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Cuando acabas de rodar una película,
es enormemente difícil hablar de ella. Después
de dormir, comer, vivir, soñar y respirar las
veinticuatro horas con ella, yo tengo la sensación
que las palabras para describir lo que acabas de hacer
nunca van a hacer justicia a la aventura en que los
actores , el equipo y tú , habéis estado
embarcados. Así que, aún sintiendo que
me traiciono, que en la película hay muchas más
cosas y muchas más capas de las que voy a contar,
voy a intentar decir algo.
Un lugar aislado en medio del mar: Una plataforma petrolífera,
donde sólo trabajan hombres, en la que ha ocurrido
un accidente. Una mujer solitaria y misteriosa que intenta
olvidar su pasado (Sarah Polley) es llevada a la plataforma
para que cuide de un hombre (Tim Robbins) que se ha
quedado ciego temporalmente. Entre ellos va creciendo
una extraña intimidad, un vínculo lleno
de secretos, verdades, mentiras, humor y dolor, del
que ninguno de los dos va a salir indemne y que cambiará
sus vidas para siempre. Una película sobre el
peso del pasado. Sobre el silencio repentino que se
produce antes de las tormentas. Sobre veinticinco millones
de olas, un cocinero español (Javier Cámara)
y una oca. Y sobre todas las cosas, sobre el poder del
amor incluso en las más terribles circunstancias.
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