CONFESIÓN.
“Volver” es un título que incluye varias
vueltas, para mí. He vuelto, un poco más, a
la comedia. He vuelto al universo femenino, a La Mancha (sin
duda es mi película más estrictamente manchega,
el lenguaje, las costumbres, los patios, la sobriedad de las
fachadas, las calles empedradas). He vuelto a trabajar con
Carmen Maura (hace diecisiete años que no lo hacíamos),
con Penélope Cruz, Lola Dueñas y Chus Lampreave.
He vuelto a la maternidad, como origen de la vida y de la
ficción. Y naturalmente, he vuelto a mi madre. Volver
a La Mancha es siempre volver al seno materno.
Durante la escritura del guión y el rodaje mi madre
ha estado siempre presente y muy cerca. No sé si la
película es buena (no soy yo quién debe decirlo),
pero sí estoy seguro de que me ha sentado muy bien
hacerla.
Tengo la impresión, y espero que no sea un sentimiento
pasajero, de que he conseguido encajar una pieza, (cuyo desajuste,
a lo largo de mi vida me ha provocado mucho dolor y mucha
ansiedad, diría incluso que en los últimos años
había deteriorado mi existencia, dramatizándola
más de la cuenta). La pieza a la que me refiero es
“la muerte” (no sólo la mía y la
de mis seres queridos) sino la desaparición implacable
de todo lo que está vivo. Nunca lo he aceptado, ni
lo he entendido. Y eso te pone en una situación angustiosa
ante el cada vez más rápido paso del tiempo.
La principal vuelta de “Volver” es la del fantasma
de una madre, que se aparece a sus hijas. En mi pueblo estas
cosas pasan, (me he criado oyendo historias de aparecidos),
sin embargo yo no creo en las apariciones. Sólo cuando
le ocurren a los demás, o cuando ocurren en la ficción.
Y esta ficción, la de mi película (y aquí
viene mi confesión) ha provocado en mí una serenidad
como hace tiempo no sentía (realmente, serenidad es
un término cuyo significado es un misterio para mí).
En los años que llevo de vida, nunca he sido una persona
serena, (ni me ha importado lo más mínimo) mi
innata inquietud junto a una galopante insatisfacción
me han servido generalmente de estímulo. Ha sido en
los últimos años, en los que mi vida se ha ido
deteriorando, consumida por una terrible ansiedad. Y eso no
era bueno ni para vivir, ni para trabajar. Para dirigir una
película es más importante tener paciencia que
talento. Y yo, hace tiempo que había perdido toda la
paciencia, en especial, para con las cosas triviales que son
las que más paciencia demandan. Esto no quiere decir
que me haya vuelto menos perfeccionista o más complaciente,
en absoluto. Pero creo que con Volver he recuperado parte
de la “paciencia”, palabra que naturalmente entraña
muchas otras cosas.
Tengo la impresión de que, a través de esta
película, he pasado un duelo que necesitaba, un duelo
indoloro (como el del personaje de la Vecina Agustina). He
llenado un vacío, me he despedido de algo (¿mi
juventud?) que aún no había despedido y necesitaba
hacerlo, no sé. No hay nada paranormal en todo esto.
No se me ha aparecido mi madre, aunque como he dicho he sentido
su presencia más cerca que nunca.
Volver es un homenaje a los ritos sociales que viven las gentes
de mi pueblo en relación con la muerte y con los muertos.
Los muertos no mueren nunca. Siempre he admirado y envidiado
la naturalidad con que mis paisanos hablan de los muertos,
cultivan su memoria y asisten sus tumbas perennemente. Como
en la película, el personaje de Agustina, muchos de
ellos cuidan su propia tumba durante años, en vida.
Tengo la optimista sensación de que me he impregnado
de todo esto, y algo se me ha pegado.
Nunca acepté la muerte, nunca la he entendido (ya lo
he dicho). Por primera vez, creo que puedo mirarla sin miedo,
aunque siga sin entenderla ni aceptarla. Empiezo a hacerme
a la idea de que existe.
A pesar de mi condición de no creyente, he intentado
traer al personaje (de Carmen Maura) del más allá.
Y la he hecho hablar del cielo, el infierno y del purgatorio.
Y, no soy el primero en descubrirlo, el más allá
está aquí. El más allá está
en el más acá. El infierno, el cielo o el purgatorio
somos nosotros, están dentro de nosotros, ya lo dijo
Sartre mejor que yo.
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