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"¡Qué fluido nervioso me descargan los
cuentos de Gonzalo Suárez!", escribía Vicente
Aleixandre en 1965, refiriéndose a "Trece veces
trece", "Me hacen vivir más, profundamente,
ensanchando algo así como la conciencia del conocimiento.
Hay una precisión tan justa que parece matemática,
y el clima delirante (¿lo es?) está tratado,
¡gran valor!, al modo cartesiano. Por eso esa sensación
de implacabilidad. No hay fisura en la presentación
de la realidad obtenida y revelada. Estos cuentos tienen la
magia de lo irracional tratado con la máxima racionalidad.
Y son un ejemplo lúcido de imaginación e inteligencia
tan apretadas en unidad que la fantasía cesa, no lo
es realmente, se hacen indagación en un objeto real
traído para nosotros, para nuestro conocimiento
y
pasmo"
"Trece veces trece" es el tercer libro que Gonzalo
Suárez publicaba en Barcelona y ya había despertado
la curiosidad, el interés y el entusiasmo de quienes,
como Max Aub, veían en él un pionero de la ruptura
con el naturalismo imperante y el primer adalid de la modernidad.
Pero este autor, siempre imprevisible, dio un súbito
quiebro a sus derroteros literarios para escribir y realizar
cine, ante la consternación de no pocos de sus seguidores
que no acertaron a comprender hasta qué punto sus películas,
libre e imaginativas en su mayoría, mantenían
la coherencia interior de la obra, dado su deliberado carácter
literario.
Sin entrar en la controversia que todavía hoy perdura,
los relatos de "Trece veces trece" siguen, al cabo
del tiempo, manteniendo las fascinantes cualidades a través
de un humor delirante donde, para volver a citar palabras
de Aleixandre: "Todo es no siendo. ¡Qué
vértigo al terminar!"
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