Varios
estudiosos coinciden en señalar que a principios
de los 60 se cerraba un ciclo de oro de la historieta
argentina, pero que -paradójicamente- fue
en ese contexto de crisis cuando surgieron dos
productos emblemáticos para el género:
Mort Cinder (de Oesterheld y Alberto Breccia)
y Mafalda, la única tira con personajes
fijos realizada por Quino.
Para la frustrada campaña de electrodomésticos
Mansfield, el dibujante había realizado
seis tiras, tres de las cuales fueron publicadas
en 1964 en Gregorio, el suplemento de humor de
la revista Leoplán, pero no fueron recogidas
en ninguna de las compilaciones posteriores de
la historieta.
De ese suplemento, la protagonista -junto a sus
padres y un par de sus amigos- se mudó
a Primera Plana. Ese año
gobernaba la Argentina el radical Arturo Illia;
Los Beatles arrasaban en los rankings musicales;
los palestinos fundaban la OLP; se extendía
la adhesión de los paises americanos al
bloqueo estadounidense contra Cuba y la comisión
Warner daba a conocer publicamente la versión
oficial sobre el asesinato del presidente Kennedy,
A la par, se otorgaba al lider negro Martin Luther
King el Premio Nobel de la Paz mientras que el
filósofo Jean-Paul Sartre rechazaba el
suyo de Literatura.
En 1965, la tira cambió nuevamente de
domicilio. Estuvo en el diario El Mundo hasta
que éste cerró dos años después,
cuando la mamá de Mafalda estaba embazarada
de Guille. La historieta llegó a Siete
Días en 1968, con el bebé
ya nacido y la impronta bien ganada de ser un
registro minucioso de los tics de la clase media
argentina de los años 60. Desde la Guerra
de Vietnam y la carrera espacial hasta el movimiento
tercermundista y los derechos humanos, el mundo
entero se simboliza en un globo terráqueo
que la protagonista cuida, igual que a un enfermo:
lo acuesta en la cama, lo abriga y hasta intenta
mejorarlo con las cremas de belleza de su madre.
Con Mafalda la infancia perdió su inocencia,
mientras el género de la historieta pasó
de lo social a lo psicológico.
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