Queridos todos, Soy un autor abrumado. Vuestro cadáver exquisito desborda mi imaginación y me abre apetitos inconfesables, sobretodo cuando Skancia me habla de las patatas guisadas con carne que empañan los cristales de las gafas de Samuel. Sospecho que el mayor culpable de esta vorágine de "acciones ficciones" no soy yo, sino un personaje que se camuflan entre vosotros y cuyo influjo literario está resultando contagioso. ¿Es Josef K.? ¿Bluemoon ? ¿Emet ? ¿San Pancracio ? O Pepa, mi excartera, por aquello de que " la cartera siempre llama dos veces". Añoro sus cartas, que me hablaban de entrañables saldos bancarios y me hacía, frecuentemente, llorar. Me gustaría contestaros uno a uno, una a una, pero estoy totalmente sumergido escribiendo no sé qué, ni para qué y me resulta imposible sacar la cabeza de un mar de palabras, que más bien parecen pirañas, y de imágenes que colean como tontos atunes. Mi vida, de repente, es una sopa de letras. No obstante, os leo con fruición y me siento estimulado al comprobar que la epidemia literaria se propaga de forma imparable. Voy a proponer, de hecho ya lo he propuesto, que el FNAC publique vuestros muy exquisitos cadáveres, para dejar constancia de vuestra estupenda insensatez, siempre y cuando os apetezca la idea, claro está. Os envío un abrazo para el que necesitaré más tentáculos que el pulpo de "Veinte mil leguas de viaje submarino".
Gonzalo Suarez
Entrar al Foro++
Era una dia gris y lluvioso, hacia frío de muerte, las marrones hojas de los robles se desplomaban sobre el suelo.
De beber, sidra
Skancia
Atravesando la calle, Samuel saltaba los charcos con muy poca suerte. Se abstraía de aquel día pensando en...
detrás
Josef K.
...la comida que le esperaba en la casa de la tía Rosa. Como todos los lunes, caminaba hasta...
delante
Skancia
...ese lugar y, a medida que pasaba el tiempo, una desazón inexplicable le oprimía el corazón. Todo eso, algún día, se terminaría. Entonces, entre la lluvia, le vio.
arriba
Josef K.
Su sombrero gris calado hasta el fondo de la cabeza, su vieja y sucia gabardina, aquellos zapatos hechos añicos tras años de vagabundeo, y aquel libro, aquel libro de...
abajo
Skancia
...estampas chinas, que apretaba con fuerza como si alguien quisiese arrebatárselo.
cadáver exquisito
ip
Hacia diez años que el pobre Manuel había regresado de aquel viaje, y desde entonces no se apartaba del único recuerdo que le quedaba de Marlem. Fueron muchos años juntos, y demasiado rápida la despedida. Ni siquiera Samuel podía entender...
1,2 canta a viva voz
Skancia
qué le impedía salir corriendo en ese momento y tras desembarazarse del libro y de las comprometedoras fotos,
voz viva canta 2,1
San Pancracio
...regresar a la calma, volver a ser aquel Manuel que años antes vendía manzanas de caramelo en aquel puesto de la feria,
3,4 el hombre del saco
Skancia
...cuando no tenía preocupaciones y su vida era un largo ir y venir de clientes en busca de librarse de la calderilla comprando una oculta manzana podrida.
la dulce manzana podrida
San Pancracio
Tia Rosa tenía las mejillas sonrosadas por el calor de aquella vieja cocina de carbón, los ojos se iluminaban cada vez que veía llegar a Samuel. En aquella casa había...
5,6 decid lo que veis
Skancia
...un cierto regustillo a cerrado, que no le desagradaba, le hacía recordar a su infancia. Aún asi no lograba quitarse de la cabeza la aparición de Marlem...
cortinas de ganchillo
San Pancracio
...que lo perseguia como un fantasma, por cada rincón de la casa. Pero no tardaría en romper aquel vínculo y una nueva piel cambiaria su vida.
lo nuevo, si bonito...
