"Fresa
y chocolate tiene la virtud de partir de una problemática nuestra enfocada
en unos años idos y sobre los cuales los realizadores recrean su óptica
para ejercer una de las más viejas y trascendentes funciones del arte:
decir y criticar, no buscando hacer daño en irresponsable apedreo, sino
como eficaz método para tratar de superarnos y ser mejores [...]. El
convincente y desenfadado tono narrativo que se asume para tratar un
tema nada fácil, hacen de Fresa y chocolate una película trascendente
en la historia del cine cubano. Estimula que a veinticinco años de su
memorable Memorias del subdesarrollo, Tomás Gutiérrez Alea (acompañado
de Tabío) se aparezca con este filme pletórico de excelente oficio..."
Rolando Pérez-Betancourt, Granma, La Habana, 1993
"Si Titón
quería hacer una película que conmoviera y removiera, lo consiguió,
y en medio de la diversión y los chistes en apariencia fáciles, la declaración
de principios, la dignificación de "los otros" fundidos en un abrazo
amistoso, consiguió el aplauso más prolongado y cálido escuchado nunca
aquí [en el Festival de La Habana]." Raquel Peguero, La Jornada, Ciudad
México, 1993 "Fresa y chocolate, con sus flechas disparadas a todo tipo
de intolerancia, llega cuando la conciencia colectiva de los cubanos
ha madurado y rechaza elementos que pretendieron injertarle pero no
germinaron. [...] Observa con mirada miope quien sólo ve un asunto gay
en el abrazo de Diego y David, o quienes se solazan en sus propias trayectorias
y por cantarle al árbol inmediato pierden de vista el bosque. Bienvenido
el actual momento de crisis si promueve la revisión de los valores imperantes
en la vida cubana y una irrecusable reafirmación de la identidad nacional.
En ella deben caber todos los sabores, es decir, todas las opciones
y las interpretaciones."
Reynaldo González, "La cultura cubana con sabor a fresa y chocolate",
en Cuba, una asignatura pendiente, Palma de Mallorca, 1998
"Casi
dos minutos duró la ovación entusiasmada y unánime que provocó Fresa
y chocolate [en el Festival de Berlín], magistral y conmovedora película
dirigida por el maestro del cine cubano Tomás Gutiérrez Alea, un clásico
viviente, considerado por muchos historiadores el más grande cineasta
de nuestro idioma, tras la sombra de Buñuel. La película, de una veracidad
portentosa y una emotividad contagiosa, era de antemano considerada
elitista y de poca audiencia, pero ayer se convirtió en la estrella
indiscutible del Festival. "
Ángel Fernández-Santos, El País, Madrid, 1994
"[...]
más que una película a favor o en contra del sistema, la historia ha
devenido una inmejorable lección para aprender que no siempre "el que
no está conmigo necesariamente está contra mí". [...] Fresa y chocolate
se las arregla para hacer descansar su mérito esencial en la lucidez
con la que se asoma al contexto: de un modo crítico, sí, pero buscando
propagar la moraleja a niveles mucho más ambiciosos y universales."
Juan Antonio García-Borrero: "Cine cubano: la pupila insomne", en
Memorias del cine cubano, Casa de América, Madrid, 1999.
"La sorprendente,
honesta, deliciosa, triste y necesaria Fresa y chocolate... demuestra
[...] que es posible hacer un cine excelente con medios paupérrimos
si se dispone de sinceridad, compromiso, talento y una historia que
merezca la pena ser contada."
Carlos Boyero, El Mundo, Madrid, 1994.
"No consideré
[Fresa y chocolate] un filme de gran calidad, pero admiré su coraje
social y la sabiduría con que Titón y Mario García Joya supieron elaborar
una puesta en escena que ocurría mayormente entre cuatro paredes. Años
atrás, exactamente en 1987, yo había presentado un argumento, Océano,
donde por primera vez en el cine cubano se hablaba de diversidad sexual."
Humberto Solás en "Habría que estar en mi piel", entrevista de Rufo
Caballero en Revolución y Cultura, # 2-3, La Habana, 1999.
"Esta
película vivaz -de modestos recursos pero con diálogos brillantes, una
escritura fílmica sumamente cuidada, personajes que se crecen en sus
papeles y una sencilla pero elegante puesta en escena bañada por el
sublime resplandor de una luz dorada- tiene por marco la sociedad cubana
y por tema la contradicción entre una sociedad progresista y una cultura
conservadora..."
Monica Haim, 24 Images, París, 1994-95.
"Viniendo
de Cuba, Fresa y chocolate se hace más retadora y apremiante, pero su
tema -un alegato a favor de la comprensión y la indulgencia- funciona
en cualquier medio. Es una película muy cubana, pero con un mensaje
dirigido al mundo."
René Rodríguez, The Herald, Miami, 1995.
"Aunque
son eminentemente políticos la mayoría de los conceptos sometidos a
discusión en Fresa y chocolate, el saldo de la historia es genuinamente
humanista: la desconfianza, la intolerancia, la sospecha y la incomunicación
sucumben a la voluntad de reconocimiento mutuo. El prejuicio con respecto
al otro se revierte contra uno mismo."
José Antonio Évora, Tomás Gutiérrez Alea, Madrid, 1996.