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COSAS
QUE HACER ANTES DE MORIR
¿Qué
puede hacer un ser humano, digamos que una mujer, si a los
23 años, enamorada y madre de dos niñas pequeñas,
con toda la vida por delante, le diagnostican un cáncer
que la matará en pocos meses? Nada menos que ese es
el punto de partida de la última película de
Isabel Coixet, un trago amargo que se apura entre lágrimas
vivificadoras, el testimonio de amor a la vida más
impresionante que ha visto este curtido cronista en muchos
años. Con pocos elementos, girando (como en la no menos
admirable "Cosas que nunca te dije") alrededor de
objetos que actúan como monumental condensación
de sentidos (¡ese caramelo de jengibre con el que se
resume la escena más conmovedora de la película,
justamente la del diagnóstico!) y con una sinceridad
y una honestidad de artista que de artista que uno imagina
siempre ligadas a la madurez, nunca a la joven edad de la
barcelonesa, y que la llevan a no abusar jamás de los
elementos dramáticos que convoca, Coixet cuenta la
más dolorosa peripecia vital con un pudor y una inteligencia
que se acercan a los clásicos.
No hay
en "Mi vida sin mí" ninguna trampa. Lo que
emociona hasta las lágrimas, incluso más que
la peripecia que se transmite, es la integridad con que Coixet
nos convoca alrededor de sus criaturas, a las que ama sin
desmayo, y hacia las que nos despierta intensos sentimientos
de gratitud: respecto a las cuales, como ocurre con cualquier
enamorado, nos hace sentir mejores personas, justas, solidarias,
buenas. Tiene el film, por lo demás, el tono siempre
exacto, el justo sentido del humor; y atesora, y es ese su
mejor logro, una verdadera lección de vida, un itinerario
de dulzura y herencia como tal vez solo una mujer, una dadora
de vida, puede contar así. Toda gloria es efímera
y la memoria, lo sabemos, no tiene camino de regreso; pero
hoy y aquí es de justicia afirmar que estamos ante
una de las películas más maduras, más
hondamente prístinas, más rabiosamente humanas
que pueda verse en estos tiempos de tribulación y derrota
de la inteligencia

Mirito
Torreiro
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