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HABLA ALMODÓVAR

Nunca había cambiado de título tantas veces. Al final, ha ocurrido como con "Mujeres..." y "Qué he hecho yo...?!": he vuelto al primero, es decir, al provisional, "Kika". Cuando comencé a escribir el guión, entre viaje y viaje de promoción, Kika-personaje era la dueña y señora de la historia.
Como siempre yo la escribía por mera diversión, para desintoxicarme. También, como siempre, al principio era una traslación de mis necesidades. El mundo que me rodeaba y mi propio mundo, amenazaban con asfixiarme, necesitaba una buena dosis de optimismo. Quería recuperar para mi vida y para mi cine, el aliento fresco de la comedia. Así nació Kika-título y Kika-personaje. Una chica ingenua, como la mejor Marylin, que no conoce la conciencia del riesgo (como la Candela-Barranco de "Mujeres...") positiva y sin prejuicios, siempre dispuesta (como Patty Diphusa), sensible y contemporánea (como la Holly Golightly de "Desayuno con diamantes", mi eterna referencia femenina). Un personaje de un optimismo casi surreal, ideal para una comedia.

Pero con los meses aparecieron en el camino de Kika sus circunstancias, otros personajes, cada uno con un género a cuestas. La antagonista, Andrea Caracortada, el padrastro de su pareja, Nicholas Pierce, y su pareja, Ramón. Todos ellos, mucho más oscuros, se me habían colado de rondón. Como escritor, yo había impuesto el optimismo a prueba de bomba de Kika, pero la propia escritura había convocado a los otros tres. No es la primera vez que la historia me domina. Así debe ser, la escritura es la que manda.

En la mitad de la historia, Kika es violada por un ex-actor porno. Pero comparada con lo que provoca a su alrededor, la violación no es lo peor que le ha podido ocurrir. Decidí entonces que la película debía llamarse "Una violación inoportuna", título sutil e irónico, tipo Noel Coward, que se entendería una vez vista la película. Pero existe en el mundo gente muy susceptible, que no necesita ver una película para hacer campaña contra ella.

Yo detestaba la idea de que se me confundiera y que alguien pensara que para mí existe algún tipo de violación oportuna. La duda me desazonaba y a mi hermano le inquietaba aún más. Lo mejor para evitar equívocos era desechar el título. Siempre me he negado a que el "qué dirán" ejerza la menor influencia en mi trabajo, pero la posibilidad de ser malentendido era real, y el título no me compensaba.
En medio de estos dos primeros, hubo otro que duró poco tiempo. "Los ojos del tamil". Durante el desarrollo del primer borrador, Kika había tenido en el pasado una historia amorosa con un guerrero tamil (los de Sri Lanka), en Canarias. El tamil muere violentamente en un atentado. Años después, en Madrid, Kika descubre que la espía un voyeur. Cuando le conoce, se enamora de él y le encuentra algo familiar: sus ojos. Resulta que al voyeur le habían hecho un trasplante y le habían puesto los ojos del tamil (Por entonces, había leído en un periódico que los órganos de algunos terroristas muertos violentamente se
utilizaban para hacer transplantes). El guerrillero tamil seguía amándola y protegiéndola después de muerto. En el segundo borrador esta historia desapareció, sólo quedó un voyeur, pero la espiaba por razones distintas. El título había perdido significado. A pesar de ello estuve tentado de dejarlo, me había gustado mucho "Reservoir dogs", una película cuyo título no significaba nada. Pero yo sabía que nunca haría una cosa así.
Mientras tanto, uno de los cuatro personajes centrales, el interpretado por Peter Coyote, un escritor americano, errante y seductor, que había venido a España para hacer unos reportajes sobre caza, empieza a fagocitar parte de la historia. Sobre la naturaleza de matar escribe "matar es como cortarse las uñas de los pies. Al principio te da pereza, pero cuando empiezas a cortártelas descubres que es más fácil de lo que imaginas. Después piensas que no necesitarás volver a hacerlo, pero antes de lo que te esperas, las uñas han vuelto a crecer". Esta hermosa metáfora, perteneciente a un libro de Andreu Martín, me dio la idea del cuarto título: "Las uñas del asesino".

