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NOTAS
DE PRODUCCIÓN
MAR ADENTRO
arrancó con la lectura que Alejandro Amenábar hizo
de CARTAS DESDE EL INFIERNO (Planeta), el libro de Ramón
Sampedro publicado en 1996.
“Cuando Alejandro me planteó la posibilidad de hacer
una película inspirada en Ramón Sampedro, la primera
reacción fue de shock. Pero a medida que nos documentábamos,
ya desde las primeras fases, fue evidente que se trataba de una
historia que había que contar”, recuerda Fernando Bovaira,
productor de la película.
“Teniendo en cuenta que me basaba en un hecho real, empecé
a escribir por mi cuenta,” apunta Amenábar. “Al
principio no quería hacer literalmente su historia. Luego
comprendí que era mejor investigar, ver qué había
de interesante en su experiencia real y cómo incorporar eso
a la película. Es una historia basada en hechos reales pero
no es un documental y nunca he querido ceñirme estrictamente
a la realidad, sino que interviniera la ficción. “
Para escribir el guión, Alejandro recuperó al colaborador
de sus primeras películas, el también director y guionista
Mateo Gil.
“La fase de guión, como la de la música, es
en la que más se sufre, y en Mateo tengo un aliado. No hemos
escrito siempre juntos. En TESIS diseñamos la historia y
luego la escribí yo. El guión de ABRE LOS OJOS es
de los dos, y LOS OTROS la escribí solo. Creo que MAR ADENTRO
ha sido una excusa para reencontrarnos porque nos lo pasamos muy
bien trabajando juntos. Somos muy buenos amigos y me pareció
la persona idónea para incorporar ese universo onírico
a esta historia, para evitar que fuera linealmente tal cual. Mateo
me ha ayudado a llevarla por el lado de la ensoñación
y de los viajes”, señala Amenábar.
LA PRIMERA FASE: DOCUMENTACIÓN
Trabajar con
personajes que existen en la vida real planteó una serie
de condiciones en el desarrollo de la película. Mientras
Alejandro se acercaba al entorno personal de Ramón Sampedro,
Mateo se mantenía en la orilla de la ficción.
“Uno tenía que mantenerse frío para poder decir:
esa frase, por mucho que la hayan dicho los personajes reales, no
vale”, matiza Gil. “Quizá mi idea de la historia
esté más alejada de la realidad, más cerca
de la imagen que el propio Ramón intentaba transmitir. Era
un gran actor, un hombre de muchas facetas.”
Desde el punto de vista de la producción, la combinación
de ficción y realidad también tenía sus complicaciones.
“Cuando hay personas detrás de los personajes necesitas
su autorización”, explica Fernando Bovaira. “Pero
creo que lo hicimos con la delicadeza suficiente como para que nadie
se sintiera mal. Les enseñamos el guión prácticamente
acabado, se mostraron conformes y dieron su autorización
para que Alejandro acometiera la historia y sus personajes con libertad.”
“Si Mateo
hubiera escrito solo esta película, hubiera tendido a una
historia completamente fragmentada, con muchos saltos en el tiempo”,
puntualiza Amenábar. ”A él le atraía
el Ramón de antes del accidente, sus viajes y sus mujeres,
lo que había vivido, mientras que a mí me interesaba
más el Ramón de después, el que empieza a leer
filosofía. Pero no hemos renunciado a nada, y en el presente
de Ramón está muy presente su pasado.”
A lo que sí renunciaron los guionistas, fue a detallar la
cronología legal de la lucha de Sampedro.
“No podíamos profundizar en la batalla legal porque,
o te interesa mucho el tema, o en pantalla eso se convierte en un
rollazo. Está apuntado: la postura de la justicia española
y, sobre todo, la injustificable postura de los políticos”,
dice Mateo Gil.
“A medida que investigábamos en el caso, Mateo se fue
indignando mucho por cómo habían tratado a Ramón
durante los procesos jurídicos,” recuerda Alejandro.