Emet
Las patatas guisadas con carne empañaban con su vaho los cristales de las gafas de Samuel, aquellos gastronomitos momentos eran realmente un auténtico placer para él. El trabajo y las prisas diarias le impedían...
7,8 cómete un bizcocho
Skancia
...hacer caso a los pensamientos que le acechaban desde que pasó aquello. Quizás él había buscado el no tener un respiro en el trabajo para no darle vueltas al misterioso suceso que le hizo....
espiando a los vecinos
San Pancracio
...abandonar aquella casa. Nadie podía comprender el porqué de aquello, pero algo dentro de él le impedía…
9,10 dónde está Fred
Skancia
...cometer aquel horrible crimen. Por otra parte, su lado oculto le hacía desear descuartizar aquel cuerpo puro y virgen. Beber con deleite aquella sangre incorrupta, para lograr detener el paso del tenebroso tiempo.
no estaba muerto, estaba de parranda
Emet
Los días eran interminables, las noches cortas y dañinas como las espinas de las rosas, no podía seguir de aquella manera, debilitándose bajo el sol y la luna, bajo el día y la noche, no había llegado a ese extremo...
Uyyy qué vampiresco
Skancia
...donde la extenuación le hubiese obligado a perderse por ese mundo de claroscuros, de callejones con gatos que a menudo le parecía que aullaban su nombre y el de la ausencia de...
relato a perdigonazos
Bluemoon
...Margot. Bruscamente despertó de la ensoñación, la tía Rosa con la delicadeza que le caracterizaba dejó caer el cucharón en la olla...
Margot
San Pancracio
...haciéndole volver a la cotidiana realidad, el olor de las lentejas ya casi listas.
Adoraba ese viejo caserón que le traía una y mil veces recuerdos de los veranos de su infancia: el olor a chimenea, el olor a barro procedente del agua de lluvia recién caída y sobre todo esas sábanas blancas de lino blanco donde le obligaban a dormir la siesta...
el viejo caserón
Bluemoon
...todas las tardes de verano. Al salir de la casa, Samuel se dio media vuelta y contempló de arriba abajo el edificio, tenía el presentimiento de que aquella iba a ser la última vez que acudiría a ver a su tía para comer. Volvió a fijar la vista al frente y tomó el camino que le llevaría...
nos estamos perdiendo
Skancia
...hasta la cafetería donde habían visto por última vez a Margot.
volvamos a la acción
San Pancracio
La niebla se había echado sobre la ciudad, el parque tenía aquel encantador aspecto melancólico que tanto gustaba a Samuel, la cafetería no estaba lejos, a un par de manzanas.
El Tivoli era una de esas cafeterías de siempre, con sillas bajas, mesas de hierro y granito, las lámparas de cristal, y la barra pequeña y, como todos las cafeterías con estilo, a la derecha de la puerta de entrada. Samuel decidió ir al fondo, había unos pequeños sofás desgastados por el uso diario de las ancianas que pasaban por alli.
la cafetería
Skancia
Se preguntó qué le apetecía beber y aunque su cuerpo le pedía un café muy caliente pensó que el burbon iría mejor con sus sentimientos aquel día.
Cogió una servilleta y de manera inconsciente empezó a hacer garabatos o más bien a simular diferentes formas de escribir un nombre: "Margot". Y entonces recordó lo que una vez le dijo Buenaventura. Que Recordar es lo contrario de Ser.
burbon con nostalgia, por favor
bluemoon
En la mesa de al lado, dos ancianas de pelo canoso y chaqueta de punto a juego, estaban concentradas en la partida de bridge que tenían sobre la pequeña mesa. A los pies de una de las ancianas había un escuálido perro de compañía vestido con unos ridículos lacitos de colores vivos. El camarero apareció dejando sobre la mesa el vaso de burbon y el ticket con el precio. A Samuel le gustaba saborear aquel burbon especialmente seco. Tomó un sorbo e izó la cabeza, fijándose en la baraja que utilizaban aquellas dulces ancianas, al principio no se había dado cuenta, pero…
La baraja
Skancia
... al dirigir la mirada a las dos ancianas se percató de que uno de los rostros le era muy familiar.