La verdad es que la película podría llamarse "Laberinto de pasiones", "Qué he hecho yo para merecer esto?!" o "Mujeres al borde de un ataque de nervios". Los tres le van como anillo al dedo, pero esos títulos ya existen, yo mismo los he usado.

"Lo peor del día" es el título de un "reality show" que conduce uno de los personajes, Andrea Caracortada, el papel que interpreta Victoria Abril, otro de los cuatro ejes de mi carreta. Es una nueva periodista, antigua psicóloga, fascinada por psicópatas y que duerme arrullada por los datos de Ecotel. Su ilusión sería convertirse ella misma en psicópata, pero debe conformarse con mostrar al mundo lo peor de la realidad cotidiana y, de paso, conseguir el mayor número de audiencia posible.

La historia que narro ocurre en dos intensas jornadas, vertiginosas y disparatadas, que empiezan como un vodevil y terminan de un modo perverso. Lo malo del título es que proporcionaría gratuitamente los comentarios más zafios a mis enemigos de siempre. Lo peor de Almodóvar, la peor película del año, etc. Mi hermano me convenció de lo poco procedente de tan tosca subliminalidad. Lo quitamos.
Después se me ocurrió "Un horrible día de verano". Suena bien en cualquier idioma y me gusta ese componente antiturístico. Es ligero, a pesar de la palabra "horrible", y se ajusta al tono de la historia. Y a la vez, es suficientemente general y abstracto. A este le siguió "La buena, la fea y la mala". La Buena era Verónica Forqué, la Fea, Rossy de Palma, que también dispone de papelón (es la criada, con pinta de siciliana bigotuda, hermana secreta del que viola a su señora) y la Mala es, naturalmente, Victoria Abril. Divertido, pero poco serio. O sea, descartado. Después vino "Raboterapia". Lo deseché por las mismas razones que el anterior.
Mientras preparaba el rodaje, ensayaba con los actores y profundizaba en sus características, descubrí la obra desmesurada de Dis Berlin, cientos de collages geniales, dominados todos ellos por el cuerpo desnudo de La Mujer, tratado siempre de un modo irracional, admirativo, tenso, irónico, con grandes dosis de perversión y de un exhibicionismo hermético, si esto fuera posible. Todas estas cualidades describen al personaje de Ramón (Álex Casanovas) la pareja de Kika que además es fotógrafo, especializado en lencería femenina. Como en "Peeping Tom", el protagonista siente el impulso de fotografiar la cara de la muerte, Ramón busca en los rostros de sus modelos la cara del placer. La obra de Dis Berlin (a partir de hoy expuesta en el decorado de Kika) completa el personaje de Ramón y lo enriquece. Crea para él un universo y explica el personaje. Además, por si fuera poco, me proporcionaba el título y soporte teórico para mi natural eclecticismo.
Desde que decidí que Ramón sería un artista del collage, gracias a la generosidad y la inspiración de Dis Berlin, el título no podía ser otro. COLLAGE. Porque eso es "Kika", una mezcla de distintos personajes, pertenecientes cada uno a distintos géneros.

Soy un ecléctico nato. La mezcla y la impureza son algo natural en mi carácter. Nunca he luchado contra esa tendencia, pero reconozco que en Kika-película, la convivencia de distintos géneros es más explícita y consciente que nunca. Esta característica mía siempre me ha creado dificultades con los críticos españoles, siendo a la vez la cualidad más destacada por los foráneos. Como mi anterior película, esta la producimos con Ciby 2000, una productora francesa. Nos enviaron un fax diciendo que "Collage", además de sonar banal en francés, ya existía. Un corto y una película se llamaban igual (Voy a terminar porque de lo contrario no voy a tener tiempo de empezar el primer plano de la película). Total, después de un pequeño referéndum, la película volvió a llamarse "Kika", y espero que para siempre. En todos los idiomas se llamará lo mismo, es un título abstracto y a la vez simpático. No significa nada, es corto y sonoro. Y me lleva de nuevo al origen, es decir, al optimismo inicial, a la ingenuidad y la buena disposición para vivir, aunque haya que hacerlo en un infierno.

