cómo somos, y Maitena
es una artista en el sentido más profundo
y absoluto de la palabra".
La
charla entre Maitena y Rosa
Montero:
Rosa
Montero: ¿Es éste el
más profundo y melancólico de tus
libros? Se aprecia también más trabajo,
tu dibujo es estupendo...
Maitena:
Es diferente a los otros libros y mejor dibujado,
es cierto. Es el que más esfuerzo me costó.
En general hago una página semanal, dibujo
bastante rápido. En otras épocas
de mi vida incluso lo he hecho un poco intoxicada,
no siempre he trabajado en los mejores estados.
Este libro, que tiene que ver con una etapa de
mi vida muy buena, tardé mucho tiempo en
hacerlo, más de tres años, y lo
dibujé muy bien. Todavía me falta
mucho para aprender a dibujar, pero creo que es
muy diferente a los otros libros: éste
tiene otro trabajo y ha supuesto un crecimiento
enorme. Pero no sé si el libro es más
melancólico. Me cuesta entender qué
es la melancolía: para mí la melancolía
es un uruguo, algo difícil de explicar.
Puede que haya un uruguayo en mí, porque
viví mucho tiempo allí.
RM:
La melancolía es la percepción de
la fugacidad de las cosas. La percepción
de la belleza sin perder de vista en ningún
momento que se acaba, que todo termina. Esa sería
la definición de la melancolía,
creo yo...
M: Una linda
definición. Puede ser, en ese sentido entonces
soy melancólica. Como todos los humoristas,
soy una persona muy dramática, pero creo
que este libro tiene temas tocados más
profundamente. Esto tiene que ver con que a veces,
hay temas que toco todos los años, porque
yo trabajo para una revista. Por ejemplo, el día
de la madre. Lo hice el primer año, y fue
algo divertido; después del quinto o sexto
año, el tema te pone en otro lugar y le
das otra vuelta. Y en este libro me animé
a decir cosas a las que antes no me animaba, como
hablar mal de las madres, que las hay buenas y
malas. Y eso es algo que creo tiene todo el libro:
una mirada tal vez menos superficial que en otros
libros.
RM:
Me ha hecho gracia lo de hablar mal de
las madres. ¿Hasta qué punto usas
cosas de tu vida cotidiana?
M: Todo
el tiempo. A veces, cuando hago notas o hablo
de cosas personales, tengo amigos y familiares
que me preguntan qué necesidad tengo de
hablar de ello... Siempre estoy hablando de mis
cosas. Cualquier persona más o menos aguda
se da cuenta de que estoy siempre contando mi
vida. No me parece tan absurdo contar cosas que
me ubican. Todo lo que me pasa tiene que ver con
lo que hago, pero eso no quiere decir que sea
auto-referencial: no cuento lo que me pasa a mí,
pero cuando hay un tema que me toca y me da vueltas,
pienso en ello y en qué le pasa con ese
tema a la gente que conozco.
RM:
¿Y hay temas que no has podido
tocar todavía, porque te hayas sentido
demasiado desnuda, o te duelan, o que no entiendes
?
M: No, en
general nunca tuve autocensura. A menudo me preguntan
si por trabajar en Buenos Aires en una revista
femenina bastante tradicionalista, dejo de hablar
de algunos temas. Y la verdad es que no, me siento
muy cómoda hablando de lo que hablo. Y
hay asuntos sobre los que no hablo -el aborto,
los desaparecidos- porque no me nacen, no porque
me los censuren y no los publiquen. A veces, hay
gente que me dice "nunca hablas de tal cosa":
en una ocasión, un señor se me acercó
y me dijo que nunca había hablado del estreñimiento
femenino. Gran observación la de este señor.
Y me di cuenta de que no había hablado
porque no lo sufro, pero mis hermanas sí.
Desconozco los pequeños detalles para poder
contarlo. Pero el tipo me dijo "yo me casé
tres veces, y las tres eran estreñidas,
y las cosas que me pasaron. Ese es un tema muy
de la mujer, y nunca hablaste de ello". Así
que traté de hacer una historieta, y me
quedó una cagada. No conozco el tema, si
alguien sabe algo...
