|
Kim
Manresa, en pocas palabras.
Kim Manresa (Barcelona, 1961).Comienza
a publicar en 1975, siempre fotografiando aspectos
sociales por todo el mundo. Ha ganado los principales
premios de fotoperiodismo de España y
ha sido seleccionado como uno de los mejores
fotógrafos europeos por la revista francesa
PHOTO. Le avalan más de 60 exposiciones
y varios libros.
Viajero, concienciado y con los ojos abiertos.
nos habla de su compromiso con la vida y la
fotografía.
Después de ver tus fotos no se sabe en
qué colocar en primer lugar: la imagen
o la realidad social. ¿Ha sido una inquietud
constante en tu vida?
Yo empecé a fotografiar con catorce años
y siempre me he dedicado al tema social y los
derechos humanos. Crecí en un barrio
muy muy pobre y un día cayó una
cámara en mis manos con la que iba fotografiando
las injusticias que veía. A medida que
me iba haciendo profesional me especializaba
en temas sociales, los derechos humanos y a
favor de que todo el mundo tenga derecho a la
dignidad.
Dentro de la fotografía me interesa sobre
todo el fotoperiodismo. Es la razón por
la que soy fotógrafo. Si fuese fotógrafo
deportivo o de moda lo haría de otra
forma.
Es algo que refleja en el material que utilizas.
No eres un maniático con el equipo de
trabajo.
Sí es obvio para mí. Son temas
delicados -prostitución, las mujeres
quemadas en Bangla-Desh, la ablación
en África- en países muy pobres.
No puedes ir alardeando de grandes medios, por
ejemplo, para escribir una buena novela no te
hace falta una Mont-Blanc, con un bolígrafo
puedes hacerlo igualmente. Otra cosa es la fotografía
artística, donde sí importa la
técnica pero para mí, en mi trabajo,
queda en un segundo plano.
¿Qué queda de los reportajes en
ti cuando vuelves a casa?
Si consigo una sensibilización del público
sobre situaciones aberrantes que se producen
en pleno siglo veintiuno, con eso, ya me doy
por contento. Y luego, desde el punto de vista
personal valoro mucho más todo lo poco
que tengo, las cosas insignificantes adquieren
para mí un valor extraordinario.
¿Logras desligarte de lo que has visto
y vivido?
En el caso de la niña de la ablación,
además de su repercusión internacional
y los premios que me han traído, es el
reportaje que más me ha marcado. Al cabo
de un año la fui a buscar, la encontré
y la adopté. Ahora -hace poco que la
vi- va a la escuela y habla el francés
un poco de castellano, vive con un gran amigo
allí. Es un caso especial para mí.
Supongo que a veces tendrás sensación
de invasor, un turista que viene del primer
mundo...
Si estás en el primer mundo y puedes
denunciar lo que sucede en el tercer mundo,
aunque a veces el tercer mundo esté en
el primero. Lo más importante de mi labor
es la concienciación, con tu trabajo
logras que la sociedad se manifieste y presione.
Con pequeños granos de arena haces una
montaña.
¿La fotografía tiene para ti un
sentido de aventura también?
Hay varios aspectos. Los reportajes de denuncia
social no significan aventura para mí,
es un deber. Si tengo la herramienta, y el poder
de denunciar esto, estoy obligado a hacerlo.
Otro tipo de trabajos, mas personales: los ríos,
las historias de África sí que
están cercanos a la aventura. Acabo de
llegar de Tombuctú y hecho algo sobre
los nómadas que sí entra dentro
de la aventura.
Dentro del fotoperiodismo, a menudo lo pasas
mal, pero los reportajes lúdicos sí
que son de aventura, menos comprometidos.
¿Dónde te sientes más cómodo?
Los dos tipos se unen. Si siempre estuviese
dedicándome al reportaje social, acabaría
siempre muy mal. Tengo que combinarlos. Cuando
hago un viaje de aventura, lo hago sobre tuareg
o masais, que ya conlleva algo de denuncia,
especialmente en contra de la uniformidad cultural
que hace perder referencias a esos pueblos.
Pero la aventura no te llega solo en países
remotos..
Sí, en Valencia hice un reportaje invitado
por la universidad donde quise retratar la otra
cara de las fallas. Esa noche me atropelló
una moto, tuve que hacer el reportaje toda una
semana con collarín. Otro día,
al hacer unas fotos a unos detenidos y la policía
me detuvo a mí y tuve que avisar a la
universidad para que me sacasen de la comisaría.
En Barcelona, el 94, en una manifestación
con cuarenta vecinos que acabó con carga
policial, muy fuerte. Hice unas fotos y me detuvieron
a mí. La policía hizo presión
sobre el periódico, dijo que si no publicaban
las fotos me dejarían en libertad. Se
armó una campaña en contra enseguida.
Me han pasado cosas más desagradables
en el primer mundo que en el tercero.
La fotografía social está hoy
en Génova como en Brasil.
Los suburbios existen en todas partes. Los barrios
periféricos también están
en Madrid, París o Barcelona, el problema
es tan grave como en África. La gente
lo desconoce. Aquí estamos haciendo cosas
sobre niños en la calle y dándolo
a conocer.
¿Qué país te falta?
(Risas) Me parece que Oceanía o así,
el otro día ya estaba buscando dónde
ir... Cuando dedicas una vida a viajar te da
igual. Yo lo hago desde casi niño, es
mi destino. 
|