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La narración sigue una línea quebrada, que no debe notarse. Esto ha sido lo más difícil de este interminable rodaje. Estoy habituado a la mezcla de tonos, de géneros, de universos, pero nunca había jugado tanto con el tiempo, algún flash-back kitsch (y hitchcockiano) en "Laberinto de pasiones" y poco más.
Aquí el tiempo transcurre en varias direcciones, y la acción principal se ve interrumpida por la aparición de otras acciones con entidad propia, los bailes del principio y del final, la actuación de Caetano, la aparición de Amante Menguante, etc. Todos estos elementos me han tenido en ascuas hasta el último momento.
Nunca doy por descontado que las cosas salgan como yo las preveo, por mucho que me deje la piel en ello y cada miembro del equipo cumpla rigurosamente con lo que le he pedido. Necesito pegar una imagen a otra, y esta a la siguiente para comprobar que ahí está lo que he querido contar. Para bien o para mal el montaje es una caja de sorpresas.
El tiempo quebrado, y la mezcla de unidades narrativas diversas, funciona mejor cuando la acción es más mental o interior, o transcurre en otra dimensión, como en los films de David Lynch; en esta especie de neorrealismo fantástico, o naturalismo del absurdo en el que me muevo, las rupturas argumentales suponen a veces un bofetón en los ojos del espectador que ya se había encariñado con un personaje y una historia, y yo tiro de él, le arrastro y le obligo a seguir a otro personaje y otra historia.
Gracias al sabio y omnipresente montador Pepe Salcedo, "Hable con ella" supera todas sus dificultades y es, o eso creo, una película compleja pero de apariencia sencilla y transparente.

Como contenido cada vez tiendo más a las emociones, y como continente a la transparencia.