REPARTO.
El resto del reparto ha estado a la altura de sus compañeras.
Lola Dueñas probablemente hace uno de sus trabajos
más complejos. Es la más excéntrica de
las cuatro mujeres de su familia. Lola se preocupó
personalmente de dominar el complicado acento manchego. Aprendió
los secretos del oficio de peluquera y ha desarrollado una
vis cómica inédita en ella. Es intensa, auténtica
y rara, en el mejor sentido del término.
Otra de las bendiciones de este rodaje, es que todas las chicas
vivían y trabajaban muy unidas, tenían una maravillosa
relación, como de familia. Y eso el objetivo también
lo capta.
Me emociona mucho la interpretación de la joven Yohana
Cobo. Está presente en casi todas las secuencias pero
como testigo. Hace una de las cosas más complicadas
de actuar que es oír y estar presente. Y que su presencia
sea elocuente casi sin hacer nada. Pero el trabajo de Yohana
es consciente, sutil y muy rico. Además de “sus”
secuencias, su monólogo ante el padre muerto... etc.,
el resto, siempre pegada a la madre, entendiéndola
sin saber qué le sucede, me provoca mucha ternura.
Además tiene una mirada abrasiva. Ojalá le vaya
muy bien.
Chus Lampreave, María Isabel Díaz, Neus Sanz,
Pepa Aniorte y Yolanda Ramos completan el reparto, además
de Antonio de la Torre, Carlos Blanco y Leandro Rivera.
José Luis Alcaine, en la fotografía, Alberto
Iglesias en la música y Pepe salcedo en el montaje,
han sintonizado una vez más con mis secretas intenciones,
cada uno en sus respectivos campos.
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