"Decidí
hacer la película a partir de una experiencia personal. Puede sucederle
a cualquiera. Me vi de pronto atrapado en los laberintos de la burocracia
a partir de unos problemas muy simples y elementales que quise resolver.
Perdí mucho tiempo en eso y decidí hacer justicia por mis propias manos.
Pensándolo bien -me dije- mejor hago una película y así me evito líos
con la policía. De esa resolución salió una comedia, porque ¿no es ese
el tono más apropiado para expresar el carácter absurdo que adquieren
las deformaciones burocráticas, los formalismos y los formulismos vacíos
que no tienen nada que ver con la práctica revolucionaria? [...] Sería
mucho pedir a una comedia como esta que provocara una toma de conciencia
en el espectador burócrata. Creo que muy pocos burócratas se reconocieron
como tales ante el filme. Seguramente se reían, eso sí, de los otros
burócratas, los que ellos mismos han tenido que padecer en alguna ocasión.
El efecto positivo del filme está en que brinda apoyo moral a las víctimas
del burocratismo.."
Tomás Gutiérrez Alea en "Un apoyo moral a las víctimas del burocratismo",
entrevista de Gary Crowdus, Cineaste, Nueva York, 1979.
" [...]
sabroso, desprejuiciado, corrosivo, que hace reverdecer la tradición
del viejo e ilustre cine cómico (sobre todo, norteamericano), y la pone
al servicio de una causa sagrada, la cual tiene, en los países socialistas,
un particular fundamento crítico." Aggeo Savioli, L´Unità, Roma, 1966.
"Es una película de un cineasta que sabe hacer locuras. Hay alusiones
directas a todo tipo de realizadores, desde Buñuel hasta Laurel y Hardy.
La comedia abarca desde la farsa campesina hasta los porrazos de Sennet
y algunos tipos más sutiles de comedia y de sátira. En conjunto, el
tono viene a caer entre Berlanga y Buñuel, pero lo asombroso es la destreza
con que Gutiérrez Alea incorpora todas las influencias en un todo único
y logrado. Es sin duda el primer director, en los últimos cuarenta años,
que haya podido presentar en gran escala los pasteles de crema y los
porrazos." David Robinson, Financial Times, Londres, 1969
"Tomás
Gutiérrez Alea ha trabajado minuciosamente esta historia sencilla, universal
en sus planteamientos (¿quién no se ha visto envuelto alguna vez en
la madeja de la burocracia?), con el irritante burocratismo como tema;
el resultado es un viaje hilarante por territorios serios, manejado
con maravilloso equilibrio por este gran director."
Norma Mclain Stoop, After Dark, Nueva York, 1978.
"Una vez
más la burocracia ocupa su lugar, esta vez en una Cuba revolucionaria
donde por lo visto no sólo han mejorado la sociedad, sino que además
están dispuestos a admitir que todavía hay que dar algunos pasos en
ese largo camino hacia la perfección."
Archer Winston, The New York Post, 1979.
"Esta
película, terminada en 1966 -dos años antes de que el mismo director
realizara su extraordinaria Memorias del subdesarrollo-, es tanto cine
de autor como una sátira social. [...] Alea se las ha arreglado, con
notable maestría, para armar una comedia cuya gracia lunática sostiene
bien el reto."
Vincent Canby, The New York Times, 1979.