"Esto ya lo hacía Cassavettes, Welles o Rossellinni. Nosotros no llegamos ni a la suela del zapato de esta gente".

Entrevista (I)

¿Qué tal llevas lo de ser la única representación española, en el sentido absolutamente universal del idioma, en el Festival de Cannes?
Miro las cosas con un poco de calma y cierto escepticismo. No pienso en la competición sino en compartir un espacio con toda una serie de cineastas contemporáneos que para mí siguen siendo referentes. Gente como Oliveira. De todas maneras "Pau y su hermano" es una película donde se habla principalmente en francés, aunque también en catalán y en castellano, para que lo que ocurre sea un poco verdad. Sigo pensando en el cine como en el hecho de una mirada singular, una manera de ser y de pensar. Nunca pienso en el hecho casi 'nacionalizador' del cine, ni tampoco de la literatura.

¿Consideras que tus películas son universales, que no se entienden en base a una determinada nacionalidad o contexto?
A Josep Plà le gustaba contar que él partía de una cosa muy local para ir a lo universal. Yo creo que esto es muy interesante. Porque, en el fondo, lo que pasa en el pueblecito de allá o la ciudad de aquí es igual que lo que puede suceder en cualquier otra parte del mundo. Además creo que es muy honesto porque hablas de las cosas que has vivido, que es lo que hacía él: "la función del escritor es la de retratar lo que le ha tocado vivir". En el cine, la idea, creo yo, es la de los lumieres cuando filmaban la salida de los obreros en la fábrica. A la vez era un documento pero a la vez era una ficción. Y en el cine hemos terminado un poco ahí: no sabemos exactamente si es realidad o si es ficción pero, en todo caso, documentamos lo que nos toca vivir.

¿Pretendes que tus películas fluyan como documentales, que la ficción sea un vehículo de hacer verdad lo que ocurre o, sin embargo, aspiras a filmar historias en las que prime la inventiva?
A mí lo que me interesa es que el espectador entre de lleno en la historia de sentimientos, comunicaciones, de desencuentros, casi de virajes en la vida de todos estos personajes, todo provocado por la desaparición de Álex. Y prefiero que entre la cámara y el personaje solo haya aire. Por eso debo rodar cronológicamente, para que haya una ausencia de maquinaria fílmica. Otra cosa muy importante para mí fue convivir todos mucho tiempo, como una comuna, en un mismo lugar. Esto se refleja de una manera muy clara y positiva en una frescura, inmediatez, visceralidad e intuición de cara a la propia historia. La propia experiencia fílmica entraba a formar parte de la ficción. No inventamos nada. Esto ya lo hacía Cassavettes, Welles o Rossellinni. Nosotros no llegamos ni a la suela del zapato de esta gente pero complementamos todo este espacio. Me gusta pensar cómo trabajaba Welles en el sentido de que inventaba por defecto, por llamarlo de alguna manera. A mí me pasa muchas veces y me siento identificado. Porque, por imposibilidades de conseguir las cosas, te ves obligado a investigar, a crear, a inventar cosas. Sin ninguna pomposidad pero para ir a la esencia de las cosas. Eso te hace trabajar mucho y estar muy alerta. Es encontrar muchos hallazgos por todas partes. Muchos de ellos son meros 'bluffs', y te pegas un tortazo tremendo. Pero vuelves a levantarte y sigues batallando. Me imagino todo el rodaje, incluso la vida de esta película, más que como un hecho fulgurante y de inmediatez, como una carrera de fondo. O eso es lo que espero que sea.

¿Por qué esa importancia vital que tiene el paso del tiempo en todas tus historias, que parece que cumple un papel como de motivo?
Va muy ligado a que para mí el cine sigue siendo una aventura humana, forma parte vital de mi vida. Pienso cómo vas creciendo, viendo cosas, cómo la gente a tu alrededor desaparece, aparece... es casi inevitable porque forma parte de la vida. Y no hay que olvidar que el cine tiene ese enorme poder evocativo de fijar las cosas. Volviendo a Plà, que decía que escribía para parar un poco el paso inexorable del tiempo, fijarlo en la memoria para no olvidar las cosas. El cine tiene esa función, en mi opinión. Y es un hecho muy poderoso. En "Pau y su hermano" pasa mucho. Constantemente a través de los paisajes que había vivido Àlex, y que ahora ya no está. Los primeros 20 minutos tienes eso, una película sobre paisajes muy habitados por gente que ya no está. Una vez presentado esto, nos vamos a lo opuesto, que son los actores. Me gusta pensar que "Pau y su hermano" es una película muy física. Independientemente de que sea una película muy visceral, intuitiva y cotidiana; de que haya mucha complicidad entre la gente, creo que, sobre todo, es muy física, y cada vez me doy más cuenta.

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