Kika-película es (será) un intento de comedia, de perfiles muy contrastados, que se envenena al final. Guarda con "Mujeres..." el paralelismo del humor, la historia femenina y lo urbano. Pero si en "Mujeres..." la "tesis" consistía en mostrar una ciudad idílica donde todo era vivible (las farmacéuticas no pedían recetas, los taxistas eran verdaderos ángeles de la guarda y la amistad un refugio seguro), y cuyo único motivo de tensión lo provocaba el hecho de que los hombres abandonaban a las mujeres, en "Kika", la ciudad es un infierno agresor, los hombres no abandonan a las mujeres pero las mienten, se callan, las espían y si llega el caso las matan.

Y ya no digo más, porque si me dejo llevar cuando la película se estrene no habrá ninguna sorpresa. Y para que se estrene, antes tengo que empezar a rodar.
Les dejo.

MOTOR! Acción.
Pedro Almodóvar
(Una hora antes de empezar el rodaje de su décima película)
CUADRADOS Y CÍRCULOS

En "What's up, Doc?" (¿Qué me pasa, Doctor?), de Peter Bodganovich, la trama se mueve alrededor de cuatro personajes que casualmente poseen una misma maleta de cuadros y por si fuera poco coinciden en el mismo hotel. Una base tan gratuita no impide que la película sea una delicia. Tampoco significa que en Estados Unidos no exista otro tipo de maleta, yo he estado allí y puedo asegurar que en ese inmenso país uno puede adquirir en las tiendas especializadas todas las marcas existentes en el mercado de artículos de viaje.
Entonces, ¿por qué esta coincidencia? ¿Qué razón tenían los guionistas para basar en esa casualidad todo el argumento?
En las películas, como en la vida, hay preguntas que uno no debe formularse, y que desde luego no merecen una respuesta. Estas dos preguntas pertenecen a esa categoría.

Pero, ¿por qué empiezo hablando de "¿Qué me pasa, Doctor?" ¿Qué relación guarda con "Kika"?

Ambos films son comedias ("Kika", menos clasificable como tal, si acaso sería una "comedia llena de impurezas", en lo que a género se refiere). Las dos están rodadas en color. La americana está rodada en San Francisco y en la española hay un personaje que se llama Doña Paquita. En ambos films aparecen sendas actrices dotadas de gran vis cómica y prominente nariz (Bárbara Streissand y Rossy de Palma).

Pero todavía hay algo más, las maletas que aparecen en la comedia de Bodgnanovich son de cuadros, una especie de cuadros escoceses, es decir, una trama de cuadros de distintos colores y tamaños que al coincidir crean otros cuadros de una tonalidad nueva. En "Kika", esta figura geométrica, el cuadrado, aparece insistentemente en los suelos, paredes, estampados de camisas, tapizado de muebles, sábanas, servilletas, etc.
¿Por qué esta insistencia, qué valor narrativo, estético o lingüístico poseen los cuadrados? Este es otro ejemplo de pregunta para la que no tengo una respuesta seria.

He comenzado esta reflexión caprichosa aludiendo a "¿Qué me pasa, Doctor?" justamente porque no guarda ninguna relación especial con "Kika". Lo habitual a la hora de comentar un film es hablar de sus referencias, empezando por las que el autor reconoce como tales. Por mi parte, debo confesar que a la hora de rodar no he tomado ninguna referencia. Si dijera que me he inspirado en "Ciudadano Kane" o en "Centauros del desierto", mentiría. Tengo también la impresión de que "Kika" no pertenece a ningún género en concreto, quiero decir que no he respetado las reglas de ninguno.