“Me parece tan obvio que todo este tema se va a legislar y
a normalizar algún día que si nos centrábamos
demasiado en eso, la película quedaría obsoleta en
breve. Me parecía más importante que quien la viera
dentro unos años se centrara en pensar sobre qué es
la vida y qué es la muerte.”
LA
PIEDRA ANGULAR: EL REPARTO
Firmadas las
autorizaciones, el equipo de preproducción de la película
se sumergió en la búsqueda del elenco.
“Creo que la clave de MAR ADENTRO es la interpretación
naturalista de los personajes“, explica Amenábar. “Yo
intento caracterizar al personaje a través del diálogo
y para que eso atrape al espectador la interpretación tiene
que ser absolutamente realista. En esta película buscábamos
la verdad.”
Según Fernando Bovaira: “También el objetivo
del casting fue conseguir credibilidad. Como es lógico, empezamos
por Ramón. Alejandro quería a un actor de una determinada
edad, y estuvimos buscando en teatro. Tratándose de un personaje
tan complejo, que necesitaba una introspección que pocos
actores pueden dar y además una cierta sensualidad, es lógico
que eligiera a Javier Bardem. Después se contrató
como director de casting a Luis San Narciso, que ha hecho un trabajo
excelente, un trabajo laborioso en el que se han descubierto actores
que quizá todavía no gocen de un reconocimiento público,
pero que a partir de esta película lo van a tener.”
“Hay que
dar una oportunidad a gente nueva o que no ha hecho cine”,
señala Alejandro Amenábar. “A Belén Rueda
la había visto en televisión y sabía que tenía
la complejidad emocional y la capacidad de imaginación e
improvisación para hacer frente a Bardem. Su personaje no
es un alivio cómico, ni ligero, es un personaje dramático.
Contar con una presencia como la suya aporta luz a la historia.
Creo que cuando ves a Belén en escena estás viendo
a una persona muy viva.”
“Tenía pánico al cine”, recuerda Belén,
“porque la forma de trabajar en televisión y en cine
es diferente. Cuando me llegó el guión, no tuve duda
sobre el personaje. Entendí a Julia desde el primer momento,
pero te podías identificar con el personaje que quisieras.
No había trucos para llegar al llanto.”
Para interpretar a otra de las piezas fundamentales de la historia,
a Rosa, Alejandro seleccionó a Lola Dueñas.
“Lola tiene el arrojo del personaje, ese punto de locura,
la intensidad y el humor. Cuando aparece en pantalla, sabes que
alguien llorará o reirá. De salida, Rosa es una antiheroína
y durante el metraje se convierte en la heroína de la historia.
Ese tipo de personajes contradictorios, hasta perdedores, que en
el caso de Rosa es de alguien que pierde algo pero gana otra cosa,
me atraen mucho,y Lola era perfecta”, asegura el director.
LOS
PILARES: DISEÑANDO LA PRODUCCIÓN
El diseño
de producción de la película se trazó partiendo
de un presupuesto de diez millones de euros. “Desde el punto
de vista del diseño de producción, MAR ADENTRO es
similar a LOS OTROS; en un espacio limitado, con interiores rodados
mayoritariamente en plató, mientras que las localizaciones
exteriores se hallaron en la zona de Xuño, que es maravillosa.
Nos movimos siempre en una órbita muy cercana a donde vivió
Ramón toda su vida”, asegura Fernando Bovaira. Galicia,
Madrid y Barcelona fueron los diferentes marcos donde se localizaron
los escenarios de la película.
“El guión estaba muy bien construido para que la narración
se moviera por una gran variedad de decorados, personajes y situaciones”,
señala el productor. “Que el espectador no tenga la
sensación de estar siempre en interiores. Alejandro quería,
además, que Barcelona marcara un contrapunto a Galicia. Los
escenarios de Barcelona son más sofisticados. Así
se establece un juego visual entre la España urbana y la
rural.”
