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Por
supuesto, me solidarizo con la presidenta Marisa Paredes,
en absoluto responsable de un delito que no se cometió.
La presidenta y el resto de los premiados y presentadores
se hicieron eco de una realidad que está en la
calle, e hicieron uso de un derecho esencial: la libertad
de expresión.
Acepto, sin embargo, la cabeza del señor
Campoy, presidente de la FAPAE. Cuando anteayer se anticipó
a intentar calmar al Gobierno ofreciendo la rubia cabeza
de Marisa no lo estaba haciendo en nombre de los productores,
de cuya asociación es presidente, sino a título
personal. En esa petición (la cabeza de Marisa)
sólo se representaba a sí mismo y a su propio
miedo.
Como espectáculo televisivo, la
gala del sábado puede ser evaluada de distintos
modos, pero lo que es incontestable es la crítica
a la política del Gobierno en lo referente a la
guerra contra Irak. Los cómicos queremos la paz
y se utilizó el medio más idóneo,
la primera cadena de televisión, es decir, la televisión
de todos.
En vez de poner el grito en el cielo,
el Gobierno debería prestarle oído a sus
ciudadanos, que, cada vez en mayor cantidad y de modo
inequívoco, se manifiestan en contra de su apoyo
a Bush en este maldito asunto.
La rubia cabeza de Marisa debe permanecer
donde está, presidiendo una Academia que más
que nunca, en lo social y en lo político, ha expresado
la preocupación de la mayoría de los españoles.
Pedro
Almodóvar
Articulo
aparecido en El País el 5 de febrero del 2003.
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