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P-
Uno de los elementos de la trama que mejor funcionan
es cuando se descubre que dos de los personajes son
hermanos.
R- Sí, y me gustaría mantenerlo en secreto.
Adoro el sentimiento de fraternidad, y siempre me han
gustado la películas de hermanos: Warren Beatty
recibiendo una paliza en un aparcamiento por defender
el honor de su hermana Barbara Loden, en “Esplendor
en la hierba”. Legs Diamond, en la película
de Budd Boetticher siendo capturado por un descuido
de su hermano. La banda de Bonnie and Clyde, liderada
por dos hermanos. Toda la saga de El Padrino nos ha
regalado maravillosas escenas de hermanos que se quieren,
se zurran, se protegen y se matan. Todos los hijos de
“Ma Baker” en “No orchids for Miss
Blandish” (autor, James Hadley Chase, dirigida
por John Legh Clowes). “Bloody Mama”, de
Roger Corman. Madres feroces, jefas de bandas, formadas
por sus propios hijos. La familia que delinque junta
permanece junta.
Me emocionan todos los hermanos de Alain Delon en “Rocco
y sus hermanos”. Incluso Michael Jackson y Latoya
Jackson. Natalie Wood y George Chakiris en “West
side Story”.
Hayley Mills haciendo de gemela de si misma en “Tú
a Boston y yo a California”, las hermanas siamesas
de “Sisters” de Brian de Palma. Los Hermanos
Marx en cualquiera de sus películas. El emocionante
Harry Dean Stanton en “París-Texas”
y su silenciosa visita a su hermano Dean Stockwell.
Las dos hermanas Mills en “Fallen Angel”
de Preminger, las dos encantadoras solteronas de “Arsénico
por compasión” y los pequeños huérfanos
de Shelley Winters, perseguidos por el malvado Robert
Mitchum en “La noche del cazador”. Incluso,
aunque los diálogos de Raymond Chandler le impedían
el menor sentimentalismo, Lauren Bacall defendiendo
a su indefendible hermana en “The Big Sleep”...
A veces la relación fraternal se complica (cómo
no!) cuando hay sexo. Me encanta la obra de Sam Sheppard
“Fool for love”, y la maravillosa novela
“Middlesex” donde dos hermanos llegan incluso
a casarse.
La fraternidad es un sentimiento en desuso, sustituido
en la vida actual por la amistad, pero no es exactamente
lo mismo; la fraternidad participa de dos grandes sentimientos,
el amor y la amistad, unidos por algo tan insondable
como la consanguinidad.
Entre las películas de hermanos que recuerdo,
no he mencionado antes “Qué fue de Baby
Jane?” (Robert Aldrich), un gran guiñol
cuyas dos enormes intérpretes elevan de categoría
y de género. Dos hermanas, ambas antiguas estrellas
infantiles, viven juntas cuando son mayores, a pesar
de que se odian. Una de ellas (Bette Davis) acaba cargándose
a la otra (Joan Crawford).
Algo de esto hay en “La mala educación”,
aunque de un modo soterrado. De pequeños Juan
(Ángel Andrade) envidia a su hermano mayor Ignacio
porque todo lo hacía mejor que él. Los
celos entre hermanos pequeños son muy comunes,
los de Juan no hacen sino crecer con el tiempo. Los
dos niños quieren ser artistas, a Ignacio todo
le resulta fácil, cantar, bailar, escribir, recitar,
transformarse y actuar. Todo lo que a Juan le hubiera
gustado hacer Ignacio lo hacía mejor. Y Juan
le odiaba en silencio hasta que Ignacio le dio razones
para odiarle sin disimulo cuando empezó a drogarse
y a vestirse de mujer, en el pueblo donde vivían.
La convivencia familiar era un absoluto infierno por
culpa de Ignacio. La madre, enferma del corazón,
vivía en un eterno sin vivir. El padre no soportaba
la vergüenza y empezó a beber cada vez más,
hasta que un día de invierno le encontraron muerto
sobre un charco helado, en la calle.
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