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Hay una secuencia de fantasía en Hable
Con Ella, la última provocación
cinematográfica del independiente por excelencia
Pedro Almodóvar, que seguro va a levantar
controversia. Un hombre, del tamaño de
un puño, aparece repentinamente sobre el
lujurioso cuerpo desnudo de una mujer. Abriéndose
paso entre sus senos, acaba aterrizando en la
boca de la vagina en cuyo interior desaparece.
La escena, tremendamente divertida, proporcionará
a la postre el desenlace del trágico misterio
del filme. Después de Todo Sobre Mi Madre,
galardonada con un Oscar, Almodóvar nos
entrega su obra maestra más cautivadora.
La trama es asombrosamente simple: Dos hombres
enamorados de dos mujeres que no pueden oírlos.
Ambas mujeres están en coma y sus historias
se narran en flashback.
Marco (Dario Grandinetti), periodista, se enamora
perdidamente de una torera, Lydia (Rosario Flores),
tan viva, que parece traspasar la pantalla, y
que sufre una cogida grave en el coso taurino.
En el hospital, donde Lydia ha sido ingresada
en estado de coma profundo, Marco conoce a Benigno
(Javier Cámara), un enfermero que dedica
cuidados especiales a Alicia (Leonor Watling),
una bellísima bailarina que ha entrado
en coma tras sufrir un accidente de tráfico
cuatro años antes.
Es precisamente la relación entre estos
dos hombres el centro de la película. Benigno
le comenta a Marco que es esencial hablar con
estas mujeres inmóviles. Tal vez, en su
interior, puedan oír y entender. Cuando
una de las mujeres se convierte en víctima
de un delito, la película escudriña
los rincones más oscuros de la mente por
los que Almodóvar navega con habilidad
misteriosa y alma apasionada. Los actores bordan
su actuación iluminando cuatro modos distintos
de soledad. Pero es la impecable interpretación
de Javier Cámara la que, a más de
afianzar la película, nos asombra y nos
mantiene en vilo. Hable Con Ella va más
allá de las lágrimas. Es imprescindible
e inolvidable.
(ROLLING STONE, EEUU, 28 de noviembre de 2002)
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