Sé poco de Alicia. Sólo lo que se ve en la película. A veces el guionista conoce el pasado de los personajes y su futuro, más allá del final de la película. En este caso tengo la misma información que el espectador. La auténtica película de Alicia empieza al final, en el teatro, cuando encuentra a Marco emocionado por los suspiros de "Masurca Fogo".
Tal vez en otro momento, cuente la historia de ellos dos, Marco y Alicia, pero antes tendría que escribirla.
La madre de Alicia murió cuando era niña, su padre es psiquiatra y ella es bailarina. Tiene la piel blanca y el gesto adusto, como si su desarrollo prematuro le hiciera desconfiar de las miradas que atrae. Siempre ocupa el mismo lugar en los ejercicios de barra, junto a una ventana, de la Academia Decadance. Su maestra de Danza, Katerina Biloba, una exbailarina solitaria como Alicia, la adora. Alicia hace de la academia su hogar y de Katerina su más sólida referencia afectiva.
Cuando Benigno la ve bailar por primera vez (desde la ventana de enfrente) no se escucha la música. Alicia parece ensimismada en una melodía interior. Ese ensimismamiento continuará durante años, sobre la cama de la Clínica "El Bosque", un edificio de dos plantas que parece un hotelito y en el que Benigno es el enfermero modelo.
La habitación de Alicia está decorada con objetos propios, cosas que tenía en la habitación de su casa antes de que un día de lluvia la arrollara un coche. Fue lo primero que Benigno le pidió al padre: "Tráigame algo de ella, algo personal.." "Algo como qué..?" le preguntó el padre desconcertado. "Cosas que tenga en su habitación... para que cuando se despierte no se sienta en un lugar extraño...".
En su casa, antes del accidente, Alicia tenía en ambas mesitas de noche sendas lámparas de lava, estaba leyendo "La noche del cazador" (obra maestra de Davis Grubb) cuya página 115 tenía doblado el extremo, como señal. También tenía un reloj despertador, y una foto de sus padres cuando eran jóvenes. Y dos barquitos, diminutos, y llenos de color, recuerdo de Katerina de una viaje que hizo a Salvador de Bahía para ver bailar a las

mujeres bahianas. Y una foto de Katerina. Todos estos objetos volvieron junto a ella, también a ambos lados de la cama, en su habitación de la clínica. El reloj despertador seguía funcionando, pero la señal de la novela no se había movido de la página 115.
Las lámparas de lava (como los pasillos, y las copas de los árboles movidas por el viento) son una metáfora del grumoso paso del tiempo. Sus densas burbujas, vagando sin cesar en el seno de un líquido aceitoso, sugieren el misterioso limbo en el que mora la bella y yacente Alicia.

LEONOR

Watling está maravillosa interpretando a la bella durmiente de la Clínica "El Bosque". Su cuerpo inmóvil es tan expresivo y tan emocionante! El que piense que simular un coma es cosa fácil, se equivoca. No basta con tirarse en una cama y cerrar los ojos. La piel reacciona al menor contacto, y los enfermeros no dejan de manipularla durante todo el día (masajes, cambio de postura varias veces al día, toma de constantes vitales, friegas con alcohol de romero, gotas para que no se les sequen los ojos, cremas hidratantes, cambiar la ropa de cama diariamente con la enferma dentro, lavado diario del cuerpo, etc).

Para conseguir el autocontrol que te permita desconcectar con el mundo exterior, Leonor y Rosario recibieron clases de yoga Yyengar tres meses antes del rodaje. Yo las quería hundidas en el fondo de sí mismas, un fondo insondable, para lo cual tenían que estar muy relajadas.
Aunque tenga escenas habladas y erguida, o con los ojos abiertos, la presencia de Leonor es más patente y poderosa cuanto mayor es su ausencia. Para entendernos, Leonor no hace de muerta, lo cual tampoco creo que sea fácil (Buñuel escogió por primera vez a Fernando Rey porque le gustó cómo hacía de muerto en no sé qué película). Sin palabras, sin ojos, sin ayudarse del menor movimiento, el cuerpo de Leonor Walting aguanta la presencia de dos soberbios actores (Cámara y Grandinetti) sin que el espectador la pierda a ella de vista. Comparte el plano con ambos y en ocasiones se lo roba y lo transporta a un lugar misterioso, que ni yo mismo conozco.
Watling es Alicia habitando la parte más oscura del otro lado del espejo. Cuando al final mira a Marco en el teatro, sus ojos muestran en silencio el largo y oscuro camino que ha debido recorrer hasta poder abrirlos.
Leonor Watling rebosa la pantalla de sueños y de deseos. El verbo se hace carne en ella y yo siempre le estaré agradecido por su generosidad.

(A propósito de la preparación, hubo un momento en que Rosario, Leonor y Javier Cámara se pasaban el día entero dando clases de algo. Además de la práctica diaria de yoga Yyengar, Rosario tenía todos los días entrenamiento y clases de tauromaquia con el maestro Macareno y Leonor se machacaba en clases de baile con la Maestra Irena. A su vez Javier (junto a la estupenda Mariola Fuentes) se entrenaba en los múltiples detalles que suponen cuidar de un paciente en coma. Tanto Mariola como Javier lo hacían todo "de verdad". Desde el guión yo hice hincapié en que los actores debían mostrar pericia como enfermeros, sólo así se podía entender la dependencia total de un cuerpo en estado vegetativo. Además de enfermería, Javier aprendió a bordar, y a hacer la manicura y a cortar el pelo. Todo ello mientras se sometía a una estricta dieta para adelgazar. Y lo hacía todo con una alegría y una ilusión contagiosos).