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EL HOMENAJE
Cuatro secuencias, siete personajes, algunas hermosas piernas
de mujeres y mucho cine dentro del cine en este homenaje que
David Trueba rueda en el vigésimo aniversario de la
muerte del maestro de la Nouvelle Vague.
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1.
Un hombre de treinta años escribe sentado en
la mesa de un café con cierto aire nostálgico
y afrancesado. Detrás, la ventana da a una calle
en un día de lluvia. Las piernas de las mujeres
que pasan, falda y tacón, no se ve el resto de
sus cuerpos.
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2.
La cámara gira en torno a una pareja de veinteañeros
que se besa largamente.
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3.
Un niño se esconde en el lateral del mostrador
de una empleada. Ella está sentada, con las piernas
cruzadas bajo la silla. No puede ver al muchacho que
aguarda escondido.
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4.
En la librería, un chico levanta la cabeza y
repara en una chica frente a él que también
mira libros. Se enamora al instante. Se miran, gustándose.
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5. El niño
espera que la empleada se levante de su silla, se acerca
y huele el lugar donde antes ella estuvo sentada. Cierra
los ojos. Ante su cara alguien cierra una claqueta de
cine.
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6. El chico de la
librería está a punto de declararse a
la chica que tiene enfrente. Ella sale del estante de
libros y vemos que está muy embarazada. Al alejarse,
el chico se gira para mirarla. Entra un técnico
con la cinta métrica del foco y sobre él
asoma la percha de sonido.
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7. La pareja se
sigue besando y en el movimiento circular descubrimos
la cámara de cine que los filma, también
en movimiento, y tras ella, el equip0 de rodaje.
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8. El café
del escritor es sólo un decorado: una pared y
el ventanuco por el que mira. Detrás, elevado
sobre un andamio, el trozo de calle y las mismas seis
mujeres que se cruzan todo el rato para dar sensación
de acera concurrida.
¿Y si la vida
fuera sólo una película?
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