Logo Clubcultura
   Actualidad/Recomendaciones    Nuestras páginas oficiales    Blogs de Autor    Cultura Fnac

 

 

 

BALL OF FIRE - BOLA DE FUEGO, 1941
Fernando Trueba.

"Bola de fuego" es uno de los mayores placeres que he tenido como espectador. Una de esas pocas obras que me ha procurado una serie de sensaciones que no dudo en calificar como felicidad, luego perteneciente a ese puñado de películas que uno considera la mejor nunca realizada.
"Bola de fuego" es un argumento de Billy Wilder escrito en colaboración con Thomas Monroe con el título de "From A to Z" y que sus autores definen como una variación de "Blancanieves y los siete enanitos", aunque en este caso la nieve no sea muy blanca, al menos a primera vista, por lo que bien podría haberse titulado "Sugarpuss y los siete profesores" o "Sucianieves y los siete enciclopedistas" o algo por el estilo.
Vía Wilder, "Bola de fuego" es la más lubitschiana de las comedias de Hawks, sin que por ello deje de ser menos hawksiana. Y ya es sabida la afición de Hawks a las historias de científicos despistados arrastrados al torbellino de la acción por hermosas, absurdas y demenciales mujeres. Sin embargo, ¿no es la más pura y estilizada "escuela Lubitsch" la que asoma cuando el inocente y virginal Bertram Potts (Gary Cooper), besado por la experimentada Sugarpuss O'Shea (Barbara Stanwyck), se coloca un pañuelo mojado en la nuca y media hora más tarde es la propia Sugarpuss quien debe hacer lo mismo tras un apasionado beso del joven profesor Potts?
Cuando los siete ancianos profesores que han pasado sus vidas entregados al estudio descubren el placer de la acción, es como si Hawks estuviera evidenciando con el mayor de los descaros las nunca ocultadas intenciones de toda su obra, que diez años más tarde la crítica europea enunciaría y airearía como descubrimiento propio.
"Bola de fuego" es un manifiesto de la ideología hawksiana, del mismo modo que "Los viajes de Sullivan" lo es de la de Preston Sturges. Y de ahí su pureza y gran parte de su emoción. La importancia de la acción y el movimiento en el cine de Hawks ha hecho que durante décadas nadie considerara su lado intelectual. Y si existen películas a cuya estructura y construcción pueda aplicárseles este calificativo es a las de Howard Hawks. El crítico momento que vivimos es excepcionalmente saludable por las sucesivas caídas de máscaras que lo han caracterizado -de ahí su incomodidad y su crisis-, gracias a las cuales ya sólo los imbéciles irrecuperables se siguen engañando. Sólo el triunfo y asentamiento definitivo de la manipulación como sistema de venta ideal impiden que entremos en la "era Hawks". Por lo demás, todo parece pedirlo a gritos.


Casablanca nª 7-8
Julio Agosto de 1981.

© Fernando Trueba 2001