El otro día me cito una mujer en su casa. Abrí la puerta y abrió las piernas. Fue una bonita manera de decirme "hola". Pero fingí no advertirlo. Me asomé a la ventana. Había un hombre vestido de luto en la acera. Era el hombre más oscuro que había visto en mi vida a la luz del sol. No presagiaba, por supuesto, nada bueno.
- ¿Lo conoces? -le pregunté.
- No -me mintió. Y sonrió. Tenía tres cosas irresistibles. La voz, los labios y la mirada miope tras los cristales de las gafas. Pero también me gustaba lo demás. Y cuando, al fin, la tomé en mis brazos, el hombre oscuro irrumpió en la habitación y me mató a balazos. Al parecer, ella siempre lo hacía así. Era una manera como otra cualquiera de proporcionarle la mayor intensidad al orgasmo y sin verse involucrada en compromisos sentimentales después.

G. S.

  Todos los textos:
> Un día en la vida de G.Suarez
> Una noche inolvidable en la vida de G.S.
> Cuento casi sufí
> Rara normalidad
> El mordisco original
> Yo y el Diablo
> El principio del Diablo
> Cosas de Dios
> Divino designio
> La muerte alegre
> La Luna y la cacerola
> Marylin Monroe
> Un verano en la vida de G.S. y sus consecuencias
> Geométrico Raciocinio
> Ante un lago helado
> Melancolía
> Mujer entre peces
> El dragón triste