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CRÍTICAS:
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Fernando Trueba, amante de epopeyas soñadas habla de lo que
ve, con ternura, con sarcasmo, con frescura, sin solemnidad,
sin buscar salidas definitivas, sin pedir nada, con inteligencia.
"Ópera prima", comedia, pedazo de vida, pureza en movimiento,
salto al ruedo sin caparazones que espanten el peligro, cuenta
varios días en la vida de Matías Marinero [...] el glorioso
Matías les habrá ofrecido noventa y cinco minutos de derrota
de la lágrima fácil, mil giros deslumbrantes y cercanos, mil
cadencias de ritmo para que ustedes le conozcan mejor, para
que le quieran un poco más, para que nos riamos de nosotros
mismos con menos solemnidad, para que con el exorcismo la mediocridad
no nos ahogue jamás. Hay claves en "Ópera prima", hay momentos
de sentimiento que no estorban a la bendita risa [...] natural
es el talento, la gracia, las ganas, la compenetración de un
actor -o llámenlo como a ustedes les de la gana- Óscar Ladoire,
con el director más personal, más vivo, más inteligente que
ha parido el cine español en los últimos años.
Carlos Boyero, la Guía del Ocio, 5-11 de mayo de 1980
Hay muchos modos de afrontar una primera obra, en este caso
una primera película. El cine no es un libro. Quien se coloca
detrás de una cámara dispuesto a demostrar lo que sabe, no ignora
lo que se juega en su debú. Así hay quien trata de resultar
comercial a todo trance, quien intenta acumular su talento en
un instante y quien, en fin, a fuerza de sinceridad y experiencias
anteriores, llega a narrar, cara al espectador, fiscal definitivo,
todo aquello que domina o conoce. Tal es el caso de Fernando
Trueba, debutante en esta doble "Ópera prima" que, además de
iniciarle en su carrera, cuenta la historia de un personaje
actual que se encuentra y enamora de su prima, justamente vecina
del bario de la Ópera. Tal personaje que centra la película,
en torno al cual la historia gira, convence a la postre como
actor y colaborador de un guión, salpicado de gags de buena
ley, plenos de humor y actuales alusiones [...] Es muy de agradecer
que Trueba nos lo diga en un tono risueño, a través de un buen
humor, acertado y aceptado, sin patetismos ni añoranzas, sin
escenas ridículas ni recursos pobres. En esta hora vacilante
del cine español, esta "Ópera prima" vale por todo un curso
completo de otras tantas segundas y terceras obras, hasta rozar
la eternidad ya conocida de tanto repetirse y porque encierra
la breve historia de un personaje a medias entre un hoy que
termina y un mañana que empieza.
J. Fernández Santos, El País, 2 de mayo de 1980
[...] La otra parte es que "Ópera prima" es la comedia de esta
temporada. Una de las películas más divertidas que se pueda
encontrar en la cartelera. Supone para todos los debutantes
un debut de buten. Pertenece al tipo de película simpática contagiosa.
Los diálogos y réplicas van a repetirse innumerables veces en
la calle, las discotecas, el Metro, los bares, los "descansos"
de los cines y los "pubs". Pero, si ésta es la dimensión primaria
de esta película, hay otra sentimental y sentida, más respetable:
casi un manifiesto personal del director como exigencia de autenticidad
del alrededor y de sus necesidades respecto a la mujer idealizada.
La mayor parte del cine analítico es simplón y el antisentimental
es esquemático. "Ópera prima" es cine de nuestro momento, y
cine pasional. El mejor cine pasional de cada momento ha perdurado.
Ha resultado transferible a lo largo del tiempo. Cabe preguntarse
si también el cine será pasión o no será.
Manolo Marinero, Diario 16, 30 de abril de 1980
[...] Aunque hay abundancia de pornografía, los asuntos sexuales
están tratados extensivamente con los problemas de un Matías
obviamente preocupado por la eyaculación precoz y la subsiguiente
impotencia [...] Las idas y venidas de estas constantes elucubraciones
sobre tan asuntos tan diversos como el vegeterianismo, las drogas,
los viajes, Macchu Picchu, Woodstock, hippies y el amor le dejan
a uno con la impresión de un joven enamorado de su propia voz
[...] De gran éxito en España, la película promete un futuro
mejor para Trueba, Ladoire y miss Molina cuando hayan abandonado
las chorradas de juventud.
Archer Winsten, New York Post, 6 de enero de 1982
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