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Un Museo Ilustrado
Situado en el centro de la ciudad de Valencia (calle
Guillem de Castro, 8), el Museu Valencià
de la Il·lustració i de la Modernitat
es un edificio singular. Sobre todo porque se trata
de una de las más relevantes muestras de
arquitectura contemporánea de la ciudad.
Retraído e incluso un poco escueto en
sus trazos exteriores, en su interior el edificio
de Guillermo Vázquez Consuegra esconde
un sutil juego de espacios definidos por el diálogo
que establece la luz con tres materiales básicos:
hormigón, vidrio y acero. Una sucesión
de continuidades e hiatos constructivos resuelta
de manera clara, sencilla y racionalista, como
es lógico en un museo dedicado a homenajear
a los que hicieron de la razón guía
y garante de nuestro modelo convivencial.
En el siglo XVIII, algunos hombres y mujeres
se atrevieron a defender que es en el tribunal
de la razón, y no en el altar de la fe,
donde se deben dirimir las disputas entre los
hombres. Un museo, en definitiva, que pretende
continuar el trabajo —inacabado, inacabable—
de aportar un poco de luz en tiempos de oscuridad.
Por esta razón su objeto no está
acotado ni concluso: no se trata de realizar ningún
muestrario de ninguna colección finita.
Éste es un museo de ideas, que arranca
del siglo XVIII y llega hasta el XXI. Hasta hoy
mismo.
Puede que eso ayude a explicar que, además
de la exposición permanente dedicada al
movimiento ilustrado, el programa de muestras
temporales previsto para el año 2005 incluya
desde una línea de diseño y fotografía
hasta net art, porque Internet no es sino la moderna
versión de la Encyclopédie ilustrada
—más desordenada si se quiere, pero
también más dinámica—
y el tórculo de antaño es la página
web de hoy. Son sus corolarios lógicos
y técnicos, pues en la técnica y
la ciencia —en sus avances desde el siglo
XVIII hasta la actualidad, además de en
sus repercusiones sociales— también
nos detendremos. Todo eso sin desdeñar,
ni mucho menos, las obras realizadas sobre el
soporte papel, incluyendo la historia del cartel
desde los trabajos pioneros de Toulouse-Lautrec
y Ramón Casas.
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