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Fabio Cabral, más desnudo y paradojas.
No
son los únicos casos de fotógrafos de trabajos "comprometidos"
que han sufrido violencia en su obra. En 1991, la policía apareció
en el Estudio de Fabio Cabral, un fotógrafo de moda y
artístico brasileño, para secuestrar las fotos de su libro censurado
"Anjos Prohibidos" bajo la acusación
de violar el Estatuto de la Infancia y de la Adolescencia brasileño.
El caso es aún paradójico si consideramos que entre las fotos
aprehendidas, algunas nunca habían sido publicadas y acabaron
siendo difundidas por la propia policía en los diarios.
El propio Sturges justifica su obra como no sexual, sino más
bien realista, coloca el punto de vista pervertido en los demás:
"Este es un lenguaje algo frío, por que en efecto, la gente
en mis fotografías no está ligada a ningún acto. Viven en contextos
naturistas, donde, cuando el tiempo es cálido y lo desean, no
llevan ropa."
El
trabajo de estos fotógrafos es admirado u odiado por amplios
sectores críticos, aunque en última instancia es el público
quien cuenta: ¿Es lícito permitir este tipo de fotografía? ¿Está
la belleza por encima del escándalo? ¿De dónde parte la perversión,
del fotógrafo o del espectador?.
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