Una colección
de brillantes se ha extraviado, escondida en el forro de una de las
sillas de un conjunto de doce incautado por la revolución. El antiguo
propietario busca esa silla con denuedo, acudiendo a las argucias de
la picaresca. Los soviéticos Ilf y Petrov nunca le imaginaron un entorno
más loco a su invención literaria.