| CRISIS
Y MENTIRAS
Por Pedro Almodóvar
Hay un momento, en todos los procesos
que incluyen la manufactura de un film, en que me desmorono
y pienso que la película se me ha ido de las manos
de un modo irrecuperable. Me ocurre cuando escribo, durante
el rodaje (en el montaje tengo más de un momento
de crisis), y por supuesto cuando la película está
lista y aún no la ha visto nadie, en ese momento
me cago las patas abajo.
Hace falta tener una relación muy estrecha con lo
que ruedas para que las crisis sean pasajeras. Yo ya las
conozco, las he vivido en cada una de mis quince películas
anteriores. Siempre. Como ocurre con las pasiones (y para
mí hacer cine es simplemente una pasión) las
crisis se evaporan cuando uno ama irracionalmente lo que
hace. (No tiene que ver con que las películas después
sean buenas o malas, con que las crisis estén o no
justificadas, en muchas ocasiones las crisis están
provocadas por problemas muy concretos. Me refiero a las
crisis que aparecen sin motivo aparente y que a pesar da
ello te hunden en un mar de confusión).
Ahora vivo uno de esos momentos, siento (y a veces tengo
la convicción) de que todo lo que hago es un error,
incluido este “caro” diario. Por experiencia
sé que sólo puedo huir hacia delante y vigilar
estrechamente cada movimiento, cada encuadre, cada frase,
cada pausa, cada lágrima y cada chiste. No debería
hablar de esto. La soledad del director es sagrada, y el
primero en respetarla debería ser el propio director
y no compartirla como yo estoy haciendo ahora.
Tómenlo como una contradicción más.
Es el problema de pensar/escribir en voz alta. Este diario
es un monólogo a voces.
Hace doce días que escribí lo que antecede.
Ya no soy la misma persona. Me siento mucho más optimista.
Creo que ya lo he dicho antes, pero el rodaje es un hogar
cerrado, del que no sales hasta que se termine.
Mi existencia en “Volver” es muy precaria en
anécdotas que no tengan que ver con el rodaje. Leo
por las noches, pero no consigo enterarme de nada, no veo
la tele. Oigo música, eso sí, en los largos
viajes hasta el lugar de rodaje. No veo a gente (no salgo).
Alguna vez viene alguien a visitarnos. Hay por lo tanto
poco que reseñar, por eso las pocas cosas que me
dejan huella, y consiguen atraparme, adquieren una dimensión
enorme, sin duda exagerada.
Mencionaré alguna de ellas.
La música. Para mí encontrar un álbum
que me conmocione, (o un libro) es tan fuerte e importante
como encontrar un buen amigo. Este año he descubierto
a Antony and the Johnsons, Cat Power, Nouvelle Vague, Feist,
Rufus Wainright, Julien Jacob, CocoRosie, M. Ward y redescubierto
mis clásicos brasileños (Elis Regina, Maysa
Matarazzo, Tom Zé, la familia Gilberto y la familia
Veloso, etc. Jobim y Mina siempre). Los recomiendo a todos
ellos. No puedo soñar mejor compañía
que la que esta música me ha deparado en los viajes
de ida y vuelta a los estudios donde rodamos. Con los libros
y las películas no he tenido la misma suerte. Voy
al cine fielmente todos los sábados, pero no he visto
nada interesante. Mi último descubrimiento sigue
siendo Kim. Ki-Duk (Hierro 3, Primavera, verano...) y eso
fue el año pasado. De este año sólo
recuerdo “Old boy” de Pan Cham Wook y “Nadie
sabe” de Hirokazo Koreeda, un título con sabor
a Cesare Pavese (“Laborare stanca”) de una historia
que cada día que pasa crece en la memoria de Juan
José Millás, según me confesó
él mismo, un día que vino a visitarnos al
rodaje.
Millás ha sido el único autor cuya lectura
ha conseguido atraparme en el exilio veraniego en el que
aún vivo. Sus “pies” de foto en El País,
durante agosto, y en general sus columnas, han sido tema
de conversación entre los miembros del equipo. Un
crítico y afilado espejo de la realidad española.
Inspiradísimo. (Conservo en mi mesa la página
del día 22 de Agosto. En la foto que da pie al texto
aparecen tres obispos españoles en una manifestación
contra la legalización del matrimonio homosexual
y en defensa de la familia tradicional. Los tres visten
de negro y llevan gafas, de estilo entre policial y gansteril.
El sol de junio les da en pleno rostro, el cual adquiere
en los tres una expresión extraordinariamente siniestra.
Juanjo Millás empezaba así la ilustración
literaria de esta foto: “Si Dios hubiera querido que
sus representantes en la Tierra fueran estos señores
de negro, no habría puesto tanto colorido en la naturaleza.”
¿Se puede empezar mejor un texto sobre la politización
de la iglesia católica española, a favor de
la derecha más bruta?)
Con Juanjo Millás tengo una deuda que voy a saldar
ahora mismo. En uno de los capítulos de este diario,
el dedicado a Almagro, yo evocaba una conversación
mantenida en la calle con un desconocido acerca de “Pedro
Páramo” y su relación con “Volver”
o viceversa. En esa conversación yo destacaba con
ingenio la convivencia de muertos y vivos tanto en “Pedro
Páramo” como en Volver. La verdad es que estaba
mintiendo. Yo no era el autor de mis palabras, sino Juanjo
Millás. Es cierto que me encontré por la calle
a un chico que me preguntó si “Volver”
estaba inspirada en Pedro Páramo. Curiosamente, aquel
mismo día recibí un email de Juanjo, que acababa
de leer mi guión, y me explicaba lo que le había
parecido. Entre otros elogios, Juanjo mostraba el paralelismo
con la obra maestra de Juan Rulfo, siendo aquella furiosamente
mejicana y la mía furiosamente manchega. Yo le robé
a Juanjo alguna de sus palabras y las suscribí en
una conversación que no llegó a suceder pero
que estuvo a punto.
Miento muy poco cuando hablo de mis películas. Durante
la promoción y el estreno, naturalmente, oculto,
o escamoteo información sobre el equipo, los actores,
y mi propia valoración de la película. El
promedio de ocultación varía del 15 (en "Hable
con ella", por ejemplo) al 30 por ciento en “La
mala educación”. En lo que llevo de rodaje/diario,
hasta ahora no he mentido más que un cinco por ciento.
Al final prometo decir el porcentaje exacto.
Juanjo nos visitó un día muy especial, era
el día que rodábamos lo que podría
calificarse como el bautismo de la película. El momento
en el que Penélope canta en un restaurante al aire
libre el famoso tango “Volver”, por bulerías.
La voz que le venía como anillo al dedo había
pertenecido en el momento de grabar el tema a Estrella Morente.
Digo “había” porque en el momento de
rodar el playback Penélope se apoderó de ella
con tanta precisión y pasión que nos dejó
a todos llorando de admiración. Juro que estoy diciendo
cien por cien la verdad, Penélope Cruz está
convirtiendo la película en un festival personal.
Verla actuar cada día es un auténtico espectáculo
para los ojos de la cara y los del alma. Nos quedan todavía
cuatro semanas de rodaje, no sé quién ha vampirizado
a quién, si el personaje a ella o ella al personaje,
pero Penélope es Raimunda (el personaje de la película)
tanto como Raimunda es Penélope. Y para mí,
ser testigo de esta fusión, me depara un placer que
no sabría cómo explicar.
©Pedro Almodóvar
Este texto
no puede ser reproducido ni total ni parcialmente sin autorización
expresa del autor.
|