|

"ARSÉNICO POR FAVOR"
DE GONZALO SUÁREZ
Me suelen preguntar por qué me he metido en esto de
adaptar y dirigir teatro con una obra como "Arsénico
por favor". No lo sé. La mayor parte de las cosas
que hago o dejo de hacer no obedecen a la razón sino
a las sensaciones. En este proyecto he tenido, desde el principio,
buenas sensaciones. Lo que no deja de ser una buena razón
para haberme dedicado a escribir el verano pasado, en Asturias,
la versión de la obra de Kesselring. He de confesar,
aunque tenga que hacérmelo perdonar, que lo pasé
muy bien. Pasárselo bien escribiendo no es cosa que
pase todos los días. Así que ahí tenemos
otra buena razón para haber hecho todo lo que hice.
 |
El trabajo con los actores durante más de dos meses
resultó, todo hay que decirlo, duro para ellos e inquietante
para mí. En cine se les captura en el encuadre y plano
a plano se controla su interpretación. En teatro, uno
trabaja en plano sostenido y general. Preservar el tono y
obtener el ritmo en una comedia disparatada como "Arsénico
por favor", con once intérpretes transitando por
escena, no es tarea fácil. Menos aún cuando
se trataba de hacer parodia de la parodia con un mecanismo
cuya puesta a punto es, desde hace años, uno de mis
juegos preferidos. Personajes de cómic o gran guiñol,
retazos de gótico y musical, estructura de vaudeville
con cementerio al fondo. Toda una gama de géneros contradictorios
o, si lo prefieren, degenerados. Por si libertad, más
allá de cualquier tranquilizadora etiqueta y de exógenos
contextos, "Arsénico por favor" es una pieza
de acción-ficción. Afortunadamente, los actores
se prestaron a la propuesta y ahora ya son ellos los que se
han ganado el esforzado privilegio de disfrutar libremente
zambulléndose con el público en la bañera
del escenario. 
|