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ASTURIAS: 'Metáforas
iraníes ' Fnac
Parque Principado, hasta el 7 de enero
Fotografías de Seifollah Samadian
La primera vez que fui a Irán, sólo
llevaba conmigo cuatro fotografías que había
descubierto en la revista coreana 'Photographers',
en el número especial dedicado a la fotografía
iraní. Eran fotografías de Seifollah
Samadian. No es que las demás imágenes
no fueran interesantes, pero éstas desprendían
algo especial, como una atmósfera entre la
fantasía y la realidad. Irán, tal como
solemos imaginarlo, no estaba del todo ausente, pero
sí envuelto por un velo de poesía, de
humor y de ternura que se aleja totalmente de las
imágenes de violencia y de los estereotipos
al uso sobre el Islam. Quería encontrarme con
Samadian, aún sabiendo que corría el
riesgo de sufrir una decepción al ver el resto
de su trabajo o, incluso, al personaje en sí
mismo. No podía refrenar ese deseo.
Todo el mundo me hablaba de él como director
y redactor de la revista 'Tassvir', pero nadie mencionaba
su trabajo fotográfico. A tan solo dos días
de mi regreso, cuando ya pensaba que no podría
conocerle, me llamó por teléfono y me
preguntó tajante: "¿En qué
puedo ayudarle?" Le expliqué mis motivos
y me concedió una cita. En su despacho sólo
había fotografías de otros fotógrafos.
Toda la redacción era un enorme expositor empapelado
con los trabajos de artistas internacionales. Cuando
le pedí que me dejara ver su trabajo me dijo
que primero observara el de los demás artistas
y que contactara después con él si todavía
estaba interesada. Acababa de pasar cuatro horas con
él pero no me había mostrado ni una
sola foto suya. Le volví a llamar y quedamos
en vernos unas horas antes de mi partida. De nuevo,
siguió comentándome la obra de los demás
sin mencionar la suya. Esta vez me pidió que
le escribiera una carta a mi regreso a París.
Era un hombre carismático y lleno de encanto
¿pero por qué me escondía sus
fotografías? Empezaba a preguntármelo.
Unos días más tarde, recibí
por correo un paquete con cuarenta de sus fotos cuidadosamente
escogidas y fotocopiadas. Hice bien en fiarme de mi
instinto. Eran tan sorprendentes como las que me habían
impulsado a contactar con él.
La visión onírica de lo cotidiano estaba
presente. Todos los acontecimientos ocurridos en Irán
en los últimos veinte años aparecían
filtrados a través de su mirada: los enfrentamientos
de la Revolución, la violencia de la guerra,
la muerte, el duelo, las frustraciones, pero también
las alegrías de la vida cotidiana, los pequeños
sucesos, los rituales.
A través de las turbulencias acaecidas en
ese país, Samadian resalta la condición
humana. Descubre al ser humano ahogado en la masa
y le otorga una fuerza que sobrepasa ampliamente el
acontecimiento, transformándolo en imágenes
metafóricas. Situaciones paradoxales a menudo
entre lo onírico y lo absurdo rodean esta humanidad.
En lugar de una visión de los interiores del
país, descubrí el alma de sus habitantes.
El contraste en las imágenes revelaba la intensidad
de las experiencias vividas por este hombre y la de
los personajes que su cámara enfocaba. También
hallé en su trabajo la belleza del encuadre
y la composición que ya me había impresionado
en el cine iraní.
Más tarde supe que Samadian filmaba y tomaba
fotografías de forma compulsiva desde hacía
25 años, pero nunca se había detenido
para mostrarlas. Su mirada se encargaba de dejar constancia
de una nueva historia sobre Irán, al margen
de la historia oficial iraní y de las imágenes
transmitidas por occidente. Unas memorias que, entre
la poesía y el humor, muestran con respeto
los rituales y las paradojas de la vida cotidiana
en Irán.
Michket Krifa, directora y coordinadora de
exposiciones y manifestaciones culturales.
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