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mujeres bahianas. Y una foto de Katerina. Todos estos
objetos volvieron junto a ella, también a ambos
lados de la cama, en su habitación de la clínica.
El reloj despertador seguía funcionando, pero
la señal de la novela no se había movido
de la página 115.
Las lámparas de lava (como los pasillos, y las
copas de los árboles movidas por el viento) son
una metáfora del grumoso paso del tiempo. Sus
densas burbujas, vagando sin cesar en el seno de un
líquido aceitoso, sugieren el misterioso limbo
en el que mora la bella y yacente Alicia.
LEONOR
Watling está maravillosa interpretando a la
bella durmiente de la Clínica "El Bosque".
Su cuerpo inmóvil es tan expresivo y tan emocionante!
El que piense que simular un coma es cosa fácil,
se equivoca. No basta con tirarse en una cama y cerrar
los ojos. La piel reacciona al menor contacto, y los
enfermeros no dejan de manipularla durante todo el día
(masajes, cambio de postura varias veces al día,
toma de constantes vitales, friegas con alcohol de romero,
gotas para que no se les sequen los ojos, cremas hidratantes,
cambiar la ropa de cama diariamente con la enferma dentro,
lavado diario del cuerpo, etc).
Para conseguir el autocontrol que te permita desconcectar
con el mundo exterior, Leonor y Rosario recibieron clases
de yoga Yyengar tres meses antes del rodaje. Yo las
quería hundidas en el fondo de sí mismas,
un fondo insondable, para lo cual tenían que
estar muy relajadas.
Aunque tenga escenas habladas y erguida, o con los ojos
abiertos, la presencia de Leonor es más patente
y poderosa cuanto mayor es su ausencia. Para entendernos,
Leonor no hace de muerta, lo cual tampoco creo que sea
fácil (Buñuel escogió por primera
vez a Fernando Rey porque le gustó cómo
hacía de muerto en no sé qué película).
Sin palabras, sin ojos, sin ayudarse del menor movimiento,
el cuerpo de Leonor Walting aguanta la presencia de
dos soberbios actores (Cámara y Grandinetti)
sin que el espectador la pierda a ella de vista. Comparte
el plano con ambos y en ocasiones se lo roba y lo transporta
a un lugar misterioso, que ni yo mismo conozco.
Watling es Alicia habitando la parte más oscura
del otro lado del espejo. Cuando al final mira a Marco
en el teatro, sus ojos muestran en silencio el largo
y oscuro camino que ha debido recorrer hasta poder abrirlos.
Leonor Watling rebosa la pantalla de sueños y
de deseos. El verbo se hace carne en ella y yo siempre
le estaré agradecido por su generosidad.
(A propósito de la preparación,
hubo un momento en que Rosario, Leonor y Javier Cámara
se pasaban el día entero dando clases de algo.
Además de la práctica diaria de yoga Yyengar,
Rosario tenía todos los días entrenamiento
y clases de tauromaquia con el maestro Macareno y Leonor
se machacaba en clases de baile con la Maestra Irena.
A su vez Javier (junto a la estupenda Mariola Fuentes)
se entrenaba en los múltiples detalles que suponen
cuidar de un paciente en coma. Tanto Mariola como Javier
lo hacían todo "de verdad". Desde el
guión yo hice hincapié en que los actores
debían mostrar pericia como enfermeros, sólo
así se podía entender la dependencia total
de un cuerpo en estado vegetativo. Además de
enfermería, Javier aprendió a bordar,
y a hacer la manicura y a cortar el pelo. Todo ello
mientras se sometía a una estricta dieta para
adelgazar. Y lo hacía todo con una alegría
y una ilusión contagiosos).
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