Si la
luna fuera cuadrada y el sol hexagonal, la tierra rodaría
a trompicones, tropezando en los esquinazos de un universo,
como Dios, triangular. Así las tempestades y las
pasiones serían tan sólo desavenencias geométricas
con el diseño divino.
Eso sería el colmo de la racionalidad.
G. S.
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