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NERVIOS Y LÁGRIMAS
Como decía Raphael, "los hombres lloran también",
pero yo creo que las mujeres lloran mejor. Esta es la razón
de "Mujeres al borde de un ataque de nervios" y no "Hombres
al borde de un ataque de nervios".
Antes del 68, si una chica abandonaba a un chico, el muchacho estaba
obligado a convertirse en un héroe, a través de una
aventura personal o haciendo algo por la Humanidad, descubriendo
una vacuna o algo así.
Después del 68, con el aterrizaje en las pantallas del antihéroe
con barba de semanas y traumatizado por alguna guerra o un matrimonio
desgraciado, si además le dejaba su novia, el chico se comportaba
de un modo terriblemente realista y no intentaba hacer nada por
la Humanidad, al contrario: abandonaba su trabajo y el cuarto de
baño y empezaba a empinar el codo más de la cuenta.
Y empujado por la espontaneidad del alcohol, dedicaba toda su energía
a darle la barrila a su familia, a sus compañeros de trabajo
y finalmente -repudiado por todo el mundo- a los camareros, únicos
seres condenados tradicionalmente por los guiones a escuchar impunemente
hasta que al chico le dieran un Oscar por lo bien que le sentaban
las ojeras y la barba.
No voy a negar que los chicos sufrimos, y que la soledad nos pesa
tanto como a una feminista, pero ¿a quién le interesa
hoy día hacer una película sobre el tema? A mí,
desde luego, no. Las chicas, esas sí que saben comportarse
cuando su novio las planta. No conocen el pudor, ni el sentido del
ridículo, ni esa cosa horrenda que antes se llamaba amor
propio. Sus reacciones están llenas de registros.
La mujer sabe que necesita del amor para seguir respirando y está
dispuesta a defenderlo como sea. Porque en esa eterna guerra todas
las armas están permitidas.
Si a una chica le deja su amante por otra, no tiene reparos en lanzarse
a la calle, averiguar quién es la Otra, tirarla por un precipicio
si su rival demuestra ser tan tonta como para acompañarla
hasta el borde del mismo. Si no consigue lanzarla por el precipicio,
intenta hacerse amiga suya para que la rival tenga terribles sentimientos
de culpa y le cuente anécdotas íntimas de su común
amante. A veces, el mejor antídoto para desenamorarse (además
de las terapias de grupo, las sectas religiosas, el macramé
y la artesanía en general) consiste en descubrir detalles
de tu antiguo novio y darte cuenta de que le habías idealizado,
que en el fondo es un pobre hombre, débil y mentirosos, una
persona con la que desde luego no merece la pena compartir una brizna
de futuro.
TESIS
El último ha sido un año rico en catástrofes.
El mundo necesita una buena sobredosis de optimismo, por esa razón
he intentado hacer una película donde todo sea muy bonito
y muy grato, aunque no parezca real.
Quiero dar la impresión de que la sociedad por fin se ha
humanizado. La gente viste bien, vive en bonitas casas con preciosas
vistas. Los servicios públicos son eficaces y las farmacéuticas
no piden recetas. Todo es hermoso, artificial y estilizado. Reina
el buen gusto y nadie necesita evadirse porque la vida es cómoda
y digna de ser vivida.
El único problema es que los chicos siguen abandonando a
las chicas, y esto acaba provocando conflictos. Pero toda historia
necesita un elemento de tensión, en caso contrario no existiría
narración.
LA VOZ
En principio fue el Verbo, es decir, la Palabra Pronunciada: La
Voz de Dios. Pero a mí me impresiona más "La
Voz Humana"
Cuando empecé a escribir el guión de "Mujeres
al borde de un ataque de nervios", pretendía hacer una
versión muy libre del monólogo de Cocteau. En la obra,
el amante ausente no tienen voz, incluso cuando llama por teléfono
y ella le responde, a él no se le oye. La Voz Humana es la
de ella, relatando un largo catálogo de dolores cotidianos,
en cuya contemplación se ahoga como en un pozo sin fondo.
Porque eso es la ausencia: un espejo negro y cristalino que solo
refleja la angustia del que mira.
Al contrario que Cocteau, no sólo le he dado voz al ausente,
sino que lo he convertido en un profesional de la voz.
Cuando terminé de escribir el guión, lo único
que permaneció de Cocteau (además del atrezzo: una
mujer sola, el teléfono y una maleta) es lo que él
no escribió: las palabras del amante ausente. Y sus mentiras.
Pepa tiene muchas cosas que decirle a su ex-amante, y le busca a
través de los 3.000 metros de película para decírselas,
pero no le encuentra. Para desahogarse, se lo cuenta a los policías
que vienen a detener a su amiga Candela. Acostumbrados a escuchar
a confidentes, los policías no habían oído
nunca confidencias tan emocionantes y sinceras como las de Pepa,
aunque no guardaran ninguna relación con el motivo de su
investigación.
El cuerpo de Iván es su voz, y como tal está tratada,
como algo físico. He intentado fotografiarla, no solo oírla,
moviéndose por el salón de Pepa, como el olor de un
guiso transportado por la brisa, o a través de las cintas
que Iván ha grabado.
La voz de Iván huye de otras voces porque es débil
e incapaz de responder. Iván prefiera hablarle a las máquinas
porque nunca le llevarán la contraria y repetirán
fielmente todo lo que él diga. Una máquina no tiene
carne ni huesos, no responde a las mentiras ni sufre por ellas.
Como persona Iván es mediocre, pero el dolor que provoca
en las mujeres a las que seduce le proporciona magnitud.