As de copas
San Pancracio
No sabía a ciencia cierta qué había en aquella mujer pero algo en sus ojos y sobre todo en su forma de mirar le resultó muy próximo. Así que después de estar un rato meditándolo, decidió aproximarse, y con la tan manida excusa de pedir fuego, poder entablar conversación o intentar ser reconocido por la otra persona.
Aproxi-
maciones

bluemoon
Su intento no sirvió para mucho, su compañera le alcanzó el fuego y no le dirigieron la mirada. Decidió entonces....
1,2,3
San Pancracio
...hablar él, pero justo antes de que de su boca saliera palabra alguna, se dio cuenta de que aquella no era una baraja clásica, ni aquello parecía el típico juego de bridge de toda anciana con clase, eran unas cartas reconocidas por él, aquellos dibujos, aquel tamaño… El Tarot había representado una parte importante de la vida de Samuel. De repente, la anciana a la que parecía haber reconocido, echó sobre la mesa la carta de la muerte y giró bruscamente la cabeza atravesando con sus ojos la mirada perdida de Samuel.
Cruce de miradas
Skancia
Esa mirada cultivada en los fumaderos de opio a los que Samuel era tan aficionado, ese deleite por la planta del loto le había llevado a lugares de dulce y recónditos placeres muchas veces acompañados por dulces mujeres de ojos rasgados y manos expertas.
perseguido por el opio
Emet
Era ella, no había duda, un escalofrío le invadió y dejó caer el cigarro sobre la mesa.
Qué susto!
San Pancracio
Margot le dio una patada al perro que tenía a sus pies, que chilló como un cerdo por San Martín, y comenzó a morder de forma ridícula la pata de la mesa. Samuel no daba crédito, su compañera de viaje, su alter ego, convertida ahora en una pestilente anciana, ¿pero, cómo era posible? Sus cabellos dorados eran ahora lacios, aquellas arrugas, aquellas arrugas con las que él tanto había soñado a lo largo del tiempo. Ella lo había logrado. Mientras que él seguía allí consumiéndose en su eterna juventud.
Como un cerdo por San Martín
Skancia
¿Cómo era posible? Él lo había intentado todo para conseguirlo y nunca pudo hacerlo, ya lo había dado por imposible.
Qué injusticia!
San Pancracio
Samuel dejó un billete de 20 sobre la mesa y abandonó precipitadamente la cafetería. Aquello que acababa de ver había trastocado por completo sus planes, por fin podría…
Uno de 20 sobre la mesa
Skancia
...poner punto final a aquel capítulo de su vida que le había obsesionado durante tanto tiempo, ajeno a lo que le esperaba a la vuelta de la esquina.
y a la vuelta de la esquina
San Pancracio
Margot siempre había sido un ser especial dentro de la familia, había vivido poco tiempo entre ellos, pero los había impresionado a todos con su sangre fría y su desgarradora sed. Había sido la causante de la bajada de población de aquel triste Londres de entre guerras, había estado recorriendo todo el mundo en busca de nuevas experiencias. Al final de los años 40, el destino hizo que…
La historia de Margot
Skancia
...se separasen, pero hubo algo entre ellos dificil de olvidar, por lo menos para Samuel, una vez recuperado de su dentellada en el cuello...
su señal
San Pancracio
...que le había echo permanecer agonizante en un hospital durante varias semanas. Samuel sólo recordaba algunas confesiones que ella le había susurrado en su inconsciencia.
El cotidiano acontecer en la casa e incondicionales palabras de amor que nunca había sido capaz de reclamar por no saber si eran parte de un sueño febril.
¿delirio o realidad?
