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LYDIA
El padre de Lydia fue banderillero, pero soñaba
con ser torero; educó a su hija como si fuera
un hombre para que lograra lo que él no pudo
lograr. La niña heredó sus mismas ansias.
Pero el mundo del toro es muy machista. Después
de morir su padre, su único y gran apoyo, Lydia
tuvo que enfrentarse sola a prejuicios y desprecios
entre los toreros profesionales. Muchos se negaron a
torear con ella, por el mero hecho de ser mujer, fue
entonces cuando el matador llamado "Niño
de Valencia" se ofreció no sólo a
compartir cartel con ella sino a acompañarla
después donde hiciera falta. Se enamoraron. Esta
circunstancia más "rosa" que taurina
mantuvo a Lydia en el candelero y pudo torear con regularidad.
La pareja aparecía semanalmente en todas las
revistas del corazón. El Niño estaba encantado,
pero a ella se le revolvían las tripas. No le
gustaba conseguir la fama por ese camino, y tampoco
era el tipo de vida que deseaba vivir con el hombre
al que amaba. Acabaron rompiendo, Lydia aún le
quería, pero en ese momento su despecho era mayor,
o al menos así lo creía.
En un arranque suicida y ante la falta de oportunidades
para torear, Lydia decidió encerrarse con seis
toros, ella sola... Inconsciente del peligro, o corriendo
a su encuentro, ansiaba que El Niño de Valencia
estuviera en la plaza como espectador, al menos para
que se sintiera culpable, si uno de los toros se la
llevaba por delante.
Pero esa tarde, rebozada en tierra y sangre (sangre
del toro) Lydia triunfó. Entre los espectadores
estaba Marco...
ROSARIO
En Rosario busqué la raza, y esos ojos inocentes
y tristes que tan bien le van a un personaje vencido
por el abandono. También busqué y encontré
un cuerpo atlético y a la vez femenino . Vestida
con la taleguilla delatora Rosario parece un torero
de la estirpe de Manolete. Y embutida en un modelo de
Dolce y Gabana es un cañón de mujer.
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