Lo más objetivo que puedo decir es que se trata de mi película número 10. Una calificación que al menos cuando yo estudiaba se aplicaba a los trabajos sobresalientes. Nadie negará ese 10, aunque sea sólo en plan cronológico.
Pero sigamos con la geometría. En el decorado de "Kika", además de cuadros también hay círculos. Reconozco mi instintiva inclinación por la geometría y la simetría. Las figuras guardan una estrecha relación con el azar (y el azar es con frecuencia el motor de la vida y de las películas) y a la vez son muy precisas. No sé si el ser humano está creado para vivir en pareja, pero sí sé que la decoración exige generalmente de la convivencia de objetos emparejados. Sé (y cuando digo "sé" quiero decir "siento la necesidad") que a ambos lados de una puerta necesito poner dos muebles idénticos, y dos apliques también. Que sobre una chimenea, tengo que poner dos jarrones iguales, que las mesitas auxiliares, además de idénticas entre sí, también deben servir de apoyo a lámparas iguales. Probablemente se trate de una cuestión neurótica, pero la simetría serena de mi espíritu y la asimetría lo desequilibra del todo. Sólo algunas piezas poseen fuerza suficiente como para mantenerse solas en el espacio. Una gran mesa central, por ejemplo, no exige a su lado de otra gran mesa central. Pero existen pocas cosas tan individualistas como una gran mesa central, o de comedor. Tal vez la chimenea, o un arcón al fondo de un pasillo, pero pocas cosas más. Los círculos de los que hablaba antes, sin embargo, representan los elementos más asequibles, menos crípticos, de la película. Quiero decir, aquellos para los que poseo una explicación más inmediata. Lo mismo ocurre con los objetos de cristal en casa de Kika, gran parte transportado directamente de Murano o adquirido en exquisitas tiendas de Roma y Milán y firmado por Gio Ponti o Venini.

Los círculos significan naturalmente los ojos, o los objetivos a través de los que se mira (ya sean unos prismáticos, una cámara de fotos de vídeo). Y representan a dos de los protagonistas: Ramón, que es fotógrafo y Andrea Caracortada, que sólo vive para grabar catástrofes con una cámara instalada en su casco de moto. El traje es obra maestra de J. P. Gaultier, que supo entender muy bien mi idea de crear una especie de mujer-cámara. Además también hay un voyeur, es decir, una persona que mira sin ser vista. A todos ellos representa el círculo. Además, por razones técnicas, las ventanas circulares integradas en las paredes me ayudaban a moverme por la casa de Kika. Teniendo en cuenta que la mitad de la acción transcurre allí, siempre es bueno que las paredes no impidan contemplar lo que ocurre al otro lado. Este es el tipo de detalles que un director de fotografía siempre te agradece; la imagen se enriquece si los espacios se interrelacionan y se comunican entre sí, aunque la pareja que conviva dentro sea un modelo de incomunicación.
Además de la fragilidad (metáfora que alude a Ramón, especialmente) y su relación con el ojo, los objetivos fotográficos, las ventanas, etc., hay otro gran argumento que justifica por sí solo la presencia abundante de objetos de cristal. Es tan simple como que YO YA poseía antes del rodaje todos los objetos. Inconscientemente, a lo largo de mis múltiples viajes he ido comprando objetos de cristal porque me gustaban. Un día me di cuenta de que poseía cientos de ellos, entre lámparas, apliques, pisapapeles, jarrones, ceniceros, vasos, etc. Entonces llegué a la conclusión de que me había convertido en un coleccionista de objetos de cristal, sin darme cuenta. El descubrimiento me desconcertó porque yo no me siento coleccionista de nada. Y soy todo, menos fetichista. Pensé que el único sentido de poseer tantas cosas de cristal era sacarlas en una película. Porque yo a mis películas se lo doy todo, mi tiempo, mi salud, mi ropa, mis muebles, mis cuadros. Mi vida es sólo un pretexto para poder hacer películas
COMUNICACIÓN