Bluemoon
Esta mujer no le convenía. Demasiado "peligrosa" para él, aun así sentía una irremediable atracción por ella. Es más, después de recibir el encantador mordisco en el cuello, no podía evitar sentir una irresistible tendencia por los despejados cogotes.
cogotes, cogotes y más
cogotes

San Pancracio
Al torcer la esquina, y como si se tratase de la propia sombra de Samuel, apareció de detrás de los cubos metálicos de basura el otro conocedor de la historia verdadera. Manuel llevaba aún el libro de estampas chinescas bajo el brazo, pero no le impidió abalanzarse sobre Samuel empujándole contra la verja metálica que había en su costado.
-Yo también la he visto -le susurró Manuel al oído- Ahora ella me busca, busca el libro…
Samuel estaba inmovilizado...
yo también la he visto
Skancia
...bloqueado por el pánico. Todos los fantamas de su pasado le acechaban de nuevo, rápidamente tenía que encontrar un escondite seguro para el libro.
Las sombras
San Pancracio
Aquel libro no contenía sólo una historia, era la verdadera vida, un trozo de la realidad escrito con sangre humana. Quien lo poseyera tendría en sus manos el alma de los personajes manejaría sus destinos a su entero antojo. Y Samuel sabía que su nombre y el de ella formaban parte de aquellas páginas.
¡matadlos a todos...
Emet
En el capítulo seis se podía leer: "No puedo desprenderme de este olor. El hedor a carne podrida se ha hecho con todo mi cuerpo. Mis manos, mi pelo y hasta mis uñas huelen a muerte".
Capítulo Seis
Perry Smith
En el Libro de Nod venía registrada toda la historia más antigua de los Vampiros, en él se describe la ascensión y caída del poder temporal, y el tumultuoso nacimiento de las líneas de sangre. Todos los secretos, toda la vida, toda la muerte venía allí reflejada. Era un arma demasiado valiosa como para rechazarla, pero demasiado codiciada por los de la especie y por los cazadores.
Samuel salió de aquel callejón sucio y húmedo con el conocimiento de que ella le vigilaba.
Líneas de sangre
Skancia
Lo notaba a pesar del miedo que sentía. También se sentía vivo por primera vez en mucho tiempo. Efusivo corrió calle abajo.
Reflejo en el Manzanares
San Pancracio
Samuel había conocido a Evelyn hace apenas cinco años, en la nochebuena del 1997. Ella le presionó, halagó y finalmente sedujo para que le revelara sus secretos. Con la verdad descubierta, nada impedía a Evelyn su transformación en uno de la familia. Evelyn era baja, y de constitución media, pelo negro y tez pálida, unos ojos verde esmeralda, y unos labios notablemente finos, pero con una gran sonrisa que volvía loco a Samuel.
Al llegar a casa, jadeante, Samuel ocultó el libro dentro de la caja fuerte que había detrás de aquel espantoso cuadro de Monet. Evelyn estaba en el sofá, descansando.
La compañera de viaje
Skancia
Conocía tanto a Samuel que se sentía profundamente poderosa ante su debilidad pero al mismo tiempo su ambición le hacía planear otras víctimas.
Debilidades
Bluemoon
Samuel se sentó a su lado, no mencionó palabra alguna, cogió la larga pierna de Evelyn entre sus manos y empezó a acariciarla mientras mantenía su mirada perdida en el vacío.
-¿Qué sucede? -pregunto Evelyn, consciente de que algo importante había pasado.
Samuel se mantuvo callado, en silencio, un silencio incómodo, sepulcral. Sabía que ella insistiría, pero por el bien de los dos, no debería de comentarle nada de lo sucedido aquella noche.
Los silencios y la pierna de Evelyn
Skancia
Samuel sabía que tendría que ser especialmente cuidadoso si quería desviar la atención de Evelyn porque ella había aprendido a leer en sus ojos y esto le hacía especialmente vulnerable.
Transpa-rencia
Bluemoon

-Tia Rosa, que no se encontraba muy bien hoy. Creo que deberia acudir de nuevo a aquel médico de New Hampton -Samuel se levantó aún con sus últimas palabras en los labios.
