LA
FUERZA Y LA FRAGILIDAD DE PENÉLOPE CRUZ.
Y su belleza. Penélope se encuentra en el esplendor
de su belleza, es una frase hecha pero en su caso es verdad.
(Esos ojos, el cuello, los hombros, los pechos! Penélope
posee uno de los escotes más espectaculares del cine
mundial). Mirarla ha sido uno de los grandes gozos de este
rodaje. A pesar de que se ha estilizado en los últimos
años, Penélope demostró (desde su debut
en “Jamón, jamón”) tener más
garra en los personajes de plebeya que de superfina. Hace
siete u ocho años, en “Carne trémula”,
interpretaba a una putilla cateta que se pone de parto y da
a luz en un autobús. Eran los primeros ocho minutos
de la película y Penélope devoraba literalmente
la pantalla.
Su Raimunda en “Volver” pertenece a la misma estirpe
que el personaje de Carmen Maura en “Qué hecho
yo para merecer esto?!”, una fuerza de la naturaleza
que no se arredra ante nada. Cuando se pone, Penélope
posee esa energía arrolladora, pero Raimunda también
es una mujer frágil, muy frágil. Puede (y debe,
por guión) estar furiosa y al instante derrumbarse
como una niña indefensa. Esta desarmante vulnerabilidad
es lo que más me ha sorprendido de Penélope-actriz,
y la rapidez con que puede conectar con ella. No hay un espectáculo
más impresionante que contemplar en el mismo plano
cómo unos ojos secos y amenazadores de pronto empiezan
a llenarse de lágrimas, lágrimas que a veces
desbordan los párpados como un torrente, o como en
algunas secuencias, sólo los inundan sin desbordarlos
nunca. Ser testigo de ese equilibrio en el desequilibrio ha
sido apasionante.
Penélope Cruz es una actriz de rompe y rasga, pero
es la mezcla con esta emotividad tan fulminante lo que la
hace imprescindible en “Volver”.
Ha sido un placer vestir, peinar y maquillar al personaje
y a la persona. El cuerpo de Penélope ennoblece todo
lo que le pones. Nos decidimos por las faldas estrechas y
la rebecas porque son prendas clásicas, muy femeninas
y populares en cualquier década, desde los 50 al 2000.
Y, también hay que decirlo, porque nos recordaban a
Sophia Loren, en sus inicios de pescadera napolitana. Los
maravillosos despeinados hay que agradecérselos al
peluquero Massimo Gattabrusi y el maquillaje a Ana Lozano.
El rabillo del ojo fue un hallazgo. Sólo hay un elemento
falso en el cuerpo de Raimunda, el culo. Estos personajes
son siempre mujeres culonas y Penélope está
demasiado estilizada. El resto es todo corazón, emoción,
talento, verdad, y un rostro al que la cámara adora.
Como yo.
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