En la ficha
de producción de MAR ADENTRO repiten nombres de anteriores
películas de Alejandro Amenábar. Emiliano Otegui colabora
con él desde TESIS. Javier Aguirresarobe fue también
el director de fotografía de LOS OTROS. Benjamín Fernández,
Sonia Grande y Ana López Puigcerver -respectivamente dirección
artística, vestuario y maquillaje- trabajan también
por segunda vez con él.
Alejandro resume la línea general de trabajo seguida por
el equipo de diseño de producción de la siguiente
manera: “No queríamos algo amanerado ni preciosista,
buscamos lo más expresivo. El exterior tenía de por
sí un punto interesante, y para el interior elegimos colores
que empastaran bien con el vestuario, que permitieran que sobresaliera
el rostro de los actores. Nuestra idea de partida era desplazarnos
a Galicia y construir la casa en el mejor paisaje. Pero allí
el clima es un problema. En una sola jornada de rodaje cambiaba
el tiempo cada dos o tres horas. Así que volvimos al mismo
estudio donde rodamos LOS OTROS, en un decorado más pequeño
con forillos. A mí los trucos me encantan, y me apetecía
mucho trabajar con forillos fotográficos”.
“Incorporamos, eso sí, a una maquilladora para el trabajo
de caracterización de Javier Bardem, Jo Allen”, explica
Fernando Bovaira. “Es una maquilladora inglesa que viene de
rodar GLADIATOR y LAS HORAS, y que ha realizado un trabajo soberbio,
y muy laborioso. La caracterización tiene tal naturalidad
y credibilidad que estás viendo a Javier Bardem y a la vez
no lo ves.”
Esa caracterización exigía cinco horas diarias de
maquillaje a cargo de Allen, tras las cuales, Javier Bardem estaba
listo para interpretar a Ramón Sampedro.
“Una ayuda importante para mi trabajo era conseguir ese aspecto
físico tan bien construido. Cuando me veo en el espejo así
maquillado, me relajo, porque siempre marca una pauta de realidad.
Mi trabajo ha consistido en acercar el personaje a su maquillaje”,
dice Bardem.
LA
TERCERA FASE: VIVIR RODANDO
Rodada en orden
cronológico, la claqueta de inicio sonó en Galicia,
concretamente en la playa de As Furnas, donde Ramón Sampedro
sufrió el accidente que cambiaría toda su vida. Hasta
allí se desplazó el equipo al completo en julio de
2003, para dar comienzo a un rodaje que se extendería durante
doce semanas.
“Galicia era el sitio adecuado para empezar a hablar de Ramón.
Poder visitar el pueblo y la casa de Ramón fue un proceso
de inmersión total que nos ayudó mucho”, señala
Clara Segura.
Antes del rodaje, algunos de los actores tuvieron la oportunidad
de tener un encuentro con las personas a las que iban a interpretar.
“Mi preocupación al preparar el personaje era no deshumanizar
a la persona que estaba viva”, dice Celso Bugallo. “Fui
muy cauteloso, sin hacer concesiones. Después de conocerle
y de recibir un video con entrevistas de José, encontré
la clave: su forma de hablar”.
Lola Dueñas recuerda sus encuentros con Ramona Maneiro.“Cuando
ella tenía pausas en el trabajo quedábamos y charlábamos.
Bueno, la martiricé un poco porque me llevé una cámara
y la grabé. Tenía que ser duro para ella hablar con
alguien que te está grabando y mirándote, porque no
se trata precisamente de una conversación normal. Fue muy
generosa”.
Al reparto de
la película le esperaba otra sorpresa durante el rodaje.
“Creo que formaba parte de mi evolución como director
que hiciera un nuevo esfuerzo en la dirección de actores
para esta película”, dice Amenábar. “Para
buscar la verdad de los personajes, intenté evitar los ensayos
todo lo posible. Quería reservarles para la cámara.
Hay mucho en el montaje final de la película que está
improvisado por ellos, en especial por Belén en los momentos
de más carga dramática. Antes de esta película
no me imaginaba rodando sin seguir el texto al pie de la letra.”
