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Entrevista
a Fabián Bielinsky, director de "Nueve
reinas"
¿Por
qué elegiste este tema concreto de la estafa
dentro del mundo de la delincuencia?
Lo que más me interesaba era instalar una
historia en este contexto, el de la pequeña
o menor delincuencia, porque es una franja que
el cine no abarca demasiado. Se trabaja mucho
más sobre otra clase de delitos más
violentos, más conocidos. Además
me parece que crea un efecto curiosos en los espectadores.
La frontera del bien y el mal, o lo moral frente
a lo amoral, en ciertos delitos que no involucran
violencia sino ingenio, se diluye un poco. No
impulsan el rechazo habitual sino cierto grado
de admiración, simpatía.
¿Los
referentes que te atribuyen, Aristarain, Hawks
o Wilder, son aquellos que tú sientes o
no te parecen adecuados?
La gente que menciona eso exagera y son demasiado
generosos. Pero sí son tipos, cineastas,
de los que yo me nutrí mucho. No son los
únicos; lógicamente hay muchos más.
Pero en general he tenido una relación
muy directa, muy visceral, con esa clase de narración:
la narración clásica americana.
¿La
historia es pura ficción, y de eso se trata,
o tú además has querido reflejar
cierta decadencia moral real?
Las dos puntas son compatibles. Mi prioridad era
la historia, contar el cuento de la mejor menara
que pudiera y los más entretenida posible
en el sentido más positivo y cinematográfico
de la palabra. Pero yo sabía que esta historia
tenía una segunda lectura que habla de
un estado de ánimo, de una sensación
que unos tenemos tarde o temprano en Buenos Aires,
particularmente.
¿Y
este otro aspecto de la película cómo
ha sido recibido en Argentina?
Me sorprendió un poco que, mucho más
de lo que yo creía que iba a pasar, se
leyó este sentido de la película.
Permanentemente la gente se me acerca y me dice:
"Esto es lo que somos, qué mal que
estamos". Por otra parte me parece una exageración:
si la gente de un país se siente plenamente
identificada en su ser nacional con dos estafadores,
estamos jodidos. Y, sin embargo, la gente admite
que hay algo de esto en nuestra idiosincrasia.
Y, lo más curioso, es que he podido comprobar
que gente de otras grandes urbes también
se siente identificada con este sentimiento. Hay
una cierta globalización del "sálvese
quien pueda".
¿Y
es por esto por lo que tú crees que "Nueve
reinas" ha tenido tanta aceptación
en Argentina?
Yo creo que agradecen poder reflexionar sobre
algo que pasa, un estado bastante negativo de
las cosas, pero desde el humor, riéndonos
de nosotros mismos. Yo me lo propuse también
así: mirar todas estas cosas que nos pasaban
pero desde un lugar más liviano. Cuando
uno habla de liviandad suele tener connotaciones
negativas, sobre todo si se habla de películas.
Y me gusta dar la vuelta a esta tendencia y pensar
en ello como algo positivo. No es lo mismo superficialidad
que liviandad. Es una manera de encarar.
¿Según
la cantidad de carcajadas del público,
se puede calificar a la película también
como humorística?
Lo cierto es que yo no me planteé hacer
humor. El humor fue surgiendo porque la actividad
de esta gente, los protagonistas, tienen aristas
humorísticas. Ellos no se ríen,
pero si das un paso atrás y miras todo
el conjunto, es entre patético y gracioso.
La actividad misma tiene una connotación
tragicómica que valía la pena explorarla
sin demasiado esfuerzo. Yo no lo pretendía
en sí pero era casi inevitable, tanto en
el guión como en la filmación. 
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