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  Directores y guionistas, un matrimonio de interés
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  DIRECTORES Y GUIONISTAS, UN MATRIMONIO DE INTERÉS

La Academia de Cine dedicará parte de su próximo número al guion. Desde el clamoroso éxito de las series televisivas, el guion – que nunca dejó de ser la substancia de una historia fílmica- ha cobrado un cierto relieve en la atención mediática.

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Siempre se ha considerado el guion como la pieza fundamental de la narrativa cinematográfica. La sentencia, “de un buen guion puede salir o no una buena película, pero de un mal guion es seguro que sale mala,” es perfectamente obvia. No es tan fácil detectar si el guion funciona o no, si su interés permanece hasta el final, si todo funciona pero nada emociona…
En realidad, las relaciones entre el director y su colaborador esencial, que es el guionista, son más complejas que con cualquier otro miembro del equipo de una película. Los dos son creadores y, a veces, dos talentos juntos no suman, sino que se chocan.
En muchos talleres y escuelas se enseña a escribir  guiones, pero no es tan fácil enseñar a trabajar – y menos a escribir- en equipo. Ocurre más veces de  lo que parece que el director tiene una historia en imágenes en la cabeza, pero no acaba de contársela a su guionista. Espera que él lo averigüe. El guionista tiene que hacer, entonces, de sicoanalista del director, aparte de su propio trabajo. Otras veces el director descubre que el guionista sabe más de cine – o, por lo menos,  maneja mejor esa historia- que él mismo, y eso le resulta intolerable.
Pero los dos se necesitan, porque el guionista sabe que el guion no es un género literario, y que, si no se lleva al cine, la historia no tendrá existencia. No es como una novela, que empieza y acaba en su propia escritura, y puede permanecer en un cajón durante años. Existe por sí misma. El guion no es nada sin un director que ponga cuerpo a ese alma.
De las variadas relaciones entre los guionistas y el director – todos autores-, una de las más curiosas es la del director que escribe una historia para otro director, que sería mi caso, precisamente. Naturalmente, para hacer ese trabajo el director en esa coyuntura se pone en guionista, pero, ¿se puede renunciar a ver aquellas escenas escritas en imágenes en movimiento? Siempre he pensado que cuando dos directores escriben una historia, no escriben un guion, una partitura, sino que escriben una película. Y eso no siempre es bueno.

Si los consultores profesionalizados de guiones – en productoras de cine, en las televisiones, o en cualquier otro medio - hacen bien el análisis, su contribución al producto final será enormemente útil. Decisiva. Nadie mejor que una persona que lee con distancia para tener una visión de conjunto. Pero es un dictamen que suelen detestar por igual guionistas y directores, porque muchas veces se hace desde el gusto personal. O, simplemente, por un mentecato. Pero, en definitiva, podría ser una mediación útil en el choque entre dos formas de creación, la de la pura  escritura y la de las imágenes habladas.

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