PUERTAS Y AUTOMÓVILES. ESCENAS DE A DOS. Por Pedro Almodóvar

Esta es una semana menos intensa, rodamos muchas de esas secuencias de compromiso con la verosimilitud con que los actores salen y entran de las casas, detienen los coches, los aparcan, etc. En una película todo es importante, pero a mí me pesan estas secuencias necesarias para ubicar la acción y establecer su geografía. En La Mancha también había puertas, pero allí la gente las deja abiertas, por lo que no interrumpían la acción sino que la hacían fluir.

Estos planos de entradas y salidas de coches o viviendas son planos exigidos por la ortografía cinematográfica, aunque en más de un thriller el guionista y el director han pasado olímpicamente de ponerles a los personajes la menor dificultad para materializarse en los espacios de los demás. Echad un vistazo a “Instinto básico” y entenderéis a lo que me refiero. Los personajes aparecen dentro de las casas de los otros como si traspasaran las paredes. Y eso no puede ser.

Me gustan todos los géneros cinematográficos y siempre digo que me gustaría tocarlos todos (sin comprometerme con las reglas de ninguno) pero hay algún género que ya sé que no abordaré. Una superproducción bélica, por ejemplo, con batallas y escenas de masas.

No hay nada que me aburra más (como director) que una superproducción en general, donde haya mucha gente delante, alrededor y detrás de la cámara. Tampoco me interesan, como director: un remake de una película japonesa de terror. Un biopic, ni siquiera el de “Liberace” (que ya me lo han propuesto). Una historia de coches y motos. No conduzco, no distingo un coche de otro y no sé cómo hacer actuar a un vehículo, sólo sé que quedan muy bien como elemento decorativo en los thrillers (los coches son necesarios para que los personajes puedan huir, y para cruzar tiroteos con el coche de al lado) y que también van muy bien con la estética de los jóvenes rebeldes. Pero puestos a elegir fetiches entre los elementos del atrezzo yo prefiero la máquina de escribir. Sin salirnos de Nicholas Ray prefiero a un guionista violento (Bogart en “In a lonely place”) que a los jovencitos que adoran los coches tanto como a sus genitales (“Rebelde sin causa”).

No haré secuelas, precuelas ni remakes. Tampoco haré un musical donde no haya diálogos hablados (adoro el musical, pero me gusta que los personajes hablen de vez en cuando); ni una película épica en la que el presidente de mi nación salve al mundo personalmente, ni una película de colegas (buddy movie), ni la adaptación de una novela de Tolkien.

No tengo nada en contra de los “géneros” que no deseo hacer, sólo digo que no pienso abordarlos, simplemente. (Por ejemplo, no haré películas bélicas, pero admiro “Apocalypse Now” y me encantaría que Coppola rodara la secuela, con la guerra de Irak, claro).

En general me gusta trabajar en guiones con pocos personajes, y me siento atraído especialmente por las escenas de dos, o tres personajes, aún a riesgo de resultar un poco teatral (pienso en modelos como Woody Allen, Bergman, Cassavetes). Se puede contar la historia del universo con escenas de a dos. Esto no es una máxima. Supongo que una de las ventajas de un diario es el derecho a la subjetividad. Me gustan las escenas donde los personajes se enfrentan. Mi cine está lleno de ellas. Tal vez sea esa la razón por la que los alumnos de las escuelas de teatro madrileñas (según me han dicho) escojan con frecuencia escenas de mis películas como ejercicio para sus clases.

Hay una magia especial en las escenas de pareja. En el formato que estoy rodando (anamórfico, o sea, en scope) es el único que te permite tener a dos personajes juntos y en primer plano. Si existe un hombre inspirado a la hora de iluminar los planos de dos rostros ese es el director de fotografía José Luis Alcaine. Ya hemos rodado varias escenas de éstas y, como esperaba, Alcaine ha sacado de su varita mágica las tinieblas y las luces que conectan a los personajes.

Antes de comenzar cualquier película el director de fotografía me pide referencias, que sólo suponen un camino a seguir para encontrar tu propio camino. Normalmente yo les hablo de la fotografía de otras películas (suelo citar mucho a Jack Cardiff, pensando especialmente en las películas que hizo con Michael Powell) o de pintores (acudo mucho a Edward Hopper y Zurbarán, además del pop) o le muestro imágenes que encuentro en revistas o libros. Cuando Alcaine me pidió referencias para crear la textura y la atmósfera de “Volver” no se me ocurrió ninguna. Es una comedia pop (a la que no le van los colores pasteles), una falsa película costumbrista que entraña un drama con elementos surrealistas, no es una película de terror, pero alguno de los personajes habita las tinieblas de las casas, las oscuras habitaciones del fondo, es una historia intimista pero con tanta acción que parece un “Indiana Jones” doméstico. No le dije nada a Alcaine, no se me ocurría con qué otra película compararla, pero él como buen artesano ha sabido adentrarse en la historia de “Volver” y desvelar sus imágenes con la intensidad y emoción de quien desvela un explosivo y emocionante secreto.

©Pedro Almodóvar
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