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Pocos
universos cinematográficos tan reconocibles como el construido
por François Truffaut. París bajo la lluvia, mujeres
hermosas de piernas largas y vestidos breves, cafés como
refugios de intelectuales trasnochados y un largo etcétera
de fotogramas que se amontonan en la retina cuando pronunciamos
el nombre de este fundador de la Nouvelle Vague.
Así lo han entendido FNAC y David Trueba que, con
motivo del veinte aniversario de la muerte de Truffaut y coincidiendo
con la inauguración de la segunda tienda FNAC en Madrid,
han decidido convertir el local de Plaza Norte en un set de
rodaje para rendirle homenaje al genio francés. Preguntado
por los motivos que lo llevaron a aceptar el proyecto, Trueba
responde que "uno no va por la vida pensando 'quiero
hacer un homenaje a...' pero la posibilidad de hacer algo
inspirado en Truffaut me interesó muchísimo".

Con la tienda abierta al público, con un decorado que
nos transporta al París de los sesentas y el universo
Truffaut como inspiración, Trueba -quien dice ver la
influencia del director de Los cuatrocientos golpes en mucho
del cine actual, en Spielberg e incluso en el suyo mismo aunque
"conforme nos hacemos viejos nos volvemos más
puristas y buscamos dejar de lado los referentes, hacer cosas
más nuestras"- ha rodado una serie de cuatro secuencias
en las que recrea libremente escenas nacidas de la cabeza
del cineasta francés, a la vez que juega con el concepto
de "cine dentro del cine", tema recurrente en la
obra del autor de La noche americana. "La idea -comenta
David Trueba- era mezclar en esas cuatro secuencias la atmósfera
típica de sus películas con esa obsesión
tan suya por enfrentar el cine con el mundo real".
Así, un hombre lee y escribe en un café mientras
contempla un desfile de piernas femeninas por el ventanal.
Un niño espía embelesado a una dependienta.
Un joven se enamora a primera vista de una muchacha en los
pasillos de una librería. Una pareja se besa apasionadamente
mientras los rodea la cámara. Todo enclavado en una
estética traída directamente del cine de Truffaut,
"por ejemplo -dice Trueba-, me interesó mucho
explotar esa idea tan romántica que tenía de
la pareja y la cantidad de elementos que utilizaba en la composición
de cada escena"
Al finalizar, los planos se abren dejando ver los cables
y reflectores, y las claquetas suenan trayéndonos de
vuelta al mundo real. Ese mundo que, a decir del mismísimo
Truffaut, resulta mucho menos interesante que el reflejo conseguido
por una cámara de cine.
Como quería Truffaut.
Como lograba Truffaut.
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