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MI HERMANO INDIO
Gonzalo Suárez

Mi película "Aoom" acababa de ser presentada en el Festival de San Sebastián. Todavía resonaban en mis oídos los pateos y aplausos, los abucheos y los bravos. Más pateos que aplausos. Más abucheos que bravos. Estábamos en 1970. La década dorada (?) de los 60 quedaba clausurada. El Festival, también. Y "Aoom" significaba el final de mis ilusiones de cambiar el cine español. De cambiar el cine. Hice las maletas. Sabía que quedaba mucho camino por recorrer, pero también sabía que ya nunca haría una película como "Aoom". Y eso me producía una cierta dosis de melancolía. El cine ya nunca sería para mí lo que podría haber sido. Y para los demás tampoco. Bueno, a fin de cuentas, ese público vocinglero y esos críticos de librillo se lo tenían merecido. Por otra parte, mi desmedido orgullo tenía que ser debidamente castigado. Nadie podía volar más allá de su condicionamiento. En palabras de Bardem: "Nadie tenía más talento que el de su medio". Toda una lección tranquilizadora. La mediocridad, una vez más, quedaba salvaguardada. Y yo, maltrecho, estaba a punto de dejar San Sebastián.
Se me acercó entonces una chica americana. "El señor Peckinpah quiere ver su película", me dijo. Me quedé perplejo. Circunspecto. Pero no cerré la maleta.

Peckinpah había venido a San Sebastián para presentar "La balada de Cable Hogue". Se decían de él muchas cosas. Se había pegado de hostias en los pasillos del hotel con Stella Stevens. Se había hecho pis en el escenario. Un médico tenía que inyectarle todas las mañanas para que pudiera ponerse en pie. Yo sólo sabía que "Duelo en la alta sierra" había gravitado emocionalmente sobre mí desde hacía años y que "Cable Hogue" era el más maravilloso western lírico y épico de todos los tiempos. ¿Para qué quería Peckinpah ver "Aoom"? ¿Y por qué?

Aquel mismo día intenté organizar una proyección. No lo conseguí. El Festival se estaba desmantelando y no había sala disponible. Se lo dije. Al día siguiente él se iba a Londres para preparar el rodaje de "Perros de paja" y yo me iba a Asturias para intentar olvidar. "Me quedo", dijo Peckinpah. "Quiero ver la película". Y se quedó. Me quedé. Vimos "Aoom". En un recóndito cine de barrio. De descuajeringadas butacas. A las diez de la mañana. Él tenía que coger el avión unas horas después. Pero no lo cogió.

Se vino cono Hélène y conmigo a Asturias. Ese fue el principio de una larga y turbulenta amistad.

Desde el pico de Paña-tú hasta los estudios de la Metro, dejando una estela indeleble en el espacio y el tiempo.

Casablanca nº 12
Diciembre de 1981

 

© Fernando Trueba 2001