Evelyn le miró extrañada, pero parecía que se había tragado aquella farsa.
Samuel se dirigió a la cocina. Abrió el armario de la parte superior derecha y cogió de allí un bote de té que había traído de aquel viaje. Puso a calentar un poco de agua en el cazo. Cuando estaba lo suficientemente caliente echó un poco en un vaso, una cucharadita de té verde, y esperó a que se abrieran las hojas, echó agua hasta llenar el vaso. Con el té aún humeante se sentó en la mesa de madera y cristal de la cocina y se puso a leer una revista.

Tía Rosa ataca de nuevo
Skancia
Y le ocurrió algo que desde niño no le pasaba, empezó a dar cabezazos sobre la revista hasta que cayó profundamente dormido sobre la mesa de cristal.
Absorto
San Pancracio
Cortado y mal trecho se incorporó y su mirada fue a posarse, atraída por no se sabe qué, a la página entreabierta y ensangrentada de la revista que le hacía regresar como en una ensoñación a un pasado que ya creía olvidado.
Cortado y mal trecho
Emet
Se sentía feliz, a pesar de que su rostro, reflejado en el espejo, le sonreía.
Abrió el armario, y de su interior tomó unas finas cuchillas que posó cuidadosamente sobre el lavabo.
A pesar de todo, la muerte, para él, iba a comenzar por primera vez.
Happy ending
Dr. Zarkov
Evelyn se acercó apresurada a la cocina, los cristales estaban esparcidos por todo el suelo, un reguero de sangre coagulada llevaba directamente al lavabo. Allí estaba Samuel, con la cara llena de sangre espesa y heridas recién cicatrizadas.
Los movimientos espasmódicos de Samuel acuchillándose los brazos aterraron a Evelyn. Algo no iba bien, hacía mucho tiempo que él había logrado superar su condición, que había sido capaz de asumir su destino, que no hacía tonterías como las que estaba haciendo ahora mismo.
Evelyn atacó de inmediato a Samuel, lanzándose a su cuello, haciéndole paralizarse, y haciendo que las cuchillas cayeran al suelo.
Sangre coagulada
Skancia
Embadurnada como estaba por la sangre de aquellos ojos verdes. Cuya pupila comenzaba ya a dilatarse suave, grácilmente, como un beso inacabado. En ese justo instante en que la bella señora llamaba a la puerta de Samuel, ella quería acompañarlo. ¿Por qué iba a respetar su egoísmo infame?, siempre conseguía apartarla de sus proyectos, hasta en el final lo había logrado ¡Maldito seas Samuel!
La muerte no espera ¿Quizas una partida de ajedrez?
Emet
La reacción normal no hubiera sido la que llevó a Evelyn a despejarse de casi toda su sangre para darle de nuevo la vida al que a pesar de ser su compañero, también era su rival, su rival en la supervivencia del día a día. La reacción normal hubiera sido dejar que Samuel se consumiera, que Samuel desapareciera para siempre.
Ahora yacían los dos en el suelo, rodeados de cristales rotos, de sangre muerta y de desesperación.
El peón se mueve en busca de la reina
Skancia
Un joven granuliento y desgarbado se acerco para ver lo que ocurría.
Cristales rotos
San Pancracio
Una muchedumbre se aglutinaba alrededor del círculo policial que protegía la labor del forense. Intentaba descifrar el puzzle que formaban aquellos dos cadáveres semicalcinados que habían aparecido a las puertas del Tivoli.
El peón es comido por la torre
Skancia
Con lo que odiaba Samuel las multitudes, ahora se encontraba expuesto al voyeurismo del populacho, ésas miradas penetrantes y ese murmullo continuo del parloteo, del incesante ir y venir de rumores que se llevaba el viento:
-Un crimen pasional -decían unos.
-Este barrio está lleno de gentuza -comentaban los más moralistas.
Pero todos olvidaban que no hay razones ni para el amor ni para la muerte
Post mortem
Bluemoon