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Películas
de letras y pintura
Àlex
trabajaba en el puerto de Barcelona, pero un día
decidió dejarlo todo e irse a vivir lejos de la ciudad,
a un pequeño pueblo del Pirineo. Su hermano
Pau y su madre Mercè no sabían
nada de él. Ahora se han enterado de que Àlex
se ha suicidado. Pau y Mercè viajan al pueblo donde
Àlex vivió los últimos meses. Allí
conocen a Sara, su novia que, sin saber que Àlex
ha muerto, sigue esperando que vaya a buscarla para ir a vivir
juntos a la ciudad; a su amigo y jefe, Emili, que hace
años también decidió cambiar de vida
y dejar a su familia para vivir solo en la montaña;
y a Toni, que trabaja con Emili y está secretamente
enamorado de Sara. Cada uno de ellos descubre un nuevo Àlex
a través de los otros y su ausencia les ayudará
a replantearse sus objetivos y carencias. El mosaico de personajes
se completa con la llegada de Marta, la hija de Emili,
que tras muchos años sin ver a su padre, viene de Francia
para buscarle. Todos buscan otra forma de vivir. Cuando se
separen, ninguno de ellos será el mismo.
En
toda cosecha nace una especie de generación
espontánea que necesita de una sesuda explicación
natural. Éste es el caso que nos ocupa:
en plena superpoblación del cine de comida
rápida, la mirada de Marc Recha, un enamorado
de Plà y de Cassavettes que
pega la universalidad del localismo con la verdad
del originario de lo "independiente",
reclama oxígeno para vivir. Este catalán
adelantado a su edad biológica filma por
el poder evocativo de fijar las cosas que atesora
el séptimo arte. Y nosotros respiramos
gracias a que sus ficciones nos ayudan a entender
mejor nuestras propias cábalas, en su magia
más reales que un mero espejo. El pudor
que impide pecar de pedante, y el valor exacerbado
de los minutos en estos días que estrenan
siglo, mantienen aún en la recámara
ciertas preguntas con las que Marc Recha habría
conversado con la misma adecuada mezcla de docencia
y disfrute con la que ha contestado a otras dudas.
El valor de la tradición frente al plagio,
por ejemplo, inspirada en un Eugenio D'Ors
del que Recha se sirve en "El cielo sube".
Pero la visita del que será la única
expedición "latina" en Cannes
fue todo menos baldía.
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