"Un cura muy adelantado a su época, el padre Laburu, jesuita, hizo varias películas y entre ellas la de estas apariciones".
"Los que acudían se defendían de las acusaciones alegando que las que experimentaban el éxtasis no podían ser impostoras porque 'ni Greta Garbo era tan buena actriz".
"La Virgen anunciaba que iba a venir un arcángel salvador, con una espada desenvainada, a acabar con todo aquello. Ya se ve que la Virgen tuvo razón...".

Entrevista con Manuel Gutiérrez Aragón

¿Cuándo gestaste la idea de plasmar en una película estas apariciones que antecedieron a la Guerra Civil?
La madre de mi scrip, Usúa Urbieta, que es de Vergara, me había hablado de las apariciones. Y en estos últimos tiempos han aparecido bastantes libros acerca de esto. Comprendí por primera vez que aquello que me contaba gente que había estado en las apariciones tuvo mucha más importancia que lo que a primera vista parecía.

Había tenido muchas implicaciones políticas, sociales... habían acudido aristócratas, la Iglesia las había utilizado... y, sobre todo, habían durado muchísimo y aún existían. Me llamó mucho la atención.

¿Y sobre eso tejiste una historia de ficción o "Visionarios" es más un documento ficcionado?
Tengo que insistir mucho en que es una historia de ficción. Pero lo más increíble es que se habían rodado. Un cura muy adelantado a su época, el padre Laburu, jesuita, hizo varias películas y entre ellas la de estas apariciones. Lo que consiguió fue desenmascararlas: la magia del cine desenmascaró a la superstición religiosa.

Al rodarlas se vio que algunos miraban para otro lado, los que sufrían un completo éxtasis no resultaban tan creíbles y, en definitiva, fijó el absurdo de las apariciones al verlas en la pantalla. Fue curioso porque los que acudían se defendían de las acusaciones alegando que las que experimentaban el éxtasis no podían ser impostoras porque "ni Greta Garbo era tan buena actriz".

Coincide con una época del cine en que, a pesar de que ya existía el sonoro, en España se proyectaban todo en mudo, porque no existían aparatos más modernos. Unos años más tarde ya se implantó el sonoro. Pero cuando se rodó la película de Laburu todavía permanecía el cine mudo. Laburu era un personaje muy curioso: en la dictadura participó en la censura y duró mucho tiempo.

Le conoció Fernando Fernán Gómez, que me habló bastante de él. Yo me entrevisté con algunos familiares de Laburu en busca de la película. Me dijeron que había una lata de película en casa de una sobrina, muy mayor ya, de este cura. Fuimos a ver la película, pero resultó ser un costurero. La película está perdida, pero la historia que yo tejo es una historia de amor y los personajes no se corresponden. Al único que le dejé con su nombre verdadero fue al padre Laburu, porque al fin y al cabo era una colega. Un cabrón pero un colega.


O sea que no tienes especial interés en retratar una época previa a la Guerra Civil, sino que el interés se centra en estas apariciones, que ocurrieron entonces.
La Guerra Civil y demás historias no salen. Estas cosas empezaron justamente con la República. Al principio tuvo muchísimos seguidores, pero fue mucho cachondeo. La gente con la que he hablado, lo que más recuerda es que fue un cachondeo.

Era un sitio donde se bebía, se iba por la noche al monte con hombres y mujeres, entonces algo muy poco frecuente, y más que un fenómeno religioso era un cachondeo. Pero, en fin, la cosa religiosa no sólo estaba allí sino que duró hasta la guerra. En la época de la madre de mi scrip, en pleno franquismo, todavía había reuniones prohibidas en las casas. Procesiones dentro de las propias casas.

O sea que la cosa duró mucho. Pero la película empieza con estas apariciones en los años treinta, cuando la gente clamaba contra Madrid, contra el centralismo, del cual venían todos los males, como ahora, porque corrompía al País Vasco, sus costumbres católicas y tradicionales.

La Virgen anunciaba que iba a venir un arcángel salvador, con una espada desenvainada, a acabar con todo aquello. Ya se ve que la Virgen tuvo razón, porque vino el ángel exterminador anunciado y acabó con todo, pero también con ellos, porque los mandó a todos al manicomio, aunque ellos habían sido partidarios y agitadores de la causa. Pero esto sólo es el trasfondo de la película, que es una historia de amor.

¿Te apetecía después de "Cosas que dejé en la Habana" volver a algo muy español?
Lo que más me apetecía de esta historia es que era un relato cerrado, muy compacto. Cuando uno cuenta algo de la película que va a hacer, miras los ojos de tus interlocutores y ves el interés que despierta. Yo vi que era un relato que se seguía siempre con interés, con curiosidad por lo menos.

Y al mismo tiempo era una historia desconocida, pese a que había tenido una importancia muy grande en su momento y salió en la prensa nacional e internacional, hubo noticiarios... A pesar de todo eso, por vergüenza tal vez, había caído una capa de olvido sobre todo este tema. Pero narrado tal como lo cuento, despertaba, primero, mi absoluta curiosidad, y luego la de mis oyentes.

Lo que más me atrajo fue el poder tratar una historia que tiene un comienzo, un final y un cierto misterio, porque quién sabe lo que veían aquellos chicos. En el fondo, no en esta película, sino en cualquier otra, lo que me atrae de un relato son sus zonas oscuras y sus luces. Y no tanto el que sea de aquí o de allá, ni que sea una película testimonial o fantástica. Es la historia, fundamentalmente, lo que me interesa.

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