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Interpretar a Ramón Sampedro ha sido un reto físico y profesional. ¿Qué viste en él para aceptar este trabajo?
Lo que me sorprendió de Ramón fue la naturalidad con la que hablaba de cosas tan fuertes: amor, muerte, vida, sexo. Hablaba desde la distancia y la sabiduría del que ha estado pensando sobre todo eso durante veintiocho años. En cierto modo era un iluminado, y, sin embargo, también era una persona sencilla que no hacía apología de nada. Era un marinero que había construido esa intelectualidad a fuerza de voluntad, porque en una situación como la suya, escribir y leer es muy difícil. Esa mezcla entre lo intelectual y construido, y a la vez, lo llano y de campo, me pareció muy atractivo.

¿Ha sido complicado separar la realidad de la ficción en este caso?
Siempre que interpretas a un personaje real sientes cierto miedo a faltarle al respeto a lo que fue esa persona, y a lo que nos legó. Ramón nos dejó con sus libros un testamento sobre el que debemos reflexionar: la muerte, la posesión del cuerpo, el amor egoísta entendido como posesión, el amor generoso. Con un personaje así, Javier Bardem se tiene que quitar de en medio para dejar que esa persona entre en él, hacer sólo de médium. No puedes transmitir al personaje tus propios conflictos. Por ejemplo, a mí me da miedo la muerte, y eso no me ayudaba nada a construir su personaje.

¿Qué significado tiene el mar en la película?
El mar es la vida, lo insondable, lo misterioso y lo liberado. Ramón era muy físico y esa situación de inmovilidad le hacía desear la libertad absoluta. El mar le recordaba la libertad.

¿MAR ADENTRO es una historia de amor o de seducción? Ramón se encuentra, incluso, en el vértice principal de una triángulo amoroso.
A Ramón le gustaba amar y que le amasen, pero no quería que la persona que le amara sufriera. Ver a un hombre sabio, sensible, con un estupendo sentido del humor, nada feo (porque tenía unos ojos hermosísimos), postrado y rendido en una cama, es, quizá, el sueño de cualquier mujer. Creo que Ramón no conocía el verdadero potencial de su cariño, se daba cuenta tarde, cuando la otra persona estaba rendida. Y ese triángulo amoroso sirve en la película para ver como se posiciona Ramón ante la vida.

¿Era un hombre con mucho sentido del humor?
Ramón había pasado por tantos infiernos que debía considerar pocas cosas sagradas. Veía hasta lo más dramático con una distancia muy sana, a veces insultante para nosotros, los mortales de a pie que tenemos la tendencia a crear drama de un pequeño problema.

¿Ha sido la música una de tus herramientas de trabajo en esta película?
A Ramón la música le permitía evadirse para inventar sus historias y escribir. He intentado escribir como él, pero no lo he conseguido. Tenía una letra hermosísima creada por muchos años de práctica. A menudo me he preguntado cuál sería el momento en el que decidió escribir, porque el esfuerzo muscular que representa escribir con la boca es tremendo, y él escribía una poesía maravillosa, muy dura y nada amable. Era la música la que le permitía llegar a ese estado de creatividad e iluminación.

Interpretar a una persona tetrapléjica, con acento gallego y veinte años mayor, más que un desafío parece una carrera de obstáculos. ¿Qué era lo más difícil durante el día a día?
Ha sido todo un reto físico, desde luego. Y además yo tengo una dicción pésima, no me gusta nada mi voz, y el reto de interpretación se basaba en manejar las inflexiones y la dicción para atrapar el interés. Sólo podía mover cuello, cabeza y ojos. Yo, que siempre intento utilizar el físico para los personajes. Pero las cinco o seis horas diarias de maquillaje me ayudaron a encontrar una forma diferente de relacionarme con el resto del equipo, sin moverme, con el gesto, con la voz...

En un rodaje complicado la complicidad con el director es básica. ¿Cómo ha funcionado la colaboración con Alejandro Amenábar?
Alejandro tiene una pausa, una tranquilidad en el discurso y en la forma de hacer que es muy relajante. Evita tensiones. Es una persona muy respetuosa, trabajadora y concentrada, sensible pero nunca sensiblero. Y tiene una especie de duende, aparte del talento, que le permite coger una historia como ésta y, manteniendo el respeto por los hechos, darle la vuelta y convertirla en una historia sobre el amor a la vida.

Rodar la muerte de Ramón tuvo que ser duro. ¿Cómo te enfrentaste a esa jornada de rodaje?
Hubo un momento mientras preparaba la escena, durante la que tuve que ver una y otra vez la verdadera muerte de Ramón, que me pareció que estaba usando su dolor. Pero comprendí, viendo como sufría durante su muerte, que el mensaje de Ramón no podía caer en vano. Y que esta película iba a llevar un aviso a mucha gente que, en su momento, no se enteró de cuál había sido la lucha de Ramón. Creo, como Alejandro, que es importante que se vea, porque fue a lo que se vio abocado Ramón: a morir solo y con dolor.

¿Qué destacarías de MAR ADENTRO?
MAR ADENTRO es una historia sobre el amor y la renuncia a poseer lo que queremos. La historia de una persona cuyo único Dios es su conciencia, lo que hace al hombre más libre y más humano.