TACONES Y FALDA TUBO
Pepa abusa del tacón y de la falda tubo. La verdad es que
la favorecen, pero la obligan a ciertos andares que a Susan Sontag
(según declaró a la revista "Elle", después
de asistir al rodaje) no le parecen propios de una mujer contemporánea
y autónoma. Entiendo y estoy de acuerdo con Sontag cuando
se opone a la polarización de los sexos, pero esto no va
con Pepa. Una mujer debe ser libre incluso a la hora de elegir sus
modelos. Respeto tanto a la imitadora de muñecas Barbie como
a la que se viste en plan Charlot, por ejemplo, su compatriota Annie
Hall.
Pero reconozco que en la imagen de Pepa hay un exceso de tacón
y falda tubo, más que nada porque el personaje se pasa toda
la película corriendo como una posesa de un lado para otro,
intentado batir records de velocidad y vestida así resulta
un poco difícil.
Se lo comenté a Carmen Maura.
-¿Con tanta acción, no te resultarán incómodos
esos tacones y la falda estrecha?
Carmen me respondió:
-Claro que será incomodo, pero yo pondré cara de lo
contrario. Para un personaje como el de Pepa los tacones son la
mejor forma de sobrellevar su angustia. Si Pepa descuida su aspecto,
su ánimo se vendrá irremediablemente abajo. El ejercicio
de la coquetería supone una disciplina y representa su principal
fuerza. Significa que los problemas todavía no han podido
con ella.
TELÉFONOS
En el currículo de todo creador, debe haber algunos traumas.
Naturalmente, yo también los tengo. Uno de ellos: haber trabajado
en un sótano de la Compañía Telefónica
durante diez años.
"Mujeres..." es un feroz alegato contra el teléfono
y el contestador automático. No es cierto que a través
del teléfono los seres humanos se comuniquen unos con otros.
El teléfono solo sirve para demostrar al prójimo el
escaso interés que nos provoca. Y el contestador se inventó
como ayuda al mentiroso. En esta película me he permitido
liberar mi subconsciente y la protagonista arroja dos veces el teléfono
por la ventana y una vez el contestador.
Aconsejo a todo aquel que espera inútilmente junto al teléfono
una llamada, que tire el aparato por la ventana. Es mejor que ahorcarse
con el cable. En ese aspecto, "Mujeres..." es una película
optimista y positiva.
Debo estar un poco débil, porque en la actualidad la esperanza
es mi mensaje favorito.
ALTA COMEDIA
En la Alta Comedia se huye de los decorados naturalistas. Los espacios
son grandes y artificiales, aunque las inquilinas no tengan un duro.
Hay cantidad de llamadas telefónicas y el timbre de la puerta
no para de sonar. Se habla muy deprisa, como si los actores no pensaran
lo que dicen. También se camina más aprisa de lo normal
y no hay tiempo para que los personajes reflexionen sobre sus actos.
En ocasiones, la Alta Comedia incluye elementos propios del cine
de terror y de aventuras. Por ejemplo, ocurren montones de cosas
y la vida de los protagonistas suele pender de un hilo, pero en
lugar de selvas, indios, cataratas, endemoniadas, muertos vivientes
o tesoros escondidos, la acción se desarrolla en el seno
de una familia burguesa (cocina, salón, alcoba, etc.) o en
las barras de los bares y las cafeterías, museos y subastas
artísticas. La tensión no la provoca nunca la sangre,
y los personajes aunque se odien casi nunca matan, pero se comportan
como si fueran a hacerlo.
Las ambiciones más profundas del ser humano se tratan en
la Alta Comedia de un modo abstracto, casi sintético. La
máxima y más común ambición es la de
ser feliz o infeliz con la persona a la que amas. Semejante ambición,
dramáticamente hablando, resulta tan extraordinaria y tan
compleja como salvar al mundo de una tercera guerra mundial.
Creo que "Mujeres..." se ajusta bastante a esta definición.
Se la puede calificar de alta comedia, muy sentimental.
SENTIMENTAL
Cualquier disparate resulta verosímil si se desarrolla sobre
la superficie de los sentimientos. La emoción sentimental
supone siempre el mejor vehículo para contar cualquier historia.
Y el humor, claro. Se me olvidaba. Para que una comedia de cualquier
tipo lo sea, debe respirar humor, no importa de qué color.
LA SOLEDAD, LOS HOMBRES Y LAS MOTOS
Lo peor no es la soledad, a veces el exceso de compañía
(aunque sea musical) puede ser terrible, como decía Julie
Andrews en "The Sound of Music": "Un capitán
y siete hijos son motivo suficiente para echarse a temblar".
Lo peor es la impotencia ante la confusión que provoca el
hecho de que te abandonen.
El problema de los hombres y las mujeres es que, perteneciendo a
la misma especie y pareciéndose incluso físicamente
(también los chacales se parecen a los perros y no son perros),
no se entienden entre ellos. Así es y así seguirá
siendo.
Al final de la película una joven rockera le dice a Pepa
que prefiere las motos a los hombres. Pepa le contesta: "Es
más fácil aprender mecánica que psicología
masculina. A una moto puedes llegar a conocerla a fondo. A un hombre
jamás".
Cualquier disparate resulta verosímil si se desarrolla sobre
la superficie de los sentimientos. La emoción sentimental
supone siempre el mejor vehículo para contar cualquier historia.
Y el humor, claro. Se me olvidaba. Para que una comedia de cualquier
tipo lo sea, debe respirar humor, no importa de qué color.
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