1. ALGUNOS PERSONAJES DE KIKA se dedican profesionalmente a la comunicación. Andrea es directora de un programa de televisión y Nicholas Pierce es escritor. Pero si por comunicación entendemos la información que las personas intercambian para poder caminar juntas por la vida, ese tipo de comunicación brilla por su ausencia.
Una época como la actual, tan llena de mensajes, de información directa, de testimonios ilustrados (podría decirse que ya no hay paredes, ni fronteras, ni siquiera la noche supone una dificultad, existen objetivos que saben ver y grabar a través de la oscuridad) una época, como digo, donde conocemos las desgracias de nuestro prójimo hasta los detalles más íntimos, nunca como ahora las personas han estado más solas y menos atendidas. Nunca en el mundo desarrollado ha existido mayor insolidaridad para con el resto del mundo.
2. LAS PALABRAS DE KIKA. Kika no puede ser más extrovertida, lo suyo es puro verbo, una cotorra. Pero no le sirve de mucho. Cuando habla nadie la entiende, o no la escuchan, o no le responden, o le mienten. También es una mujer muy dinámica, pero da la impresión de que no va a ninguna parte. Como ella misma confiesa al final "necesita un poquito de orientación".
La falta de respuesta, la ocultación hipócrita, la incomunicación que marcará la trayectoria de Kika ya se nos revela en el primer encuentro con el que será su pareja, Ramón. Kika ha sido llamada para que le maquille antes de llevarle al tanatorio. Según su padrastro, Ramón ha muerto (después se descubrirá que sólo ha sido un ataque de catalepsia). Una vez que la maquilladora se queda sola con el supuesto cadáver no tarda en arroparle con un torrente de palabras, empieza compadeciéndose por él, diciéndole que tal vez si se hubieran conocido en otras circunstancias se hubieran enamorado el uno del otro.
Después de esto, animada por el silencio aquiescente del cadáver, Kika continúa confiándole otros aspectos de su vida, como si estuviera ante un amigo íntimo y este gozara de excelente salud (en todo momento Kika cree que le está hablando a un muerto, ella no puede prever que el contacto con el liquido maquillaje hará reaccionar su piel y el muerto resucitará).
Años después, este primer encuentro no hará sino repetirse una vez que ambos viven juntos, y enamorados. Ella no parará de hablar con él y Ramón la escuchará en silencio, amordazado por secretas obsesiones.

3. RAMÓN LE TEME a las palabras, ya sean habladas o escritas. La historia de Ramón es una historia amasada con silencios y miradas en la oscuridad. La primera mujer a la que miró fue a su madre, después a Kika, que representa una segunda madre para él (no en vano también le dio la vida) con la que además puede hacer el amor, como probablemente hubiera deseado hacer con su madre.
Además de una casa de campo de pesimista nombre (Casa Youkali, Youkali es un tango compuesto por Kurt Weill en el que habla de un país de ensueño, el país de la felicidad, del placer, de los amores compartidos, etc para terminar diciendo que "todo es un sueño, una locura, porque Youkali no existe") la madre le dejó como herencia una nota en la que le explica su desidia para con él "...el dolor te vuelve egoísta, porque te absorbe por entero...", y la desesperación que la empujara al suicidio, "el amor me ha rebajado tanto que por mucho que lo intento ya no hay más fondo en el que abismarme. Y estoy cansada de patalear. Sólo puedo cavar, buscar mi fondo más profundo. Mi tumba". Ramón guarda esta nota junto a varios objetos que pertenecieran a la madre, incluidos sus diarios. Lo esconde todo en un mueble lleno de cajones. Una especie de altar. Pero no se atreve a leer los diarios. No tiene valor. Teme encontrar algo peor que las circunstancias que empujaron a su madre al suicidio. Palabras escritas, encerradas con llave en la parte superior del mueble, como si fuera un sagrario.

