| BUENOS
DÍAS TRISTEZA. MI MUNDO CAYÓ.
Por Pedro Almodóvar
Hemos vuelto a Almagro para terminar la película,
por una vez hemos rodado casi cronológicamente, por
lo que nuestros sentimientos y nuestra trayectoria coincide
con la de los personajes. “Volver” empieza y
termina en Almagro, y aquí estamos nosotros, de vuelta
en este súbito otoño.
Rodamos de noche, el pueblo entero es nuestro. Adoro la
austeridad de estas calles, el suelo empedrado, las ventanas
de hierro negro, sin macetas, limpias de cualquier tipo
de adorno. El zócalo oscuro. La luz intensa del día.
Mis paseos con Penélope por las afueras y el campo.
Nos levantamos a la hora de comer. Desayunamos y después
damos un paseo por las afueras. La visión del campo
es un acontecimiento que a nosotros nos basta. Un día
nos encontramos un rebaño de ovejas. O un niño
en su bici. En la ausencia de detalles, cualquier anécdota
se convierte a nuestros ojos en un mundo. Un hombre saca
a su perro, le libera de la correa y el perro da brincos
por un rato persiguiéndose a sí mismo, saltando
sin sentido.
Cuando volvemos caminando por la acera al hotel, escuchamos
el rumor de los bolillos al pasar junto a las ventanas.
El movimiento de las pequeñas piezas de madera que
componen el mazo del bolillo crea una música delicadísima,
que funde las horas y los días de las mujeres del
lugar.
El encaje de bolillos sigue siendo la principal ocupación
de las mujeres de Almagro, actualmente es el único
lugar de la Mancha donde siguen haciéndolo a mano.
Esta noche rodamos la escena final. Me he levantado rodeado
de un silencio denso, muy especial. Como si mientras me
duchaba y vestía estuviera interpretando mi propia
historia. En esta última secuencia intervienen los
personajes de la Abuela (Carmen), la Hija (Penélope)
y la Vecina (Blanca-Revelación Portillo). En la escena
sólo se escucha el viento. Los personajes murmuran
y no hacen ruido al caminar por la calle o por el amplio
pasillo de la casa de Agustina, la vecina.
He planificado la secuencia en mi habitación con
un silencio apenas roto por la voz de María Bethanía
(Bom día, tristeza) y Maysa Matarazzo (Meu mundo
caióu). La escena final es una escena de bienvenida,
despedida y condena. No puedo desvelar los detalles, pero
de nuevo me siento como el personaje de Kathleen Turner,
llorando tontamente sobre lo que escribo. Las tres mujeres
se necesitan, se acompañan, se ayudan, pero la soledad
de cada una de ellas es profunda como las raíces
de un árbol antiquísimo. Y yo siento esta
triple soledad sobre mis hombros como un peso liviano y
a la vez insostenible.
Fin.
©Pedro Almodóvar
Este texto
no puede ser reproducido ni total ni parcialmente sin autorización
expresa del autor.
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