RM:
¿Te escriben los fans dándote
ideas? ¿Cómo es tu relación
con ellos?
M: Pasa
algo raro con mi trabajo. Más que dándome
temas, a veces me ponen en un lugar en el que
yo no quisiera estar, que es el de sociólogo-psicólogo.
A veces me hacen preguntas raras en las entrevistas:
preguntas que no pudieron contestar ni Freud ni
Lacan. Como por ejemplo, "¿qué
quiere la mujer?" ¿La mujer de quién?
O me escriben, y me cuentan sus problemas personales
como un consultorio sentimental. En general me
escriben y me cuentan sus cosas, y me parece bueno
que haya algo de intimidad. Cuando se acercan,
y me cuentan cosas privadas, me da mucha ternura...
RM:
¿Como es tu mecánica de
trabajo?
M: Escribo
el guión y después lo dibujo. Cada
historieta es un tema, no tengo personajes. Tomo
ese tema, pienso de qué lado lo tomo (eso
se me da con el título) y después
busco cuatro, seis u ocho cosas sobre el tema
(necesito que sea par), saco la cosa que me parezca
menos relevante y voy dejando seis, o dejo dos;
en definitiva, hago un poco de síntesis.
Pero sí me ha pasado ponerme a pensar algo
para escribir y terminar escribiendo cosas que
yo no sabía que sabía. Eso es algo
muy gratificante.
RM:
Tu acercamiento a la cotidianeidad me recuerda
un poco a Woody Allen. De algún modo, tu
obra es como un espejo existencial...
M: Bueno,
la verdad es que me gusta mucho retratar mujeres
de todas las edades. No me siento parte del fenómeno
Bridget Jones, con quien a veces me comparan.
Puede haber Bridgets en mi trabajo, pero hay mujeres
de muchas edades. Me gustan mucho las adolescentes
y me gustan mucho las viejas. No hay tantas viejas
en "Mujeres alteradas", pero sí
en el diario La Nación, donde publico todos
los días. Me gusta muchísimo el
personaje de la gente grande: te pueden decir
cualquier barbaridad. Y me gustan esas mujeres
opinando del mundo, de las mujeres o de la familia
desde ese lugar. Y a veces me encuentro con señoras
en la calle que me dicen "¿Pero cómo
puede ser que vos sepás eso si no sos vieja?"
RM:
¿Piensas en el futuro, tienes proyectos
de futuro?
M: Desde
hace poco tiempo, sí, desde que estoy muy
enamorada.
RM:
¿Y en qué piensas?
M: En que
no tengo ganas de morirme, y me preocupa pensar
que me voy a morir. No es que antes me planteara
"voy a morir mañana", pero llevaba
una vida mucho más al límite y no
medía riesgos. No pensaba en eso. Y ahora
sí, hasta si tomo un avión pienso
"¡Ay!... Mejor me voy con la bebé
y morimos todos juntos". Ése es el
pensamiento más dramático. Pero
también pienso que me quedan treinta o
cuarenta años de vida, y no me los quiero
pasar trabajando. Me gustaría hacer las
cosas que me gustan: dibujar y escribir. Pero
no publicar en revistas, entregando semanalmente
mi trabajo.
RM:
Te gusta dibujar y escribir, pero no tener
una fecha fija...
M: Trabajar
es lo que no me gusta, dibujar y escribir sí.
RM:
¿Te gustaría escribir narrativa,
por ejemplo?
M: No sé
qué me gustaría escribir, pero disfruto
escribiendo.
RM:
¿Más que dibujando?
M: Son muy
difíciles las dos cosas. Yo no hago bien
ninguna de las dos, pero me defiendo más
o menos con las dos, y juntas funcionan. Si me
dedicara a una sola, sería a la que mejor
me sale. Y no sé cual me sale mejor. Me
cuesta mucho tiempo dibujar, es un trabajo muy
solitario.
RM:
¿Y dibujas, además de tus
tiras, otras cosas para ti?
M: No. Yo
no me considero una artista, sino una gran trabajadora
que ha aprendido su oficio muy bien. No soy una
persona que si no dibujara se moriría,
o que necesito dibujar... Podría dejar
de dibujar y dedicarme a cocinar, y la pasaría
fantástico.
|