Ramón vive obsesionado por un interrogante. Cuando encontró a su madre muerta, ella aún tenía los ojos abiertos y brillantes. en la humedad de las últimas lágrimas resplandecía una pregunta a la que Ramón nunca tendría acceso porque no iba dirigida a él, sino a Nicholas, la última persona que vio a la madre. Esta última pregunta congelará las palabras de Ramón antes de que salgan de su boca.
Curiosamente, la respuesta a esta última pregunta la encontrará en el televisor, durante la emisión de "The Prowler" (El Merodeador). La película de Joseph Losey le desvelará a Ramón el secreto que se esconde tras el suicidio materno.
Siempre me ha gustado la idea de que el cine, además de entretenimiento, supone para el espectador una especie de revelación acerca de si mismo. En "Matador" hay un momento en que la abogada protagonista huye del torero que la persigue y se mete casualmente en un cine. El torero le seguirá hasta el interior de la sala oscura. La presencia de ambos coincide con el final de la película que se está proyectando, "Duelo al sol": el recíproco asesinato de Jennifer Jones y Gregory Peck. Sin embargo, la abogada y el torero, contemplan en la pantalla del cine su propio final.

4. CUANDO SE MUESTRA el decorado de "Lo peor del día" siempre está desierto. Andrea deambula por él, sola y dominante. El espacio respira cierta atmósfera de terror gótico. Aunque se supone que es un programa en directo, las gradas rojas destinadas al público, siempre están vacías. Para subrayar la ausencia de público, Andrea acompaña las imágenes de los asientos relucientes con el sonido de aplausos previamente grabados.

Andrea desgrana sus trágicos monólogos frente a una audiencia invisible, un público al que ella no ha tenido la gentileza de invitar. ¿Significa esto que Andrea desprecia a su público? Puede ser, pero no más que otros presentadores que lo utilizan como parte del mobiliario, obligándole a reír o aplaudir cuando el realizador lo exige. Andrea es un fantasma que sólo se comunica directamente con los índices de audiencia.

He construido deliberadamente a Andrea como un personaje deshumanizado, metáfora terrible del medio al que representa. De hecho, su deseo de vengarse de Ramón es lo único que la humaniza.
Andrea es una demente, una mujer que llevada por su fascinación por los psicópatas y por la competencia salvaje de los programas de sucesos, se ha pasado de rosca. Una vez dado el salto, de psicóloga a conductora de un reality show, su compulsiva necesidad de mostrar en exclusiva las imágenes más atroces no tiene límites. Es capaz de matar o de morir con tal de conseguir esas imágenes.

5. LOS PERSONAJES DE KIKA o no dicen la verdad cuando hablan, o lo hacen cuando el interlocutor está muerto o dormido (Paul también le habla a su hermana desmayada o a Kika dormida) o no hablan, o hablan demasiado.
Son, casualmente, las palabras escritas las más reveladoras. Es el diario de la Madre lo que a Ramón le da clave de su final y de sus sentimientos hacia él. Son las novelas de Nicholas las que desvelan a pesar de su enmascaramiento, su terrible pasado a Andrea, cuando esta se dedica durante toda una noche a descifrarlas. Es la última nota de Ramón a Kika, cuando todo ha terminado, la primera vez que él se expresa con el corazón, aunque ya sea tarde. Es el manuscrito de Nicholas el mejor y último regalo que puede hacerle a Kika cuando esta le encuentra moribundo, junto al cadáver de Andrea. Kika, consternada, le pregunta por Ramón, Nicholas le responde que está en su cuarto, y le pide que le abrace. Kika le mira como diciéndole "No creo que sea el momento más oportuno". Pero Nicholas le explica: "Si tengo que morir prefiero hacerlo en brazos de una mujer.
Es la primera vez que las palabras de Nicholas son sinceras. Y también la última.