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¿Cómo fue la génesis
de la película?
Después de La pelota vasca, estuve un año intentando recuperarme,
recomponer mi ánimo, reunir mis trozos, que se quedaron un poco por ahí dispersos,
y lo conseguí. Ya un momento dado, en verano, un año más
tarde, empecé a plantearme el meterme en una historia nueva y surgió Caótica
Ana. En principio iba a ser una comedia. El caos de Ana consistía
en que, allá por donde ella pasaba, todo lo que estaba organizado se desorganizaba,
lo que estaba ordenado se desordenaba… Y, de repente, por alguna razón,
apareció por ahí mi hermana Ana. Ana era pintora, en 2001 se mató en
un accidente de coche. Yo, basándome un poco en ella y en su carácter,
toqué algo el origen del personaje de Ana. No hago una biografía
de mi hermana. El punto de partida es cómo era ella y después,
me voy inventando la historia. Por un lado, manejo al personaje caminando en
su propio presente, y luego surgió la idea de que en sus cuadros había
puertas pintadas que en un momento dado se empezarían a abrir. Y de nuevo
ahí aparece la historia de la comedia original, pero no ya en clave de
comedia: a sus espaldas, algo empieza a ocurrir poco a poco, sin que ella lo
intuya. Esas puertas se abren y comienza a aflorar el nuevo caos de Ana, la nueva
dimensión que le he dado al caos en Caótica Ana. Un caos
que es el pozo de recuerdos de otras vidas y otras mujeres que existieron.
La película no se entiende, entonces, sin la
presencia de tu hermana.
Lo que le ocurre al personaje de Ana tiene que ver con la presencia
de mi hermana en mí. Hay un momento en la película
en que Ana dice que no sabe muy bien a dónde va el alma
de los muertos, y que no está claro que haya paraísos
exteriores; pero que esas almas pueden volar hacia el alma de
los vivos, de quienes conocen, de quienes quieren. Evidentemente,
sí que tengo instalado dentro mi un sentimiento, por ella.
El personaje fue un reflejo, en el que también conviven
otras personas. A través de ella se pueden entender cosas,
de cómo somos, y que tienen que ver con el subconsciente
colectivo. Son retazos, fragmentos, imágenes, memorias
de ella.
Por todo lo que hemos hablado, Caótica Ana es
tu película más personal. ¿Qué sensaciones
tienes ante la película?
Estoy muy contento y muy orgulloso de ella. Ha sido un proceso
largo, pero también es verdad que es una película
que ha habido que ir descubriéndola. Contenía muchos
sustratos, que estaban en clave de enigma mientras la iba haciendo.
Poco a poco, se fueron abriendo ranuras por las que yo también
he ido comprendiendo mejor la historia. Las personas que la han
visto tienen clarísimo que, según acaba la película,
no puedes preguntar nada. Hay que esperar un rato porque te quedas
en un estado de trance y de shock emocional. Eso es algo que
me gusta y me parece muy interesante, estupendo. La peli también
tiene sus aspectos para pensarla y analizarla, pero la experiencia
de verla es fundamentalmente emocional. Es una película
muy libre y muy fresca. Me he sentido muy libre con el lenguaje.
A veces tú mismo te marcas un lenguaje, pero en Caótica
Ana me he soltado más. Tengo una clave de tono y
de atmósfera, y tengo que escribir en esa clave, pero
el resultado es que hay libertad. Hay libertad imaginándola
y creándola.
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Ana es un catalizador de muchas mujeres que han vivido
antes que ella. Hay mucha fuerza y energía femeninas en
la película.
La última aparición importante, en el lado artístico, ha
sido la incorporación de Jocelyn Pook, que con su talento y su música
ha mejorado la película. Trasmite toda esa energía colectiva de
mujeres que le van trayendo algo a Ana, algo noble que llevan en forma de coro
de mujer, con muchísimo esfuerzo, a veces trágico, y según
va llegando a ella aparece el goce de sentir que ya estás ligado al destino.
Hay un momento en que Ana tiene que será consciente de eso, y entonces
ella sí que mirará hacia allí. Es donde aparece en la película
la idea del sacrificio, de dejar tu individualidad y ofrecerte al grupo, que éticamente
es superior y ocupa un lugar superior al tuyo propio. Para eso debe haber un
estímulo. Esa corriente de la música que viene del tiempo, que
viene de muy abajo, resulta muy emocionante.
Con Caótica Ana recorres
escenarios que se suman a tus escenarios personales. Madrid, Ibiza, el Sahara,
Nueva York, Arizona… La figura del viaje está muy
presente en la película.
Me gusta rodar en exteriores que ya por sí son muy mágicos y aportan
mucho. Para los que la hemos hecho, esta película también ha supuesto
viajar. Cuando estuvimos localizando en Nueva York, le dije a Manuela “Vente
con nosotros, tú vas a vivir aquí también, esta es tu casa”,
y también por supuesto a Ibiza. El punto de partida surgió que
fuera allí. Ana es un personaje que ha vivido una infancia muy feliz,
un poco despegada del mundo, en un sitio de mucha luz con su padre, un hippie
alemán grandote. Quería que el primer viaje de Ana fuera de Ibiza
a Madrid, a la ciudad, y el contraste ha funcionado.
Diste el papel de Ana a Manuela Vellés, con el
que debuta en la interpretación. ¿Cómo
llegaste a ella?
Vimos un montón de actrices, hice casting mucho
tiempo y cuando ví a Manuela pensé “Pero,
bueno, esto es impresionante”. Hubo mucho trabajo previo
con ella en los ensayos para conseguir que viera el personaje
y también para que aprendiera a interpretar, porque ella
no había hecho nunca nada. Me encontré con una
persona inteligente, porosa, con mucha fortaleza. Este personaje
ha sido el más complicado que yo he escrito, y el que
lo interprete una actriz que nunca ha hecho nada ha sido para
mí el reto fundamental de la película.
¿Cómo conseguiste lo que querías
de ella?
Una de las cosas que hice fue escribirle un monólogo
sobre los diez recuerdos más importantes de Ana. Ella
cerraba los ojos y yo le insistía con un trabajo de sugestión,
de ver imágenes que yo fabricaba. Luego hubo trabajo de
voz con Lidia García, una fonetista fantástica,
porque yo quería que hablara con una voz más de
niña. En la primera parte de la película me interesaba
que Ana estuviera menos hecha, que hubiera sufrido menos. Menos
mal que me he encontrado una persona dispuestísima. Su
energía era tan bonita… Estábamos todos
encantados con ella. Era nuestro tesoro, la clave de todo. Para
mí, trabajar con ella ha sido algo precioso. Todo un aprendizaje.
Clemente Corona
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