|
Cuando
ya no importe
La
bondad no está de moda. Parece un tema anticuado. En
el cine, además, no suele funcionar. Sin embargo, hay
películas terapéuticas de las que sales confortado
con la bondad del ser humano. Piensas en lo felices que puedes
hacer a los demás. Y no es Dalai Lama, ni se te apareció
la Virgen, sino una mujer que hunde sus pies descalzos en
la hierba bañada por la lluvia y respira hondo ese
momento animal y todos los momentos que le restan...
"Mi
vida sin mí", la última, esperada, ensayada
incursión de Isabel Coixet en la dirección y
la escritura cinematográficas pertenece a ese género
de historias que nunca se olvidan y que todos debiéramos
recomendarnos a nosotros mismos y a nuestros seres queridos.
Ayuda a entender el misterio de la vida. La vida absurda,
la vida breve, la vida aparcada en la roulotte de los sueños.
Morir
y despertar son la misma cosa. A la protagonista le quedan
tres meses en el mundo. Tiene una madre desgraciada, dos hijas
preciosas, está casada con el chico que le dejó
su camiseta para secarse las lágrimas en un concierto
de Nirvana... La protagonista toma el cuaderno y apunta: Cosas
que hacer antes de morir. ¿Sobrecogedor, no? ¿Tu
que harías si te quedaran tres meses de vida a los
veintiún años? Bueno, Ann, la protagonista,
quiere cambiarse de peinado, buscarle un novio a su chico
y otro a su madre, conocer a un hombre distinto y, sobre todo,
dejarlo todo como si ella siguiera en el mundo aún
sin estarlo.
Todos
nos hemos atrevido alguna vez a imaginarlo, sobre todo en
la niñez, a pensar como seguirá todo por ahí
rodando sin estar nosotros para contarlo. Lo que no suponíamos
es que se puede hacer de otro modo. Viéndolo a través
de una película donde llueve, escuchando una canción
de amor encerrados en un coche y Sarah Pooley tomándose
la última ración de tarta de queso que queda
en el último bar abierto en el mundo una desapacible
noche de invierno...
Cada
uno hará su reflexión sobre este magnífico
testamento y todos coincidirán en lo mismo. Alguien
nos contó una vez en una sala de cine qué sería
de nosotros si nos quedara tan poco tiempo para ser felices
Por
Ramón Reboiras.
|