Belén Rueda recuerda: “Alejandro tuvo la habilidad
de hacernos creer que cambiábamos algo al decirlo como lo
sentíamos. Después nos dimos cuenta de que no nos
habíamos salido para nada de lo que estaba escrito desde
el principio. Las palabras no estaban en el guión por casualidad.”
“Hubo un talante de ponernos todos de acuerdo en la misma
dirección”, dice Mabel Rivera.“ Fue un rodaje
muy relajado, con tiempo para corregir, pero siempre sobre líneas
de trabajo muy claras.”
“Las lágrimas y las risas que se ven en la película
son reales”, asegura Tamar Novas.
La parte más complicada del rodaje se la llevó Javier
Bardem. Al elaborado maquillaje que le envejecía, hubo que
añadirle las cortapisas físicas necesarias para convertirle
en un tetrapléjico.
“Como soy un poco grandullón, tuvimos que buscar una
postura para esconder mis hombros arqueando la espalda”, recuerda
Bardem. “Y Paco, que es un gran fisioterapeuta, me preparó
una almohada que me ayudaba a retorcerla. Además, el maquillaje
se derretía, no podía mover las manos, tenía
que meter los hombros, recordar el acento gallego... Pero al final
todos esos tecnicismos me ayudaron a no perder la concentración.
Y me hicieron comprender que Ramón, desde su inmovilidad,
estaba pendiente de las numerosas pequeñas cosas que ocurrían
a su alrededor. No era una persona rendida a su suerte.”
ÚLTIMO
CAPÍTULO: LA FÍSICA DE LAS SORPRESAS
En el rodaje
hubo tiempo para la improvisación y para la magia, aunque
no siempre provenían de los intérpretes. Uno de los
días más complicados de rodaje se corresponde con
una emocionante secuencia epistolar.
“De mis películas, ésta es la que transcurre
en un periodo más largo de tiempo”, adelanta Alejandro.
“Ya escribiendo comprendimos que el resumen de esos meses
adquiría más consistencia si se veía desde
la cama de Ramón. Aprovechando que escribía muchas
cartas, él mismo podía contar lo que le iba ocurriendo.
Visualmente lo convertimos en un juego de encadenados que se sucede
a su alrededor pero sin perder nunca la continuidad. Esto se hace
con una cámara robotizada que se llama Motion Control, y
que va siguiendo una y otra vez el movimiento de los actores.”
Ésta, como las demás secuencias de la película,
se han rodado en súper 35mm. Y según el director,
rodar en scope era una espinita que no había conseguido sacarse
hasta MAR ADENTRO.
“Desde mi primer largo quería rodar en panorámico.
En la primera no pudo ser por razones de presupuesto. En la segunda
porque rodamos anticipadamente la secuencia de la Gran Vía
vacía en otro formato. Y en LOS OTROS, hicimos unos pruebas
que resultaron fallidas. Con esta película he comprobado
que es el mejor formato. Independientemente de que se trate de una
historia intimista, para componer es perfecto, más aún
si tenemos a dos personajes en cuadr, y, sobre todo, para salir
volando de la habitación”, dice Amenábar.
Porque ya puestos a cumplir viejos deseos del director, el equipo
de MAR ADENTRO despegó, como él pedía.
“Volar es algo que tengo asociado a los sueños”,
explica Alejandro. “No es la primera vez que quiero introducir
una secuencia de vuelo en mis películas, y como mientras
escribíamos este guión soñé una vez
más que volaba, lo incorporamos. En rodaje hemos intentando
recrear una sensación particular: que el espectador puede
volar por la zona donde vivía Ramón Sampedro y visitar
sus paisajes emocionales. Lo hemos hecho con una cámara especial,
acoplada a un helicóptero a cuyos mandos iba un piloto francés
con mucha experiencia en este tipo de trabajos, nada fáciles
por cierto. Volar era algo que Ramón hacía mucho,
viajaba a través de la música. La historia de Ramón
es un viaje.”
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