En la película de Tavernier , “La muerte en directo” Romy Scheneider , tras quedarse ciega, sufría una operación para instalarle tras los ojos un par de cámaras, que retransmitían a una misteriosa organización todo lo que veía. Otro film , éste mas reciente y menos conseguido “La memoria de los muertos” ( “The final cut” era su título original) , describe un mundo no muy lejano en que los padres tiene la opción de instalar a sus bebés un chip que grabará su vida segundo a segundo. Tras la muerte, un montador se encargará de editar la película de sus vidas, escogiendo sólo los buenos momentos, para un funeral donde los asistentes podrán contemplar una versión edulcorada de la existencia de aquellos que llevaban el chip.
Hoy, el científico Gordon Bell a sus 71 años, ha decidido colgarse al cuello una cámara digital que saca una foto cada minuto para registrar todos sus recuerdos en un soporte digital. Todas sus conversaciones van a ser grabadas, sus encuentros, los momentos en que se mira al espejo y ve un trozo de espinaca entre sus dientes, cuando va al baño, cuando se hurga la nariz, cuando elabora y verbaliza una idea interesante, cuando dice una tontería, cuando se emociona leyendo a Keats y cuando se tira un pedo. Todos sus pasos, todos sus encuentros, sus dudas, sus miedos, sus errores, sus comidas indigestas van a quedar registrados en un facsímil digital de su existencia que va a quedar registrado en el Bay Research Centre que Microsoft posee en San Francisco.
El objetivo de este experimento es ampliar los límites de la información que los ordenadores son capaces de manejar y desarrollar una estrategia experimental para combatir la pérdida de memoria provocados por transtornos neurodegenerativos como el Alzheimer. La base de datos de Microsoft denominada “Mylife-Bits ( en inglés “bit” tiene el doble significado de “fragmentos de vida” y el “bit” como unidad de información elemental) representa para los programadores una oportunidad sin precedentes que abre tantos interrogantes como los que se supone ayudará a resolver. ¿Cómo se va a organizar un programa que pueda interconectar acontecimientos tan dispares como la emoción ante la muerte de un ser querido , la nostalgia al oír una canción de Billie Holliday y el miedo provocado por una sombra amenazadora en plena noche? ¿Quién garantiza que nadie salvo el propio doctor Bell y los científicos por él designados serán los únicos que tengan acceso a su memoria digital? ¿Deben las personas que se encuentra cada día el doctor Bell – floristas, taxistas, viejos amigos, exnovias- ser informadas que van a formar parte de la memoria digital de éste? ¿ Van a actuar de manera diferente si saben que todo lo que hagan o digan va a ser registrado?
Dice el doctor Bell que a él no le importa que alguien pueda entrar en la base de datos y escudriñar mis pensamientos mas íntimos ( despues de todo, ningún sistema informático es inexpugnable,para los piratas informáticos- ) pero puede que sus allegados, su mujer, sus nietos, su contable no piensen lo mismo.
Y ¿quién será el dueño de toda esa información, de todos esos recuerdos cuando el doctor Bell fallezca? ¿Sus herederos? ¿o Microsoft? ¿es este experimento la antesala de un Big Brother a gran escala donde todas nuestras vidas quedarán registradas en nombre de la ley y el orden ¿.
Gordon Bell ha renunciado a su intimidad y al lujo de olvidar. Ojalá no tenga que arrepentirse.

Isabel Coixet
(23/03/2006)